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Mi semana con Marilyn



Después a haber visto “Hugo” de Scorsese (una película que -a la espera de cómo me madure- aún no sé si me gustó mucho o si me pareció más bien un “quiero y no puedo” de lujo), me zampé con mucho gusto “Mi semana con Marilyn”. Una película que sí me llegó adentro de buenas a primeras, y que disipó cualquier duda que pudiera tener sobre si Michelle Williams es o no una buena actriz.
Hay que decir que la película es menos pretenciosa de lo que algunos quizá quisieran, y ese factor puede que juegue en su contra (es decir, otra vez los prejuicios positivos). La clave estaba en si Williams iba a saber dar el salto mortal de interpretar al que es quizá el mito más importante de la historia del cine; reto que en mi opinión supera con creces (rellenos de cadera incluidos). Williams brilla y enamora como no podía ser de otro modo (cualquier otra cosa se hubiera cargado la peli).
Por otro lado, sí es cierto que el director Simon Curtis, o más bien el guión de Adrian Hoges (o quizá más bien el libro de Colin Clark en que se basa la película), incide mucho más en aquellas facetas de Marlilyn que irritaban a sus compañeros de trabajo, que en la vertiente que hacía que pareciera un ser otra galaxia que había venido a salvarnos de la rutina y la mediocridad. Hay que tener en cuenta, aun así, que la historia se centra en aquellos días que el protagonista -o hilo conductor- pasa con ella, pero, como sea, quizá mucha gente se lleve una imagen de Marilyn que no es representativa de todo lo que era, sino más bien una parte ínfima -y la más negativa- de todo lo que nos dio.
No se puede olvidar una mención a Keneth Branagh, interpretando a Laurence Olivier. Branagh está en un momento de su carrera en que se come los papeles con patatas, y la cámara cada vez que anda cerca de él.
“Mi semana con Marilyn” me parece sobre todo una película de interpretaciones soberbias, que funciona al nivel que pretende funcionar, y cuyo peor rasgo, quizá, es que no acaba de mostrar del todo (de hecho está muy lejos de ello) qué era lo que hizo grande a Marilyn, lo que hizo que aún la cultura popular esté muy lejos de haberla arrinconado como mito (porque lo que es olvidarla, no creo que se la olvide nunca).
En general, eso sí, es una película que llega, que merece la pena ver, pero que en cuanto al personaje alrededor del cual gira todo, quizá sea mejor que el espectador curioso añada a la experiencia un par de películas de “la de verdad”, y quizá incluso alguna buena biografía y algún que otro documental que se centren más en su aportación al cine que en su complicada personalidad.

(Trailer)

(Un poco de la de verdad)

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