Cinemascope

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Narrar desde la ausencia



Toda historia nos la tiene que contar alguien. En Carta a tres esposas (Joseph L. Mankiewicz, 1949) la historia la cuenta Addie Ross, la mujer que se ha fugado con el marido de una de las protagonistas pero ¿con cuál de ellos? Addie es un ejemplo bastante raro de narrador desde la ausencia, una voz sin cuerpo que nunca se muestra pero que parece saberlo todo ¿Cómo no hacerlo cuando es ella de quien hablan todos los personajes? Pero la narración en esta peli está construida igualmente por el recuerdo de las tres mujeres a quienes la duda les hace: primero reconstruir su relación familiar y luego establecer la posibilidad y constatar que muy bien pudieran ser ellas las traicionadas. El juego de flashbacks a tres bandas caracteriza una enunciación directa expresada de forma brillante en ese plano subjetivo tomado desde el barco que se aleja y una cabina de teléfonos a la que ninguna de ellas ha podido correr a averiguar si ha sido su marido el huido. Ese plano de la cabina es la transición de la omnipresente narradora en off, Addie, a la focalización múltiple del resto de protagonistas, y también una muestra de que el lugar desde el que se sitúa la cámara contiene una función narrativa, en este caso es un plano general subjetivo como subjetivos serán los flashback que nos digan quién y es quién y sobre todo quién es Addie y por qué es posible que se haya marchado con cualquiera de los tres esposos.

Las voces narrativas se relevan una detrás de otra distinguiendo entre Addie, que se eleva en principal narradora que lo ve todo y habla desde la ausencia, y los personajes de Rita, Lora Mae y Deborah. En su relato múltiple vemos el carácter y las emociones de cada una de ellas y lo que es más raro aunque Addie se presente a nosotros y apela directamente a nuestra atención sabiendo que la escuchamos, nosotros sólo la apreciamos en relación a lo que sus amigas piensan de ella. El relato ejemplifica también el uso de la voz en off de forma ajustada, que sirve para introducir escenas, avanzar en el argumento, definir el contexto, cambiar el tiempo del relato… todo eso sin estorbar a la historia, sin competir con la imagen. Las voces no interrumpen acompañan y puntualizan.
La rareza narrativa de Carta a tres esposas también estriba en que la narración omnipresente en el cine suele estar sostenida casi siempre por voces masculinas. Habrá que esperar hasta Mujeres desesperadas y a la mucho más ausente Mary Alice (que deja este mundo en el primer plano de la primera escena de la primera temporada) para encontrar otra narradora en la ausencia comparable a esta.


Por otro lado, poco importa la infidelidad y mucho el american way of life perfecto con el que el cine americano nos lleva colonizando más de un siglo.

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