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J. Edgar




J. Edgar, 2011, EE.UU.
Género: Drama, biografía.
Duración: 137 min.
Dirección: Clint Eastwood.
Guión: Dustin Lance Black.
Actores: Leonardo DiCaprio, Naomi Watts, Judi Dench, Armie Hammer.
Música: Clint Eastwood.

Valoración:
Lo mejor: Fotografía, ambientación e interpretaciones.
Lo peor: Un guión que no sabe dar vida a la trama. Es aburridísima, insoportable por momentos.

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No esperaba nada de J. Edgar porque las últimas de Clint Eastwood me parecen mediocres (las de la guerra, vaya chapuzas, la de Invictus ni la recuerdo de lo sosa que fue) o demasiado frías y por ello aburridas (El intercambio), y efectivamente no me resultado un visionado entretenido ni le encuentro calidad suficiente como para citarla como una buena película.

En el aspecto visual es de buen nivel, pues Eastwood, aunque no siempre sea un buen narrador, como director tiene técnica y experiencia de sobra. La dirección compone escenas que por sí solas tienen buen cine, calidad evidente en cada plano. La fotografía es buena, aunque demasiado oscura por el uso de filtros para darle un toque antiguo, y la ambientación está muy cuidada desde el vestuario a los efectos digitales, pues aunque estos se noten un poco se usan con sabiduría únicamente cuando son estrictamente necesarios. El maquillaje es espectacular: en caracterización tradicional (en digital tenemos Benjamin Button)- me ha parecido lo mejor jamás visto en envejecimiento de personajes (y no entiendo por qué algunos dicen todo lo contrario, que es horrible). Y sobre todo destaca la inmensa interpretación de Leonardo DiCaprio, con una gran labor física en las escenas en que le toca interpretar a un anciano: cada movimiento y gesto transmiten esa edad de forma magistral. Es ridículo que el actor no esté nominado a los Oscar y otros lo estén por papeles nada llamativos, como Brad Pitt por Moneyball.

Pero de nada sirve que visualmente sea muy profesional y las imágenes en un primer vistazo convenzan (es decir, parezcan ofrecer una buena película) si la base, el guión, es un desastre enorme y el director no sabe mejorarlo, hacerlo más interesante. La narración carece de rumbo, es incapaz de centrarse, de agarrar un hilo conductor y desarrollarlo. La historia de Hoover, el FBI y su relación con el Estados Unidos de la época se intenta tejer a través de idas y venidas en el tiempo y mostrando la evolución del protagonista (tanto la psicológica como la laboral) a saltos a través de distintos episodios de su vida (casos importantes, eventos determinados, momentos cruciales en temas personales), pero cada capítulo queda demasiado desligado del resto, algunos no se sabe qué aportan al conjunto y en más ocasiones de las debida únicamente añaden innecesarios detalles triviales (los cereales, la firma…). En toda la proyección pesa la sensación de que no se está contando nada concreto, y sin un rumbo claro la trama no puede interesar, con lo que resulta una película notablemente aburrida.

Lo que salva al libreto y por extensión a la cinta de caer en un sonado suspenso es la correcta composición de los dos personajes centrales y su relación. Los intereses de Edgar Hoover (de corte fascista hasta dar asco) y sus artimañas para sacarlos adelante se exponen bastante bien, y la dependencia de su madre, su secretaria y sobre todo de su fiel compañero se muestra correctamente como algo esencial en la forja de su personalidad. Con este compañero desarrolla algo más que amistad, una relación de apoyo mutuo que indudablemente, al menos según esta cinta, hubiera debido madurar en una relación amorosa si la situación social y la educación ultra conservadora de J, Edgar no se hubieran interpuesto. Esa difícil y emotiva situación es lo único que transmite algo en un relato sin forma clara y de desarrollo desesperantemente desequilibrado y lento.

No sé si su nula presencia en la temporada de premios se debe a la inclusión de temática homosexual en una producción en apariencia del gusto de los conservadores miembros del gremio de cine hollywoodiense, pero sorprende bastante dado el hecho de que llevar a cuestas el nombre de Eastwood garantiza buenas críticas aunque no las merezca.

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