Cinemascope

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Los doce del patíbulo



Título original: The dirty dozen

Director: Robert Aldrich

Protagonistas: Lee Marvin, Charles Bronson, Telly Savallas, John Cassavettes, Donald Sutherland.

Año: 1967.

Estudio: MGM.

Yo me vi esta película en 1986, casi 20 años después de estrenada. Junto con Donde las águilas se atreven y El Padrino eran las tres películas de la generación de mis padres que más curiosidad me producían. Clásico, lo que se dice clásico, sólo El Padrino, pero las otras dos resultaron inmensamente divertidas. Y a Los Doce, me di cuenta con el tiempo, les debía varias de las mejores horas del cine más descaradamente basura y con el único fin de divertir al espectador.

Esta película tiene un argumento visto muchas veces desde entonces, pero que yo sepa, fue la primera: un oficial, experto en guerra de guerrillas, rebelde, respondón y lleno de desprecio por la cadena de mando, recibe el encargo de entrenar a 12 soldados condenados a muerte por asesinato o violación para una misión suicida. A los presos, si vuelven, se les ofrece indulto. Al oficial, por su parte, le están programando un bonito funeral militar para deshacerse de él. La idea, en este caso, es interrumpir la cadena de mando alemana en la II Guerra Mundial unos días antes de la invasión de Normandía volando un castillo donde la oficialidad alemana retoza con sus amantes, cerca de Rennes.

Para ese momento, las películas de guerra eran heróicas, los americanos eran muy buenos y los alemanes y japoneses eran muy malos. Pero Los doce vino a decir que la guerra de noble nada, que los soldados más arrojados pueden ser sicópatas porque la guerra es para sicópatas, que las naciones pueden tener a veces ideales nobles cuando marchan a la guerra pero  tienen que hacer compromisos con elementos indeseables. Y sobre todo, que es más fácil ser héroe por no tener nada que perder y mucho que ganar que por tener ética de boy scout.

Esa guerra canalla generalmente no ha llegado al cine de la II Guerra, que vive entre las brumas mitológicas de unos abuelitos que rara vez se quieren desacralizar… pero en 1967 ahí estaba Vietnam. El prototipo de su personaje iría madurando a lo largo de los 70 y eclosionaría en Chuck Norris, Stallone, Schwarzzenegger, Seagal y todo el resto en los 1980. Acepto que una dieta intensa de esas películas puede enducerle a uno las arterias cerebrales, pero también reconozco que me divirtieron mucho y tuve novias que se vieron forzadas a suspirar por tener que hacer fila para verlas.

Cuando a Tom Hanks le pregunta Meg Ryan en Sleepless en Seattle cuál es la máxima película “de muchachos”, Hanks piensa unos momentos antes de responder The dirty dozen. Y es que esta inventó, solita, el concepto de la película supercargada de testosterona, con escenas de acción coreografiadas, donde el combate y la parte física son más importantes que una trama superficial y unos personajes tan frenéticos que nadie analiza si quedaron bien construidos. No sé si existirían o no, pero Duro de Matar, Rambo, Commando o Acción Ejecutiva serían otra cosa si su rama hubiera desgajado de otro abuelo.

Excepto un personaje, tan inmenso que se toma la película. Los Doce tuvo la decencia matemática de decirnos “son doce soldados, un castillo”, no un solo tipo contra todo el ejército alemán llegando a Berlín antes que todos. Pero el mayor Raines de Lee Marvin es tan grande en la cinta que no se necesitaba mucho para que un productor preguntara”Para qué los otros 12?”. Con su pelo prematuramente blanco y su voz ronca, su facilidad con sus puños y su desprecio por sus jefes, Marvin, a diferencia de Superman, es un héroe que algún día puede llegar a ser ese espectador de presencia anodina sumergido en una oficina abusiva. Como dato curioso, Marvin fue marine luego de hacerse echar de muchos colegios de lujo y estando en la campaña del Pacífico lo hirieron en una nalga (en serio: le rompieron el nervio ciático y le dejaron una ligera cojera y un Corazón Púrpura). Allá conocería a John Miara, el modelo del mayor Reisman. Y como otro dato curioso, este descendiente directo de Thomas Jefferson y George Washington, que se llama así por su “primo” Robert E. Lee, ejemplo de valores conservadores en sus películas, era un liberal que odiaba la guerra, odiaba el imperialismo y rechazaba papeles que le parecían ofensivamente derechistas.

Mi mamá, cuando veía cosas absurdas en una película me decía “Trucos! Será que arrasaron en serio la ciudad pues!”. En el caso de esta película, casi: una de las escenografías más grandes jamás construidas, el castillo que asaltan fue específicamente construido para la película y dinamitarlo. Si la explosión se ve tan realista es porque lo és, aunque Aldrich le pidió a su director de arte que fuera tan amable de construir un lado con corcho y balso, porque la maldita cosa estaba quedando demasiado sólida y los ingenieros de demoliciones calcularon que tomaría ochenta toneladas de explosivos derribarlo.

Finalmente, tres personajes del resto del casting: Charles Bronson ya tenía una hoja de vida, pero sus películas más famosas estaban por venir; Telly Savallas sería famoso como antagonista de James Bond y sobre todo como Kojak, un detective de los 70 a quien los fabricantes de chupetines le deben mínimo un busto de bronce y finalmente Donald Sutherland, que alcanzaría la fama con la escena donde finge ser un general pasándole revista a las tropas de un pretencioso coronel y por eso acabaría llegando al estrellato en MASH pero hoy en día lo más importante es que es el papá de Kiefer, el Jack Bauer de 24, con lo que se cierra un ciclo porque difícil imaginarse a un soldado más adecuado para esta docena…

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