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Crítica: Looper



La batalla entre un hombre y su propia versión futura se relata con ingenio y furia en una de las películas más osadas del año.

Joseph Gordon-Levitt y Bruce Willis intepretean al mismo personaje en ‘Looper’ (2012).

Los viajes en el tiempo suelen ser un enredo. Pero no para Rian Johnson. El director estadounidense quiso contar en Looper la historia del encuentro —ríspido y violento— entre un hombre y su propio yo futuro sin dejar que las paradojas virales del time travel arruinen una historia intensa y ambiciosa.

Estamos en Kansas. Año 2044. Los viajes en el tiempo no se han inventado todavía, pero se inventarán después y serán la herramienta predilecta de la mafia para saldar cuentas. En lugar de matar a alguien lo mandan al pasado, donde un sicario lo espera para asesinarlo y desaparecer el cuerpo. Joe (Joseph Gordon-Levitt) es uno de esos sicarios, que se hacen llamar “loopers” porque tarde o temprano tendrán que matar a su propio yo futuro, y cerrar el círculo, el loop.

Matar gente es cosa de todos los días para Joe, pero cuando se ve a sí mismo llegar del futuro, viejo y sin pelos que peinar, titubea, sus dedos se enredan en el gatillo y el viejo sicario (Bruce Willis) lo noquea y escapa.

Los tráilers han promovido vagamente la idea de que Looper trata sobre la cacería de un hombre a su yo del futuro, pero en realidad es mucho más que eso. Johnson, también guionista de la cinta, añadió varios personajes y tramas paralelas que le dan a la película una asombrosa complejidad y que delatan al director como un gran narrador de historias y un hooligan de la ciencia ficción.
Entrevista con Rian Johnson y Joseph Gordon-Levitt

El viejo Joe se escapa, pero no solo para seguir con vida sino para matar al responsable de sus males antes de que crezca y cambiar el futuro que le tocó vivir. Si esto te parece un guiño a Terminator, prepárate: Looper tiene varios a otras películas, aun cuando el conjunto es sumamente original.

De hecho, Johnson parece obsesionado con cargar a cada personaje, por pequeño que sea, de una historia personal, algún detalle que explique mejor por qué está donde está. Abe, el personaje de Jeff Daniels, por ejemplo, un hombre que llegó del futuro para administrar el trabajo de los sicarios, no es solo realmente siniestro sino que en dos o tres diálogos pinta el lugar —o sea, el tiempo— de donde viene. Cuando Joe le cuenta que su plan para el retiro es irse a Francia, Abe replica: “Hey, yo vengo del futuro, vete a China”. Excelente la actuación de Daniels, por cierto.

Gordon-Levitt y Willis interpretan el mismo papel pero sus personajes no podrían ser más antagónicos. Ninguno siente la menor curiosidad ni compasión por el otro, un detalle que Johnson maneja con brillante crueldad y precisión. Lo único que vagamente tienen en común es la cara: Gordon-Levitt lleva encima una suerte de “máscara de Bruce Willis” para que ambos se parezcan (un detalle que podría distraer tu atención al principio).

Looper quiere ser una película sobre el choque entre dos personas que son, en esencia, la misma, pero que ven el mundo desde esquinas opuestas e irreconciliables. Quiere ser, porque no lo logra del todo, pero sus puntos débiles —cierta sobrepoblación de secundarios o cabos sueltos en la misión del viejo Joe— están a la altura de las exigencias de un director osado, que sabe que un montón de balas, sin carga dramática, es muy difícil que den en el blanco.

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