Cinemascope

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Bombones de factoría nacional



El drama, ese género cinematográfico que cuenta con tantos adeptos. Muy pocos hay a los que nunca en su vida les haya gustado una película vinculada a este género. Pero, ¿qué es el drama? Me sorprende cómo muchos clasifican a las películas de dramas, comedia, trágicas y el más inquietante de todos, tragicomedia. Nunca llegué a entender este termino, he visto muchos largometrajes clasificados como tal y realmente no he llegado a entender la diferencia que hay con un drama. Para mí, si una película es trágica en su final, no importa lo que nos haya hecho reír porque, finalmente, nos ha dejado ese sabor amargo, esa lagrimilla asomando por el ojo, ese nudo en la garganta o el estómago vuelto del revés.

Ahora que se acaba el año, echo la vista atrás y analizo las películas más taquilleras. Me alegra que el cine español haya tenido un “buen” año. Lo imposible ha ayudado desmesuradamente a los buenos datos, pero no olvidemos que sus protagonistas no son factoria nacional. Grupo 7, una película de la que se apostaba muy poco y terminó sorprendiendo muy gratamente. Blancanieves, que puedo decir, Maribel Verdú siempre está estupenda en todo lo que hace y Pablo Berger da una lección de cine con decorados que convierten a la película en una obra  maestra. No obstante, merece más que una simple mención, más que un simple comentario, El mundo es nuestro, y digo esto porque un film de nuestro tiempo, con un éxito tan sorprendente, teniendo en cuenta su limitada financiación es muy digno de admirar.

El mundo es nuestro no es una obra maestra, no tiene lírica y le falta algo de profesionalidad pero puede presumir de sobremanera de aquello que muchas otras carecen, el buen humor negro. No todo el mundo sale vivo de hacer una película de humor, no todos logran desatar al público en carcajadas (aún siendo este su objetivo), pero Alfonso Sánchez sale más que airoso de esta película, seguramente, más de lo que imaginaba. Financiada mediante “crowfunding” (ayuda colectiva), no contó con un gran presupuesto y eso está latente en la hora y pico que dura, no obstante, al espectador no le importa esto, le interesa la historia, empatiza con los protagonistas, es la vida misma con un lenguaje casi incompresible por la rudeza. Digna de admiración y merecedora de un largo aplauso cuando la pantalla se funde en negro.

Así que, si bien podría ser catalogada de tragicomedia esta El mundo es nuestro, yo jamás lo haría, ‘tragi… ¿que?’ COMEDIA, con mayúsculas; y de la española. 

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