Cinemascope

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Lencería verde



Irma la Dulce (Irma la Douce-1963)

Pocas películas hay que lleven al extremo de una risa limpia un tema tan poco decoroso como la prostitución. En ésta Billy Wilder retrata otra vez su cine con un guión memorable y su peculiar dosis de cinismo.

Será la genial pareja que ya hizo El apartamento tres años antes, Shirley MacLaine y Jack Lemmon, la que repita en esta producción de 1963. Encarnarán a una prostituta del lugar, famosa por su ropa interior verde y su cachorrito blanco en los brazos, y a un humilde y bondadoso policía de barrio. Como decía geniales los dos en sus presentaciones y mejores aún en su actuación haciendo cambiar al personaje escena tras escena. El espectador irá disfrutando de esos diálogos medidos al milímetro por el maestro Wilder acompañado de su escudero y compañero en mil batallas el guionista I.A.L. Diamond. Un guión que se grabaría en estudio a pesar de sus ambientaciones por calles parisinas.
 
Como suele ser habitual en Wilder habrá un personaje que desarrolle una doble identidad, y curiosamente de la forma más honesta, en este caso por amor a su chica. Ya utilizó este detalle que tanto le gusta a Wilder en Con faldas y a lo loco, en Cinco tumbas al Cairo, o en La mayor y la menor, y que convertirá en el sello de su filmografía, ese “hacerse ver como quien no es” que aparece de una u otra forma en sus protagonistas. Este personaje será Nestor Patou, quien se disfrazará  del multimillonario Lord X. Un par de personalidades que bordará el gran Jack Lemmon con unos gestos de desesperación y cansancio que hacen reírse al espectador plano tras plano. Como decía será este humilde policía el que sea echado del cuerpo por ir contra la ilegalidad de la prostitución sin saber que están untados hasta los de la propia comisaria. Rocambolesco hasta el final, nuestro protagonista se convertirá en el “chico”, quien lleva las cuentas, de su “chica”, Irma. Es entonces cuando sale a la luz el gran guión que nos tienen reservado.
 
Escenas divertidas, muy divertidas y cada vez más extravagantes como las historias sin contar del camarero que terminará la película de la forma que sólo este director sabe, con un final redondo, pero ésa es otra historia.

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