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La América de La Matanza de Texas

dic-28-2012 By cinefilo

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Existe una inquietante frontera en los Estados Unidos que cruza de Norte a Sur, de Este a Oeste, de lo salvaje a lo civilizado, que convive entre blancos e indios y perfora la mentalidad de una nación que vive en la continua contradicción de ser conservadora y revolucionaria al mismo tiempo.

América siempre con la frontera sobre su espalda, profundamente  herida entre dos lados opuestos, desde la Guerra de Secesión a Kennedy, siempre bordeando el espacio imaginario de ser dos en uno. De Edward Hopper a John Ford pasando por David Lynch o Herman Melville, la cultura americana se encuentra bifurcada entre el bien y el mal, el liberalismo y el  proteccionismo, el sueño y la pesadilla, la razón y la irracionalidad.

América se busca en sí misma, pero se ve múltiple, orgánica, distorsionada. ¿Cómo no sentirse indefenso si no se tiene una identidad?. América  es blanca, pero también negra, chicana, asiática… Por esa  pérdida de identidad única, el espacio americano posee una cantidad de miedos propios o ajenos heredados en una nación joven casi sin pasado, sin Historia, aunque deseosa de tenerla.

El bosque, como espacio  deliberado para la  recreación del miedo, me sirve como pretexto para hablar de otra frontera imaginaria que divide lo civilizado y lo salvaje (lo natural), y que en la película dirigida por Tobe Hooper, La Matanza de Texas (The Texas Chainsaw Massacre, 1974), se muestra de manera evidente. Lo civilizado interpretado como lo occidental, lo urbano, como lo fueron los primeros colonos  que inundaron las tierras de América y que se antepone a lo salvaje, propiamente personificado en los indios (que en un principio fueron confundidos con la reencarnación del Demonio). Conceptos, civilizado y salvaje, que se extienden en otros dos parámetros radicalmente distintos como lo son los granjeros, emparentado con lo civilizado, y los  cazadores que se adentran en el mundo de lo salvaje.

Así lo civilizado se confunde con el granjero, lo estático, lo  familiar, lo delimitado, y lo salvaje se complementa con lo indígena, el cazador, lo nómada. Ambos son dos términos que en su misma contradicción explican la tensión violenta de la sociedad americana. Una violencia esquiva y cuyo concepto no se identifica claramente.

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Por ello, el héroe y el antihéroe son reversibles, cara y cruz de una idéntica moneda, que navegan por las ambiguas aguas de lo prohibido según desde que punto de vista lo veamos. Tenemos varios ejemplos en la cultura norteamericana, desde el rebelde e incluso antisocial personaje de la novela El Guardián entre el Centeno (The Catcher in the Rye), Holden Caulfield, escrita por J.D. Salinger en 1951, hasta Will Kane (Gary Cooper), el Sheriff más comprometido con el cumplimiento del deber de todo el Oeste, en la película Sólo ante el Peligro (High Noon, 1952) dirigida por  Fred Zinnemann.

El crimen más salvaje de la historia de América es el subtítulo que lleva La Matanza de Texas, una película que subraya la neurosis permanente  de una sociedad que vive atrapada entre el pasado y el presente.  Por un lado, cinco jóvenes de ciudad que viajan por Texas en una apacible tarde calurosa de verano en busca  de una casa abandonada de un tío suyo, que representaría el presente.

Por  otro, los vecinos de la casa abandonada, formarían el pasado decadente de una familia de granjeros que no se han sabido adaptar a las modernas formas industriales del mercado cárnico, y que su única forma de sobrevivir ha sido a través de la práctica del canibalismo. Y este choque de tiempos ha permitido a los jóvenes  iniciar un viaje sin retorno al lado más oscuro de lo humano, un descenso al infierno del horror y de la muerte.

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Resucitar a Marilyn

ago-4-2012 By cinefilo

Texto: El gallo cojo /

Se cumplen cincuenta años de la muerte de una imagen, un recuerdo, un símbolo. Podría ser la encarnación de todos los deseos, la profundidad de una  idea de mujer expresada sobre la  superficie de una pantalla, capaz de asimilar todos los mitos, todas las leyendas de ese cruel y maravilloso siglo XX.

Era el rostro acuñado de América, un invento para los perdedores, un signo arcaico y remoto donde cualquier hombre podía encontrar consuelo. Encandiló a la América popular y sedujo a la otra América, la intelectual. Cada hombre que ocupó su vida era un ensayo, una idea que desembocaba en un fracaso. De aquel ensayo sentimental nos queda una mujer que aprendía de la vida todo lo que era necesario: un poco de cariño, un poco de sexo,  y con suerte, era probable que encontrara algún día el amor. Parece ser que no fue así. En cualquier caso, logró que el planeta la amara. Pero ya sabemos que ese amor nunca es suficiente.

Me resisto a leer los Fragmentos escritos por Marilyn Monroe publicados hace un año por Seix-Barral. O quizá sucumba a la tentación y me regocije una vez más, confirmando de una vez por todas algo que no me interesó nunca: que la rubia platino era adicta a la poesía. La prensa  no ha tardado mucho en publicar algunos extractos de sus diarios y algunos versos de escasa calidad que sólo un hombre despiadado se atrevería a juzgar con motivo de ese extraño aniversario. Sin embargo, nada de eso podrá alterar lo que ha significado hasta hoy, pues Marilyn ha sido la memoria periodística de un sexo, un enigma permanente sin solución posible, el encanto de un orgasmo plasmado en celuloide, antes de que una dosis excesiva de nembutal forjara definitivamente su leyenda. Y si la leyenda es más interesante que la verdad, siempre publicaremos la leyenda.

Era bonita, joven y atractiva, como cualquier chica de Hollywood, pero con una fuerza insólita para la interpretación. John Huston recordó en sus memorias el rodaje de Vidas rebeldes junto a Clark Gable y Montgomery Clift: «Cuando no estaba aturdida, no actuaba: quiero decir que no fingía las emociones. Era algo auténtico. Se metía hasta el fondo de sí misma, encontraba esa emoción y la hacía aflorar a la conciencia. Es posible que en eso consista toda interpretación realmente buena».

Ralph Greensom, su psiquiatra, contó que estaba tan acostumbrada a hablar de la muerte y que se había convertido en el tema más interesante de su vida social. En el fondo, era una diosa tan frágil como una estatua de arcilla que se deshace entre las manos si uno siente la tentación de acariciarla. Aunque estaba forjada como un sueño erótico que escondía el eterno tesoro bajo las faldas, aspiraba a vivir sencillamente en un hogar, vestida de cualquiera. ¿Vestida de cualquiera? «Jamás he tenido un hogar. Uno auténtico, con mis propios muebles. Pero si alguna vez vuelvo a casarme y gano mucho dinero, alquilaré un par de camiones para pasar por la Tercera Avenida y comprar toda clase de cosas locas. Compraré una docena de relojes de pared, los pondré en fila en una habitación y los tendré a todos marcando la misma hora. Eso resultaría muy hogareño, ¿no crees?»

Le gustaba pensar que terminaría siendo esa clase de mujer que se acostaba con los Kennedy y que, aun así, podía ser confundida con otra rubia en alguna otra parte del país. El escritor mexicano Rafael Ramírez Heredia, completamente borracho, me confesó una noche en el viejo Savoy que sólo podía imaginarla en la cama de un motel situado en la frontera, oculta tras las gafas y tan pálida que podría pasar por una muñeca de cera. «El último hombre que se acostó con ella también era mexicano. Yo hablé con él. Aquel tipo me dijo que su bragueta se había convertido en una especie de domicilio habitual antes de que el suicidio le concediera a la rubia un código postal para toda la eternidad». De manera que la ambición terminó siendo un cadáver sin sepultura abrazada a la muerte, esa que se escribe con M de Marilyn.

 

 

Familia unida

jul-19-2012 By cinefilo

Título: En América Director: Jim Sheridan Actores: Paddy Considine, Samantha Morton, Djimon Hounsou,

Uno de los grandes aliados del Capitán América dirá presente en la secuela que prepara desde ya Marv

 

                                                   

Este mediodía, en la Casa de América de Madrid, se hará el pase, rueda de prensa y photocall de la película argentina “Elefante Blanco”, de Pablo Trapero, actualmente en cartel en el país y que tuvo su premiere mundial en el último Festival de Cannes.

La presentación precede a su estreno español, el próximo 13 de julio, y en la misma estarán presentes su director, así como sus figuras principales, Ricardo Darín y Martina Gusman

Además del equipo de la película, han confirmado asistencia, José Coronado, José Mota, Santiago Segura, Alberto Amman, Carlos Bardem, Ana Wagener, Tristán Ulloa, Juan Diego Botto, Alex O`Dogherty y Vicente Romero, entre otros.

El filme narra la historia de amistad de dos curas, que tras sobrevivir un intento de asesinato por parte de militares en América central, se asientan en una villa miseria de Buenos Aires para desarrollar su apostolado y labor social.

La película, con un presupuesto de más de 4 millones de dólares, fue rodada en diferentes locaciones, como “Ciudad Oculta” en Buenos Aires, y la selva amazónica de Perú, y lleva vendidas en la Argentina más de 700.000 localidades, convirtiéndose en el filme nacional más taquillero de 2012.