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Los Miserables, El cuerpo

dic-27-2012 By cinefilo
El cuerpo

El cuerpo

Este año 2012 he tenido algo de suerte y los días que me han correspondido para descansar me han venido muy bien; he tenido libre el día 24 por la noche – éste estaba cantado -, el día 25 por la noche y el día 26 completo. ¡Bien!

He aprovechado para ver alguna película de estreno, entre otras muchas cosas más que también me han aprovechado… ¿Qué le voy a hacer?, soy bastante hedonista, no lo puedo evitar.

Los Miserables

Los Miserables

Pues eso, en primer lugar, el día 25, me largué al Vialia a ver Los Miserables. Una reflexión, si se me permite: no recuerdo cuánto tiempo hace que voy al cine un día festivo, siempre voy días laborables, y esos días uso una tarjeta de descuento; así que cuando la taquillera me cantó lo que debía pagarle por dos entradas me quedé de piedra, aunque por otra parte no pudo menos que salir unas risas de mis labios, pues pensé: “¡Vaya lujo, un día de fiesta y yo en el cine!” Y, bueno, tras esta tonta reflexión… hablemos de la película, un musical, un clásico musical, basado en una vieja novela de un viejo autor, esto no obstante no quita que el tema de Los Miserables esté en plena vigencia, ya se sabe, la crisis y la pobreza que asolan nuestra sociedad. En fin, una historia impecable para una formidable interpretación en la gran pantalla; los actores y actrices magníficos… Total, muy recomendable esta película.

Al día siguiente, por la noche, también fui al cine. Esta vez me metí una película española: El cuerpo. Ésta es una de esas de misterio…,  o sea, de las que hasta el final no te enteras si el asesino es el mayordomo o el sheriff. Así que no voy a contar nada, pues me la cargaría sin dudarlo. Solo decir eso, que uno se pasa la película sospechando de uno y de otro, de una y de otra, y al final… ¡sorpresa!

Me voy, que se me hace tarde.

¿Qué ver en la noche de Halloween?

oct-31-2012 By cinefilo

Esta noche es la noche de Halloween, y como tal (aparte de salir de fiesta), lo suyo es montar una b

Hoy voy a hablar del amor. El amor, tal como se entiende en nuestra sociedad occidental moderna, no es algo que deba ser así porque sí. Vivimos en un modelo de amor, un modelo específico dentro de muchos posibles, el que vertebra en concreto nuestra sociedad, que fue inventado por personas con nombre y apellidos en la mitad Sur de Francia en torno a los siglos XII-XIII. Podían haber inventado otro, pero inventaron este. El amor cortés de los troveros y trovadores rendía pleitesía a la amada o el amado (que también había troubairitzs como Beatriz, la Comtessa de Dia, cuyas canciones se escuchan con agrado hasta con oídos actuales). De ahí nos viene esa entrega total, ese altruismo, ese amor-sacrificio, ese amor que anula el propio yo en aras de un ente eventualmente superior, como es la pareja. De ahí el amor romántico, de ahí la rodilla hincada y el anillo, los nervios, las flores (cortadas, muertas por tanto), la firma estampada, la procreación como objetivo, el sacrificio a los hijos como fin último.

Dicen los novios ante el altar: Yo, Fulanita, me entrego a ti, Menganito… «Me entrego», como un rebelde cuando se entrega a la Policía, me entrego, me rindo, me doy, hasta aquí llegué, ya no más, soy tuyo o tuya, eres mío o mía. Por una suerte de extraño cambalache, te adquirí y me adquiriste. ¿Por qué y para qué? Para tener un proyecto de vida común, procrear (la mentalidad de animal de granja que decíamos el otro día con Ayn Rand), prosperar, medrar… ¿? Me despido de la soltería, organizo esa suerte de fiesta triste al modo de entierro de la sardina, digo adiós a amigos y a mi tiempo, porque hay un bien superior al propio individuo, somos dos y pronto seremos tres, cariño, mi vida… Fíjate que la entrega, la inmolación del individuo es tal que nos hacen llamar incluso «mi vida» a la contraparte, la parienta, la contraria, qué horrendos nombres pronunciados a escondidas y con gesto cómplice entre pandillas bravuconas de sufridores. Oímos Comtessas de Dia modernas vociferar Sin ti no soy nada… Eres mi vida, sin ti no soy nada. ¿Entonces qué sentido tiene mi existencia? Pero si no soy nada, me anulé tras una pulsión química sentida un día en un restaurante, en una discoteca, en una biblioteca, en un aeropuerto. Una pulsión química inicial que da pie a la fase cortés o de cortejo, a los planes, los inevitables niños, hipotecas, etc. ¿Para…?

Hay otro amor, un amor no altruista, sino egoísta, un amor que no se sacrifica ni exige sacrificio. Un amor en el que quererte es querer-me. Mi tiempo es mío, yo soy mío y tú eres tuyo. Como me quiero, te quiero. Solo así se es uno. Lo demás, compromisos, sacrificios, prisas, pañales, letras de banco. Creo que darse cuenta de esto no es fácil, requiere una madurez considerable y es fácil equivocarse de primeras, pegarse el batacazo sobre todo cuando uno intenta emular en su juventud (sin sentirlo de veras) esas fórmulas anquilosadas de la sociedad occidental. El «Sí quiero» ante doscientos amigos y tías segundas. La presunta bendición y felicidad de la llegada de los hijos, ese gran destroza-amores… En fin, es natural: desde los mismos dibujos animados, desde los cuentos con final vivieron felices y comieron tal tal, las comedias románticas, los reportajes fotográficos de boda para que todos tengamos en casa nuestra propia portada de Diez Minutos para siempre. Luego divorcios, hundimientos personales y financieros, traiciones… ¿Traiciones? La principal traición te la hiciste a ti misma, a ti mismo, el día que te metiste en los vericuetos del amor cortés, del mi vida, del sin ti no soy nada, del fijarte como objetivo en la vida trabajar de sol a sol –oh, humanos, homo teóricamente sapiens, que luego resulta el menos sapiens de toda la naturaleza– para mantener a una cría de mamífero que es, con grandísima diferencia, la que más tarda en valerse por sí sola. Regalar nuestro tiempo. Regalar nuestro tiempo a diestro y siniestro. Matrimonio convencional entierra-vocaciones. Más que despedidas de soltero habría que hacer «despedidas del tiempo». Pero, claro, está ese fin superior, ese altruismo atávico empezado por el hijo del carpintero, inculcado a fuego rápido en las crías humanas cuando somos más débiles, el sacrificio. Me doy. «Te me doy» o «me te doy». Ni siquiera encuentra uno forma de decirlo. Te me doy. ¿Tan poco vales, que te das?

En fin, que no y no. Además, ¿puede haber una declaración de amor mejor que esta?. Y en solo cuatro palabras…

«Gracias, amor. Me quiero.»

* * *Hablando del amor, conocí Harold y Maude, de Hal Ashby, a través de mi amigo Hugo (gracias de corazón) y sí, considero que es posiblemente la historia de amor más hermosa jamás contada. De Hal Ashby ya había visto la más publicitada Bienvenido, Mr. Chance, una adaptación del mito de Jesucristo que me encantó. Muy recomendable. Pero H&M ni siquiera me sonaba, ejemplo de cómo suele ocultar la maquinaria de la sociedad convencional los tesoros más bellos y a la vez peligrosos para su perpetuación. Normal. Y sigo anclado en la década de los 70 para tantas cosas… ¡Qué difícil es encontrar algo interesante en estos últimos 30 años! Muy complicado. Pienso que me hubiera gustado nacer exactamente 30 años antes para vivir aquella época, pero a lo mejor es hasta perfecto haber nacido justo después para añorarla.

Harold, el inadaptado, el «novio de la muerte». No encuentra su sitio en la sociedad anquilosada de bodas de catálogo, psicoanalistas, coches de marca. Harold, sin energía para vivir, muerto en vida, de profesión suicida, aficionado a funerales y cementerios y destrucción de chatarra (¿qué otra cosa somos nosotros mismos sino chatarra espacial?). Maude, por su parte, una especie de niña-mujer con trenzas, que come regaliz y vive en un vagón de tren. Maude se prepara para un cumpleaños muy especial. Se encuentran, se aman profundamente, se salvan, rompen la convención social por la línea de flotación. Todo subrayado con pinceladas de los personajes grotescos que representan las fuerzas vivas, la madre-familia, el militar-Estado, el cura-Iglesia, el psicoanalista, geniales personificaciones de todo lo que es nuestra sociedad, en suma, coerción en estado puro para que el individuo siga las reglas, se case, se sirva al Estado, que sea uniforme con el uniforme social. Cat Stevens, antes de hacerse Yusuf, acompaña perfectamente toda la película. La escena de las flores es inolvidable, sin duda. Lo más destacado de la cinta, seguramente:

[plano de las margaritas sobre la hierba]
Maude: Si tuviera que convertirme en algo, me gustaría que fuera en girasol. Son tan esbeltos y sencillos. ¿Qué flor te gustaría ser?
Harold: Pues no lo sé… Una de esas, quizá.
Maude: ¿Por qué dices eso?
Harold: Porque son todas iguales.
Maude: ¡Oh!, pero si no lo son. Mira. Fíjate, algunas son más pequeñas, otras más gruesas, algunas crecen hacia la izquierda, otras hacia la derecha, algunas incluso han perdido algún pétalo. Todo tipo de diferencias perceptibles. Mira, Harold, creo que buena parte de las penas del mundo provienen de que la gente que son esto
[señala hacia una margarita]
Maude: permiten que se les trate como eso.
[señala hacia el campo de margaritas]
[el plano se amplía hasta dejar ver un campo de tumbas militares]

(La traducción del final de esta escena es particularmente mala en la versión española, de ahí que la transcriba)

La metáfora del paso del campo verde salpicado de margaritas al campo verde salpicado de lápidas blancas, de lo mejor que haya visto yo en una pantalla. No me extenderé más: para el que le interese hay en un blog (http://www.filmbunker.net/criticas/harold-y-maude) una crítica estupenda de la película bastante interesante y certera, algo raro de encontrar entre tanto kilobyte de palabras vacías y basura en general, como es Internet, la verdad. Nada grave.

Matthew Mcconaughey

Foto: JORDAN STRAUSS/GETTY

 

Matthew Mcconaughey espera su tercer hijo. El actor estadounidense no puede estar más contento con la noticia. Es por ello que, quiso compartir su felicidad y gritarla a los cuatro vientos a sus seguidores de Twitter. Y es que se ha casado hace apenas un mes y pasa de una celebración a otra en tiempo récord.

Matthew Mcconaughey y Camila Alves ya tienen dos hijos: Levi, de cuatro años y Vida, de dos y medio. Ahora ya les podrán decir a los niños que la cigüeña les va a traer un nuevo hermanito.

Matthew Mcconaughey escribió este miércoles en Twitter: “¡Feliz cumpleaños América, más buenas noticias, Camila y yo estamos esperando nuestro tercer hijo”. Y añadió: “Que Dios os bendiga, sólo seguir viviendo”, aprovechó el actor para dedicar estas palabras en referencia al día de fiesta en Estados Unidos.

Aunque todo hay que decirlo… él no fue el primero en dar la noticia. Se le adelantó su mujer veinte minutos antes publicándola en su cuenta de Twitter.

Marido y mujer están muy felices. La revista People le preguntó a la pareja recien casada cuál era su sueño y ellos respondieron: “Lo mismo de siempre. ¡Más familia! Así han cumplido sus deseos.

Viviendo sin complejos

jul-3-2012 By cinefilo

Llevaba unos meses sin escribir aquí, y ni me había enterado de que incluso había varios comentarios sin responder (he dejado de recibir las alertas por mail, será por eso); así que, mis disculpas a todos por esta desatención.

Recuerdo ahora que, cuando empecé a escribir BilbaoMeMata hace dos años, chequeaba las visitas diarias cada dos por tres (que se lo pregunten sino a Asier Guerricaechebarria) y pensaba, iluso de mí, que si me dedicaba a ello podría empezar pronto a ganar dinero… Pero eso por supuesto que no pasó; y, al final, me he dado cuenta de que tampoco me importa demasiado, puesto que a lo tonto el próximo post será el número 100, y lo que vale es que lo que escribo lo sigo haciendo en plena libertad y a mi ritmo.

Desde que hace un par de meses, el productor francés Jean Michel Rodrigo (de Mecanos Productions, coproductores junto a IDEM 4 de La Otxoa, vivir sin complejos) nos confirmara el interés real de la televisión francesa TeleToulouse en participar en este documental (y por consiguiente, la posibilidad real de desbloquear financieramente el mismo, es decir, terminarlo dignamente), he estado sin parar haciendo diferentes cosas; la mayoría en la producción audiovisual, todas ellas provechosas, algunas divertidas, otras no tanto, que ya les iré contando en sucesivos posts… Queda por escrito por tanto la promesa de escribir, como promesa de obligado cumplimiento.

El pasado viernes terminamos el rodaje de “La Otxoa, vivir sin complejos”. Organizamos una fiesta en el bar de José Antonio de la calle Lersundi. Podría decir que me lo pasé en grande, sino es porque yo no estaba de fiesta y bastante tenía con tratar de no parecer un ansioso sin idea de dirigir delante de Josean Roigé, el operador de steadycam, que hizo también las veces de director de fotografía, ante la ausencia de Olivier Van der Zee. He estado revisando el material hoy y la verdad que hay cosas muy interesantes.

No sé en qué quedará todo esto pero ýa tengo ganas de que llegue el lunes que viene para comenzar a montar el documental en París junto a Marina Paugam, realizadora, editora y directora de fotografía… Aquí les dejo el teaser que hicimos Manu Duarte y yo: