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Zero Dark Thirty

ene-5-2013 By cinefilo

Tenía muchas ganas de ver como había afectado el Oscar ganado por The Hurt Locker (2011) a Kathryn Bige­low y, como iba a influir la forma de hacer cine de la directora a una historia con tantos interrogantes como la que nos cuentan en Zero Dark Thirty (2012).

El resultado: posiblemente la película más dura y mejor hecha de este año; candidata clara a los Oscar y fiel a la historia que nos han contado sobre la operación del 1 de Mayo de 2011.

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Hay que conformarse con poco. A esta altura, aunque no resulte un pensamiento demasiado positivo, no parece exagerado pensar que el cine apunta mucho más hacia atrás que hacia adelante. Que El artista haya ganado el Oscar como mejor película del 2011 fue todo un síntoma: Hollywood se miró a sí mismo porque se quedó sin ideas. Algo de eso también pasa con el espectador despierto, que quiere más: prefiere ir hacia la historia del cine que hacia lo que viene o va venir. Sencillamente porque, por diferentes razones, las diferencias de calidad  son muy grandes.

El cierre del cine Arteplex Belgrano fue un golpe duro como también lo había sido el adiós a mi videoclub Newfilm, el año anterior. No parece una casualidad que dos lugares con características similares (ámbitos con público bien marcado, menor pero siempre fiel) hayan dejado de existir en menos de un año. Aunque las cifras indican que el 2012 fue de gran éxito en cuanto a entradas vendidas, la realidad es que la gente va a ver películas y no cine. ¿Qué quiere decir? Que la enorme cantidad de público que fue a al cine el año pasado se reparte en no más de diez películas. De esta forma, el mercado se achica y aburre. Así, el Arteplex Belgrano deja de existir. Los espacios físicos para ver cierto tipo de filmes son cada vez menores. Por eso es que hay que estar atentos y saber atrapar a esos estrenos que brillan por su maestría. Suelen estar poco tiempo en cartelera y son ignorados por las masas.

Este post es un humilde intento de acercar lo mejor del 2012 para Crónicas de calle a aquellos que intentan no ser devorados por una industria inflexible e intolerante. Una segunda oportunidad de ver lo mejor del año.

-El chico de la bicicleta, Jean Piere Dardenne y Luc Dardenne. Cyril tiene unos 14 años. Abandonado por su padre, lo único que tiene es una bicicleta. En realidad, ni eso. Su papá la vendió para escaparse con algo más de dinero. Aunque él lo niega, lo sabe. Está solo. Intenta mostrarse duro y poco amigable, pero no pretende otra cosa más que hablar con alguien. Y que lo abracen. Cyril es un personaje extraordinario inmerso en una historia muy bien contada; dura pero no empalagosa. El espectador sentirá ganas de comprarle una bicicleta y luego acompañarlo en el camino. Pero la vida, real y cruda, se cruzará en todo momento y dejará un mensaje claro: “Esto no es un cuento de hadas”.

bibicleta

-La separación, Asghar Farhadi. Un conflicto familiar en una sociedad cerrada y prejuiciosa. Un mundo repleto de miedos, intolerancia y falta de entendimiento. Un relato vibrante con una extraordinaria denuncia a las formas de vivir en Irán. Excelentes actuaciones. Esta película ganó el Oscar a mejor film de habla no inglesa en 2011.

separación

-El puerto, Aki Kaurismaki. Una clase perfecta de cómo hacer una película simple, sin demasiadas ambiciones más que contar una historia entretenida y que deje algún tipo de enseñanza. En este caso, Kaurismaki bucea por las clases bajas de Francia y golpea a la sociedad de ese país con respecto al perseguimiento y prejuicio a los inmigrantes. Por otro lado, también muestra la solidaridad y unión de un grupo de personas que debe luchar en el día a día. Tierna y divertida.

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-Moonrise Kingdom, Wes Anderson. Una historia de amor entre dos chicos. ¿Existe el amor entre chicos? Es una de las preguntas que parece plantear Wes Anderson, que con esta película vuelve a mostrarse como un director distinto a la hora de filmar pero también sensible para contar algo específico y sin irse de foco. Cada plano luce lindo y perfecto, por lo que cada tanto suena algo artificial pero no por eso menos emotivo. La habitual locura de los personajes de Anderson queda reducida de manera brillante a dos soñadores entrañables como Susy y Sam. A la altura de Los excéntricos Tenenbaums y Viaje a Darjeeling.

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-Elefante blanco, Pablo Trapero. Como a él le gusta, Trapero vuelve a pisotear las conciencias de varios y presenta un mundo (con una mirada totalmente subjetiva y hasta pequeña) ignorado por muchos. Preguntas, la mejor manera de pensar una película (como Elefante blanco).

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-Esto no es un film, Jafar Panahi. Una verdadera obra maestra. Panahi es un director iraní que acaba de salir de prisión, condenado por “traicionar” a su país por filmar en otras partes del mundo y mostrar aspectos de Irán no permitidos, y sólo puede recluirse en su casa hasta que se termine de resolver su situación judicial. Panahi sueña cómo será su próxima película, juega a ser director en el living de su casa mientras aclara a quien lo filma, Mojtaba Mirtahmasb, que eso no es un film. Da un sentido extraordinario de lo que es la libertad: casi nunca se puede quitar. Una conmovedora declaración de principios.

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-Argo, Ben Affleck. Sin dudas, lo mejor que salió de la cantera de Hollywood. Pese a la inexpresiva actuación de Ben Aflleck (con esta película parece más que obvio que debería dedicarse sólo a la dirección), la película es fuerte y cierra por todas partes. Relata un conflicto histórico, la toma de la embajada de Estados Unidos en Irán en 1980, con detalles que valen la pena mostrar y hacen que el relato sea sólido. Se transmite permanente tensión y suspenso. Una película bien lograda, con momentos dramáticos pero también divertidos (¡Argo fuck yourself!).

argo

-El hobbit, Petter Jackson. Aunque era imposible llenar las enormes expectativas, el gran Peter Jackson logra que la Tierra Media vuelva a cobrar vida. Una película con enormes ambiciones que no se queda corta en lo que se propone: efectos especiales espectaculares, escenografías impactantes y secuencias de acción atrapantes. Con algunas salvedades, el director panzón, talentoso y apasionado lo hizo otra vez.

GandalfHobbit

-Los mejores estrenos del 2011

Por norma general, el enfrentamiento entre el espectador y un filme musical no suele ser una experiencia en absoluto sencilla. Independientemente de la calidad de la cinta, las peculiaridades de este género cinematográfico consiguen crear dos tipologías de público radicalmente opuestas; el amante fiel, y el detractor más descarnado. Esta dicotomía podría desaparecer -como inusitado precedente- a la hora de afrontar la nueva adaptación de la novela de Victor Hugo Los Miserables, dirigida bajo la batuta del oscarizado por El Discurso del Rey Tom Hooper.

Con sus Miserables, Hooper nos ofrece unas dosis de carga emocional y epicidad desmedidas y raramente alcanzadas en producciones recientes, intercalando números que oscilan entre la espectacularidad de unas puestas en escena multitudinarias y recargadas, y los soliloquios más íntimos y desgarradores.
Son estos últimos, precisamente, con los que el nudo en la garganta será inevitable; gracias, por una parte, a un reparto que evoca la época dorada del star-system –arrebatadora Anne Hathaway- y, por otra, a la sencillez con la que están planteados desde el punto de vista de la dirección. En estos momentos, el estilo grandilocuente, torpe y atropellado de Hooper da paso a una simplicidad que no hace otra cosa que disparar hasta límites insospechados los niveles de emotividad transmitida.

En el caso de Los Miserables se evidencia la manida expresión “menos es más”. La dirección de Hooper supone más un palo en la rueda que una plusvalía, y podría hablarse durante párrafos de los numerosos errores que comete el realizador, y de las lacras que suponen sus decisiones. Pero en esta ocasión la técnica da igual. Lo depurado -o no- del montaje y los –exagerados- movimientos de cámara son lo de menos. Lo que importa al enfrentarnos a una cinta como Los Miserables es que, pese a todo, emociona; y lo hace como no lo ha hecho ninguna otra cinta en mucho tiempo. Lo que importa es esa extraña sensación de estar ante algo grandioso. Lo que importa es que, como espectadores, nuestros corazones se encogen y nuestras lágrimas afloran, ya seamos amantes o detractores del género. Porque Los Miserables no es tan sólo un musical; es cine en estado puro, espléndido, apabullante. De ese Cine que sólo se puede escribir con mayúscula.

¡A compartir se ha dicho!


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dic-26-2012 By cinefilo

Luis Varela en el doblaje de 'Up'Hoy queremos hacer un pequeño homenaje a los grandes artistas españoles que se esconden tras los actores de cualquier película extranjera:  los dobladores. Las grandes voces de nuestro país nos permiten entender cualquier cosa de la industria del cine o la televisión, venga de donde venga y sin necesidad de seleccionar los molestos subtítulos.

El proceso de doblaje de una película no es tan costoso como muchos se imaginan. Por ejemplo, una película puede ser doblada con éxito en tres jornadas de trabajo de 7 horas. Esto quiere decir que unas 20 horas, se lleva a cabo el proceso de elección de actores, adaptación del guión y minutado de los takes.Esta agilidad se debe a la profesionalidad de los que lo llevan a cabo, no les gusta llamarse dobladores sino actores de doblaje, puesto que todos ellos son verdaderos actores que, en un pequeño estudio fuera del contexto del rodaje, deben interpretar todos los sentimientos del actor original usando sólo el poder de su voz.

Para iniciarse en esta profesión no basta con tener una buena voz, hay que saber interpretar y trasladar esos matices originales de la película al idioma de destino. Por ello, en España hay escuelas de doblaje muy reconocidas que antes de cada trabajo, lo que hacen es un proceso de interpretación con el director para captar la esencia del guión original.

Una vez grabados los takes, se mezclan todas las voces con el resto de sonidos de la obra finalizando así la labor de doblaje. Pero no es nada sencillo: existen grandes horrores del doblaje, llamados así por no haberlos tratado adecuadamente. Es el caso por ejemplo de El Resplandor, una gran película con un pésimo doblaje por no haber sabido escoger a los actores adecuados.

Pero para gustos, colores. Mucha gente piensa que ver una película doblada es una atrofia de la esencia original de esta, y que el esfuerzo actoral se pierde en gran medida. Pero, ¿qué pasa cuando el espectador final no entiende el idioma origen y debe estar leyendo los subtítulos de principio a fin? Que gran parte de la interpretación, como puede ser la expresión corporal del actor, es imposible de observar al estar continuamente con la vista puesta en los subtítulos.

Se muestra el contenido en este suplemento cultural de Reforma:

(LC) = “Luces de la ciudad” por Guadalupe Loaeza

(DF) = “Diarios de Fatigas” por Christopher Domínguez Michael.

 

ENCABEZADO: “Exhiben refracciones Zoveck, “A través del espejo”; con grabados impresos en papel y espejos, Sonia Romero y Julio Carrasco buscan estimular en el espectador un viaje interior” por Jesús Pacheco.

- “El taller de arquitecto por Sergio Gonzáles Rodríguez.

- “El espejo fílmico, puerta a otros mundos” por Rafael Aviña.

- (DF) “Cioran, 1964-1968” por Christopher Domínguez Michael.

- “Filewile, florecimiento sonoro en los Alpes” por Ruth González Balvanera.

- “Recrean infierno de bolaño” por Lucra Magi.

- (LC) “Hable con ella”.