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Mirada interna, mirada al Mar

jul-30-2011 By cinefilo

“Dicen que el amor todo lo puedo y muchas veces nos da

pero otras tantas nos quita”

 

Rufino vivía en un pueblo de la costa, no importa el país, solo que allí lo tenía todo: la luz para pintar, el mar para reflejar en sus lienzos, y el amor de su novia, sentimiento que al final lo lleva fuera de su zona de confort hacia otros horizontes, siempre con su amada.

La vida transcurre hasta que  Rufino queda viudo, a  los 71 años, sin hijos y con la moral en el suelo- que no lo deja pintar más -  por lo que decide regresar al lugar donde fue feliz en sus años mozos.

Así comienza la película Una Mirada al Mar, de Andrea Ríos, con guión de María Nella Alas (+) y la producción de la Fundación Villa del Cine.

Interpretado por Fernando Flores, Rufino se reencuentra con los  paisajes marinos, específicamente con los de Todasana y las playas de San Pedro en el estado Vargas, donde sigue viviendo  su amigo Gaspar, en la piel de Asdrúbal Meléndez, pintor que se ha hecho cargo de una pequeña niña huérfana llamada Ana E,  interpretada por Yucemar Morales, de 11 años,

Por esas cosas de la vida, y de la imaginación de la fallecida Maria Nella Alas, Rufino recibe el cobijo de su amigo Gaspar, por unos días dice el viudo, pero ese período se extiende y termina obligándolo a permanecer bajo el mismo techo con Ana E, generando una hostil convivencia, tanto que ella le dice “te compras tu propio ventilador”, aclarando que por ningún concepto ella ayudará al anciano  a que sus días sean más agradables en esa casa.

Comencé diciendo que el amor da y quita, porque a Rufino le dio una vida junto a su esposa, interpretada por Loly Sánchez  en un breve papel, aunque lo alejó su playa y sus paisajes. Pero como juego del destino, luego, ese amor que le quitó parte de su vida, le ofrece otra oportunidad cuando la soledad que enfrenta en un momento a los personajes se transforma en una convivencia y en un amor que les permite superar el abandono que cada uno de ellos ha sufrido.

En otros escenarios de Una mirada al mar vemos la Zona Colonial de Petare, El Hatillo, y Caracas, todo para recrear una historia intimista, donde el soporte está en la relación entre Rufino y Ana E, una niña que pese a ser huérfana, tiene más gente pendiente de ella, como los papeles interpretados por Zoe Bolívar y Bebsabé Duque, además de los dos ancianos,  que el millón de amigos de Roberto Carlos.

La dirección de Andrea Ríos tiene acertados momentos al crear ese ambiente íntimo, que tiene  tensión y  unión, en medio del intento por sobrevivir al tiempo  que a cada uno le toca en particular.

Los encuadres, junto a la dirección de  fotografía de Vitelbo Vásquez, crean una película de mucho color, sonido de mar,  lo único que molesta es que a veces los cambios de plano son brusco o se siente cuando la cámara está girando en el dolly – como la escena frente al faro en el acantilado – mientras que los diálogos están muy marcados en quien habla y quien responde, son pocas las veces que se sobreponen los parlamentos, algo mecánica la manera de decir los parlamentos, aunque eso no le resta intensidad, principalmente a Fernando Flores y a la niña  Yucemar Morales

La directora, Andrea Ríos, tiene trabajos anteriores como  cortometrajes y la codirección de 1, 2 y 3 mujeres su ópera prima con Andrea Herrera y Anabel Rodríguez. La trilogía integra un largometraje que fue producido por la Villa del Cine y estrenada el primero de agosto del 2008.

Una mirada al mar es una película que nos habla de sencillez, de una historia que está bien contada, con actuaciones nada despreciables y un desarrollo de fácil entendimiento, sin pretensiones  intelectuales, pero que transmite mucho sentimiento y ganas de hacer algo diferente, aunque el tema en sí no sea nada que no se haya visto antes, pero expone la importancia de la amistad y la solidaridad en tiempos difíciles. 

PD.  Las fotos son cortesía de la Villa del Cine