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AMOUR, DE MICHAEL HANEKE

dic-3-2012 By cinefilo

Por Martín Román.

HANEKE_2012_Amour_official_poster

Anne:
Es hermosa.
Georges:
¿El qué?
Anne:
Una vida larga.

Ayer domingo tuve la oportunidad de ver la última película de Michael Haneke dentro de la programación de la 54 Muestra Internacional de la Cineteca de México  en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco. Una proyección mala con ruido en la imagen no consiguió despegarme de la emoción que emanaba de la pantalla.

Cada vez que Haneke estrena película evito leer críticas, ver trailers, entrevistas… Me gusta llegar libre de prejuicios, bueno, con uno que consiste en la seguridad de encontrarme con una buena película y de momento nunca me ha defraudado. Si tú, lector o lectora, actúas como yo deja ya de leer, no voy a soltar más spoiler que el de la primera escena que plantea el tema de la película pero para mí ya habría sido demasiado:

La película arranca con unos policías que irrumpen en un apartamento de alta burguesía parisina. Las puertas están precintadas, las ventanas cerradas. Un fuerte olor molesta al detective encargado del caso que abre las ventanas para ventilar el salón. Acto seguido entra en un dormitorio donde un policía observa el cadáver de una anciana impecablemente vestida que reposa sobre la cama y alrededor de su cabeza coloridas flores.  La ventana está abierta. El detective le pregunta al policía si abrió él la ventana. Éste responde que no, la encontró tal cual. Si la casa estaba precintada pero donde está el cadáver la ventana estaba abierta,  eso significa que ya había fallecido antes.

Haneke firma su película más intimista y creo que por primera vez se separa del tema que vertebra su filmografía: la violencia. Ya sea su representación en la ficción (Funny Games), su percepción por los más jóvenes (El vídeo de Benny), los crímenes que por mucho que traten de enterrarse no se olvidan (Caché) o el origen del nazismo (La cinta blanca), por poner algunos ejemplos. Aunque como en estas obras, el austriaco mantiene las distancias con aquello que filma y al mismo tiempo consigue que nos impliquemos en los problemas de los protagonistas. Amour es, como el título indica, una historia de amor pero principalmente habla de la eutanasia, muertes que no tienen que ver con la violencia. Una muerte para salvar la dignidad, una muerte para acabar con un sufrimiento sinsentido. Haneke elabora su tesis sin cursilerías, sin debates entre personajes sobre si es lícito o no como sucediera en la sensiblera y algo tramposa Mar Adentro. Sabes que va a suceder, entiendes por qué sucede y no juzgas.

Los protagonistas, Jean-Louis Trintignant (1930) y Emmanuelle Riva (1927) superan los 80 años y transmiten la vida plena que han compartido. Un trabajo de actuación que seguro les supuso dificultades porque a veces es bastante físico. En la actualidad, donde las salas las pueblan jóvenes hombres lobos metrosexuales y vampiros asexuados, pocos directores pueden plantear una película protagonizada por octogenarios y conseguir reunir el presupuesto para lograrlo. Y además demostrar que son historias que interesan a público de todas las edades (en la sala había desde adolescentes a una adorable anciana que nos chistó al público cuando nos reímos en un momento dado diciendo “¡No es una película de risa!”, pero la escena estaba puesta para liberar la tensión del espectador, y la risa es una forma de protegerse y liberarse).

Hablar del papel de Isabelle Hupert tal vez sería desvelar demasiado de la trama, sólo decir que está como siempre, excelente.

Os recomiendo que cuando llegue en enero a las salas españolas no os la perdáis. Ahora ya puedo empezar a leer las críticas publicadas, en filmaffinity.com leo una frase de Boyero: “Te deja abrumado, con el cuerpo y el espíritu revueltos, deseando que se acabe y volver a respirar en la calle. O sea, Haneke ha vuelto a lograr lo que se propone con su cine sombrío, retorcido y perverso”. Creo que no he visto la misma película que él. Amour no es sombría, retorcida ni perversa. Es su cinta más amable y luminosa.

Aparta de mí esta Austria

oct-24-2012 By cinefilo

Cuando pienso en Bernhard casi siempre pienso en Haneke  y cuando pienso en Haneke pienso siempre en

Kiarostami, Loach, Haneke y Mungiu. Los cuatro pueden decir que quitan el polvo a una Palma de Oro a

CACHÉ (ESCONDIDO)

mar-16-2012 By cinefilo

Por: Mario Arango Escobar.

CACHÉ (ESCONDIDO) (2005) GÉNERO: DRAMA. DURACIÓN: 117’
Dirección y guión: Michael Haneke. Intérpretes: Daniel Auteuil, Juliette Binoche, Maurice Bénichou, Annie Girardot, Lester Makedonsky, Bernard Le Coq, Walid Afkir, Daniel Duval . Fotografía: Christian Berger. Música: No tiene.

Sinopsis: Georges Laurent, es un intelectual, de buen nivel económico; trabaja como presentador de un programa de TV sobre literatura. Su mujer, Anne, trabaja como editora de programas de TV. Tienen un hijo, Pierrot, de 12 años. Su vida tranquila y acomodada se ve sacudida cuando reciben unas cintas de video y unos extraños dibujos.

Octavo largometraje del realizador Michael Haneke, que también escribe el guión. Se rueda en París y Viena. Obtiene tres premios en el Festival de Cine de Cannes (director, Fipresci y Jurado Ecuménico) y cinco del Cine Europeo


Una película para volverse loco, muy al estilo Haneke, en la que el espectador siente a lo largo de todo el film la tensión y la frustración del personaje encarnado por Daniel Auteuil, sin que sepamos qué hacer para evadirnos de esa sensación que nos atrapa. La desesperación de los protagonistas, nace desde el principio, cuando sin saber nada de ellos; se nos presenta la trama principal de la película. La forma tan particular de grabar y las inseguridades e incertidumbres de los protagonistas hacen el resto para que no tengamos ni un respiro durante toda la película.

Haneke nos va desvelando sus cartas lentamente, y con el paso del metraje nos vamos dando cuenta de que la inquietante situación que vive este matrimonio no les une en contra de esa perturbación exterior, sino que les enfrenta y confronta, sacando a relucir sus secretos, si bien, es cierto que, finalmente vuelven a unirse, pero para evitar que la verdad que intuyen salga a flote y acabe con su preciada farsa. Haneke lleva esa situación familiar al plano nacional, convirtiendo su cinta en un alegato a la culpa. Surge así, la mejor crítica contra la política belicista, la indiferencia gubernamental (esa tele que permanece encendida y que nadie parece mirar), las injusticias históricas, el racismo…

Con la sencillez y precisión propia de los grandes cineastas, logra una obra de insondable complejidad temática. Rueda con austeridad, depuración formal y ausencia de música, en buena parte mediante el uso de largos planos con cámara fija y planos secuencias. La puesta en escena, muestra a los protagonistas incluso de espaldas, y en ocasiones parece que están siendo observados a través de una ventana o desde otra habitación. Tiene la audacia de dar el mismo tratamiento visual a las grabaciones de vídeo que al resto de la ficción. Más de una vez se confunden, con lo que produce la sensación de que es el propio espectador el que espía, y le hace cómplice de esta intromisión.

Al igual que un viejo francotirador, dispara contra la moral que rodea al matrimonio formado por Anne y Georges. Sin detenerse demasiado, pero con meridiana claridad, expone las frágiles bases en las que se asienta esta vida, la mentira, las difíciles relaciones generacionales y la incomunicación entre la pareja.

Lo cierto es que el film plantea interrogantes que el espectador ha de respetar, asumir y resolver por sí mismo. Posiblemente el nudo principal radica en saber apreciar la intrascendencia de las cintas y la irrelevancia de la identidad de los autores de las mismas. Lo importante sería la exploración de las consecuencias que la recepción de las cintas provoca en las personas. Por otro lado, lo que más terror produce es la banalidad de la historia. La mayoría de los diálogos son triviales y no sirven para nada salvo para mostrarnos que una pareja se desintegra desde la banalidad y eso es lo que poco a poco les va sucediendo a Auteuil y Binoche.

No cabe duda de que ”Caché” es un inquietante cuento moral abierto a múltiples interpretaciones individuales, que transcurre en una dinámica de tensión hasta desembocar en un larguísimo y absolutamente genial plano en el que todas las soluciones parecen posibles.
La cinta sólo plantea, agita la conciencia, pero no cae en la tentación de imponer soluciones, ni pretende convencer. Constata que las diferencias sociales y raciales parecen insuperables. Michael Haneke deja en el aire varios interrogantes, lo que aumenta todavía más la sensación de desasosiego. Lo importante no son los hechos, sino el proceso de revisión que ha desencadenado. La película implica en todo momento a las emociones del espectador, y traslada a éste, las inquietudes y el miedo de esta pareja. Pero de la misma manera que le implica emocionalmente, exige de este mismo espectador su contribución a la resolución de la historia.

Si vemos la película con detenimiento, nos daremos cuenta de que en realidad, la película no es más que una historia paralela a un hecho muy concreto que ocurrió en Francia en el 61. Un hecho del que se supo muy poco hasta mediados de los años 70. El genocidio que llevó a cabo Francia contra los argelinos. Daniel Auteuil lo menciona de pasada, y esa es la piedra angular de la historia. No es casual que el film se titule Caché (Escondido) ¿qué es lo que está escondido? pues el pasado de Francia y concretamente este bochornoso hecho, lo denuncia el director. Denuncia a todo aquel que se ha mantenido mudo ante tal atrocidad (la prensa representada por el personaje de Auteil), denuncia también de algún modo, a los propios argelinos que también se han callado (el personaje de Maurice Bénichou).

En lo que se refiere al final de la película la verdad es que no podía acabar de otra forma puesto que en una película en la que nada se sabe con certeza el final no puede desvelar gran cosa y en este añade un último gramo de intriga. El hecho de que al final se vea al hijo de Georges y al hijo del Argelino hablando a la salida del colegio hace que se piense que puedan ser los responsables de las grabaciones pero una vez más nada más lejos de la realidad ya que da la impresión de que ellos mismos están siendo grabados. Este final no supone el fin de la historia, puesto que esta sigue trabajando dentro de nosotros, lenta, desconcertante, dejando una incómoda sensación que nos obliga casi a poner nosotros mismos un punto final al drama.

La banda sonora no incluye música. La fotografía, de Christian Berger, en color, usa planos fijos y largos, movimientos de cámara suaves y lentos, contrastes de luz intensos, una ambientación austera, encuadres descentrados y planos de cámara subjetiva.
En el apartado de las interpretaciones, hay que destacar el trabajo de Auteuil, sublime en el papel de padre y esposo inseguro, con un pasado que lo atormenta y tortura. Sin duda la confirmación de que estamos ante uno de los mejores actores franceses del momento. Juliet Binoche, por su parte, nos regala una vez más, toda una demostración de su talento, con un personaje lleno de matices, que logra a la perfección.

“Caché (Escondido)” tiene tres líneas básicas: la temática de la culpabilidad negada (escondida) en su protagonista, una línea alegórica en la que la culpabilidad se traspasa del protagonista a toda Europa, y una tercera en la que la infancia y la educación se revelan como el momento clave en que todo puede llegar a ser distinto o continuar siendo lo mismo.

Con esta película Haneke demuestra una vez más por qué es uno de los cineastas más inteligentes, perturbadores, inquietantes, talentosos e insobornables del cine actual.

CÓDIGO DESCONOCIDO

Título original: Code inconnu. Año: 2000. Género. Drama. Duración: 107′. Dirección y guión: Michael Haneke. Intérpretes: Juliette Binoche, Thierry Neuvic, Josef Bierbichler, Ona Lu Yenke, Luminita Gheorghiu, Arsinée Khanjian, Alexandre Hamidi, Helene Diarra. Fotografía: Jürgen Jürges. Música: Giba Gonçalves.

Sinopsis: En una concurrida calle de París, alguien echa un papel muy arrugado en la mano de una mendiga. Este es el lazo que, por unos instantes, une el camino de personajes muy dispares: Anne, una joven actriz que está a punto de empezar su carrera en el cine, apenas ve a su novio Georges, pues es fotógrafo de guerra. Jean, el hermano pequeño de Georges, no tiene ningún interés en ocuparse de la granja de su padre. Amadou, profesor de música en un instituto para niños sordomudos, es hijo de un africano que trabaja de taxista; tiene una hermana pequeña sorda, lo que explica la elección de su profesión. María es una rumana que manda a casa todo el dinero que consigue mendigando.

Haneke comienza su película con una escena, que llega a nosotros entre los títulos de crédito y que es un fiel reflejo de la falta de comunicación que padece la sociedad de hoy día. Vemos a un grupo de niños sordomudos y a una niña a la que, por medio de signos, sus compañeros le están haciendo preguntas. La niña, ante la imposibilidad de contestar acertadamente, se pone nerviosa y responde a todo de forma negativa, sumiéndose en un estado de desesperación interna. Fundido a negro (aquí, en esta película, Haneke vuelve a los cortes bruscos entre escenas).

Después viene un poderoso travelling/plano-secuencia. La cámara acompaña a Anne por la calle hasta que se encuentra con un joven que le dice que necesita alojarse en su casa. Tras resistirse un poco, accede y le da las llaves. El plano retrocede su camino y la cámara acompaña al joven que caminando lanza los restos de lo que parece un bocadillo al regazo de una indigente. Un joven negro le llama la atención de forma algo soberbia, como tratando de buscar pelea que se suele decir. Comienza una sucesión de retos y agresiones verbales que llegan a su fin con la aparición de la policía.

Partiendo de este punto, se comienza a desarrollar la trama. Como vemos aquí y en muchos otros pasajes de la película, el lenguaje, la palabra hablada no es suficiente para que se produzca la comunicación, ya que el granjero podría expresar lo que siente hacia su hijo de muchas maneras, pero como a todos nosotros, le cuesta ser entendido y darse a entender. Y es que adolecemos todos de un mal terrible (uno de tantos), el de la incapacidad de comunicación. Los seres humanos no somos (la gran mayoría,) sino personajes perdidos en el gran teatro de la vida que no son capaces de expresar con claridad sus emociones y sólo pueden fingir que se quieren y que saben reírse, cuando en realidad están confundidos y perdidos como niños ciegos en el desierto de las relaciones personales.

Michael Haneke ataca directamente en esta película a una sociedad europea cada vez más cosmopolita pero cada vez más individualista, jugando con el espectador como si este fuese el protagonista principal de su obra, provocándole sensaciones de repulsa hacia las acciones que está observando pero a la vez provocándole sentimientos de culpa, ya que quién más quién menos, se puede llegar a sentir identificado de alguna manera con la acción reprobable que está pasando ante sus ojos. Cuántas veces hemos pasado por al lado de un mendigo, y cuántas veces lo hemos mirado como si fuese basura…

¿Qué hay detrás de cada uno de nosotros? ¿Qué hay detrás de una indigente? ¿O de una niña que llora de un modo desgarrador en casa del vecino? ¿Me debo preocupar en averiguar? ¿Debo permanecer al margen? ¿Las dos cosas a la vez según el caso en que me encuentre? ¿Le bajo los humos al que humilla a una mendigo aunque conlleve su deportación? ¿Voy a la policía porque una anciana no se atreve a denunciar por sí misma unos malos tratos?

Michael Haneke lleva 20 años construyendo una crónica sobre la decadencia de la sociedad occidental. El director no centra sus obras en el devenir de unos u otros personajes, no, siempre somos nosotros, el público el que está a este y al otro lado de la pantalla. Juega con nosotros, nos provoca, nos enreda en sus trampas y nos abandona a un lado del camino.

Estamos ante el poeta del horror, entendido este como producto de la incomunicación y del desconocimiento, de lo absurda que se ha vuelto la existencia humana, de la banalidad al fin y al cabo. Haneke no es un prestidigitador, ni un adivino, ni por supuesto un profeta. No nos dice donde está la salida, sólo actúa de notario. Da fe de lo que pasa, nos arroja todos nuestros pecados a la cara, nos demuestra que somos una sociedad enferma. Su cine te puede gustar o no, pero su mensaje cala hasta los huesos.

En cuanto a la parte técnica, la narrativa de la película es lo más notable: los largos plano-secuencias, la desnudez técnica y la conciencia explícita de estar utilizando el lenguaje cinematográfico; a esto se une el tipo de mirada que presenta el director, capaz de introducir lo general en lo particular. Una cinta que contiene una serie de piezas. Piezas de un rompecabezas conformado por varias historias. Historias que solo tienen en común compartir por unos momentos el mismo espacio. Espacio que cada personaje aborda de manera distinta. Distinta, pues cada quién sufre su propio drama.

Soy yo, y soy también cualquiera de esos viajeros del metro que no levantan la vista, que se hacen los sordos ante el grosero acoso a una mujer que viaja en el mismo vagón, y en mi recorrido por la ciudad me cruzo con otras personas que rozan mi vida y a las que olvido al instante: una mendiga rumana, un joven senegalés que la defiende. Escenas cortadas bruscamente que, como bofetadas, me arrojan ante el espejo en el que unos personajes ligados entre ellos durante breves instantes, me enfrentan con el aislamiento, la dificultad para comunicarnos, la máscara con la que tantas veces nos presentamos ante los demás, la soledad.

En ‘Código desconocido’ Haneke decide sólo apuntar, es decir, abrir caminos de debate y reflexión en torno a estas dos apasionantes cuestiones, en detrimento de la historia, lo que deriva en que el espectador asiste a una película aparentemente inconexa, turbia en sus planteamientos de guión, pero que se revela muy atractiva según avanza su metraje. ‘Código desconocido’ es una obra coral, con el protagonismo repartido entre casi una decena de personajes, y en donde el azar –los encuentros, casualidades y desencuentros- se convierte en el motor de la narración. Sin embargo, cada historia adquiere sentido por si sola, no necesita del resto para vivir y en este punto es donde Haneke reivindica, una vez más, la condición de apunte de su filme, compuesto por bosquejos tan precisos que logran transmitir al espectador la carga brutal de denuncia y desesperación que llevan dentro.

Sólo una actriz como Juliette Binoche, con el talento y la capacidad para transmitir a través del silencio que se esconde detrás de su bello rostro, puede cargar sobre sus espaldas este filme de vidas cruzadas. Sin embargo, Haneke distribuye a la perfección los momentos de lucimiento de su desconocido y lleno de talento grupo de actores para alcanzar el equilibrio indispensable en este género que vive un verdadero auge.

La película, una difícil y contundente propuesta fílmica, acaba sumida en el caos sonoro de la música ensordecedora que sale de los tambores aporreados por los niños sordomudos. Un ruido siempre presente en nuestras vidas (ruido sonoro y visual) que no nos deja escuchar lo que ocurre a nuestro alrededor.
El problema de que no nos entendamos entre nosotros no es, creo yo, que hablemos idiomas distintos sino que no sabemos bien qué decirnos y cuando nos atrevemos a hablar de verdad, no a soltar palabras sin sentido porque sí, nos encontramos con que la otra persona ni sabe escucharnos ni tan siquiera quiere oír lo que le vamos a contar, por lo que, como se suele decir, no sólo no se puede sino que además es imposible…

MICHAEL HANEKE


Nació en 1942 en Munich, Alemania. Hijo del director y actor alemán Fritz Haneke y de la actriz austriaca Beatrix Von Degenschil. La niñez y la juventud las pasó en un suburbio de Vienna. Asistió a la Universidad de Viena para estudiar filosofía, psicología y drama después de fracasar en sus primeros intentos en la actuación y la música.

Después de graduarse, se convirtió en un crítico de cine y entre 1967 y 1970 trabajó como editor y dramaturgo en la estación televisiva del sur de Alemania Südwestfunk.

Como dramaturgo dirigió varias producciones escénicas en Alemania, entre ellas obras de Strindberg, Goethe y Heinrich von Kleist en Berlín, Múnich y Viena. Hizo su debut como director televisivo en 1973.

Dirigió “El séptimo continente” (Der siebente Kontinent) en 1989, que muestra un estilo propio y áspero que enfrenta al espectador con todo aquello que trata de ocultar el cine convencional. “El Séptimo continente” era la primera película en la trilogía de glaciación de Haneke, luego vendría “El video de Benny” (Benny’s video, 1993), y por último: “71 Fragmentos en una cronología del azar” (71 Fragmente einer Chronologie des Zufalls, 1994).

En 1997, Haneke filmó una adaptación inteligente y expresiva de la novela de Kafka “El Castillo” (Das Schloß). Según él, a partir de Kafka la narrativa fragmentaria ha sido uno de las condiciones básicas para un enfoque de la realidad.

Su film “Horas de terror” (Funny Games), de 1996 plantea la influencia de los medios audiovisuales y la ola de violencia que sacude el centro de Europa. Fue premiado en Cannes en 1997. En 1999, fue el turno de “Código desconocido” (Code inconnu) con guión de su autoría.

“La profesora de piano” (La pianiste, 2001), basado en la novela de la Premio Nobel Elfriede Jelinek. Con ella gana el prestigioso Gran Premio en el Festival de Cine de Cannes de 2001, sus protagonistas, Benoit Magimel e Isabelle Huppert, recibieron los premios de mejor actor y actriz.

Su siguiente trabajo, “Caché/Escondido” (Caché, 2005), es otro viaje a los oscuros secretos del alma humana. Con esta película, Haneke fue galardonado como Mejor Director en Cannes y recibió el premio a la mejor película en la ceremonia de Premios del Cine Europeo.

En el 2007, debuta en el mercado norteamericano, con el remake de su película “Horas de terror” (Funny Games), que fue producida por la actriz Naomi Watts, quien también actúa en el film.

En el 2009, recibió la Palma de Oro en el Festival de Cine de Cannes, por su película “La cinta blanca” (Das weiße Band – Eine deutsche Kindergeschichte), que ganó el Globo de Oro a la mejor película en lengua no inglesa y obtuvo nominaciones a mejor película extranjera y a la mejor fotografía en los premios Oscar. En ella, Haneke disecciona los orígenes del nazismo.

Desde 2002, ejerce como profesor de Dirección en la Academia de Cine de Viena y desde 2006, se dedica también a la dirección de ópera, siendo Don Giovanni y Cosi fan tutte de Mozart sus producciones más destacadas.

Cirujano de las pulsiones más oscuras e inconfesables del alma. Generalmente, sus películas no están dirigidas a la crítica ni a la audiencia. No formula respuestas ni cierra finales felices. Pretende que cada cual trabaje con su propia inteligencia. Son películas perturbadoras y sombrías, no son comerciales ni las realiza para complacer a nadie.