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Una “Iron lady” del cine

ene-4-2013 By cinefilo

meryl streep

Meryl Streep nació el 22 de junio de 1949 en Summit, New Jersey, Estados Unidos. A los 8 años hizo su primera función y poco después decidió ser actriz. Estudió música, arte dramático y ópera en la Universidad de Yale. Tras finalizar sus estudios, trabaja para el Theatre Repertory Company de Phoenix y pronto alcanza el éxito al ser nominada para el Premio Tony y conseguir el Outer Circle Award. Su debut cinematográfico fue en Julia (1977) de Fred Zinnemann, si bien aparece sólo en dos secuencias. De ahí pasa a destacar rápidamente en películas como Kramer vs Kramer, La mujer del teniente francés y La decisión de Sophie.

Meryl Streep no es buena actriz, es una grandísima actriz. No sé si es la mejor del mundo pero ocuparía un lugar preeminente entre una lista con las mejores de las mejores. No en vano está catalogada como una de “las mejores actrices de todos los tiempos”. Ha recibido 17 nominaciones al Óscar y lo ha ganado en tres ocasiones: Kramer vs Kramer, La decisión de Sophie y La dama de hierro (The Iron Lady). Se encuentra así entre el selecto grupo de los tres óscar del que forman parte Walter Brennan, Ingrid Bergman y Jack Nicholson; y por encima de ellos solo les supera con cuatro óscar Katherine Hepburn. Ha recibido asimismo 16 nominaciones a los Globos de Oro siendo ganadora 8 veces. Es la intérprete con mayor cantidad de nominaciones a ambos premios y ha sido galardonada con más Globos de Oro que nadie en la historia. Algunos dirán que algunas nominaciones lo han sido por actuaciones quizá algo rutinarias pero tiene otras memorables como La mujer del teniente francés, Memorias de África o Los Puentes de Madison. En febrero de 2012 fue galardonada en la Berlinale con el Oso de Oro Honorífico, máxima distinción del prestigioso certamen a toda una carrera cinematográfica, poco antes de la ceremonia de los Óscar donde consiguió su tercera estatuilla por La Dama de Hierro.

Es una actriz fascinante, de tez pálida y facciones angulosas. Perfeccionista y meticulosa para preparar sus personajes. Muy versátil. Muestra una especial habilidad para los acentos de sus personajes. Graba una película por año, preferiblemente en verano para así pasar más tiempo con su familia, con la que ha vivido en un rancho en Connecticut hasta su traslado a Nueva York, para así apartarse de la presión mediática de Hollywood.

“Siempre he buscado recopilar experiencias para devolverlas al mundo”, dice.

Gracias, Meryl.

Asesinato en el Orient Express

dic-20-2012 By cinefilo

Director: Sidney Lumet Intérpretes: Albert Finney, Ingrid Bergman, Jacqueline Bisset, Lauren Bacall,

Los fantasmas de Casablanca

nov-23-2012 By cinefilo

Por Rolando Pérez Betancourt

Ilsa (Ingrid Bergman) y Rick (Humphrey Bogart) tuvieron un hijo que fue aceptado por Víctor Laszlo (Paul Henreid), tras la llegada de la pareja a Estados Unidos huyendo de la persecución nazi. El niño crece, se hace un hombre y escucha, un segundo antes de que su madre muera, la identidad del verdadero padre.

De izquierda a derecha, Humphrey Bogart, Claude Rains, Ingrid Bergman y Paul Henreid.

He vuelto a ver Casablanca una vez más antes de escribir estas líneas. Un ceremonial que a ratos repito cuando no hay nada disponible a mano. Solo que en esta ocasión se impone un interés rememorativo ante el clásico de Michael Curtiz (1942) que está cumpliendo los 70 años: todo parece indicar que tendrá su largamente esperada continuación.

Siete décadas sin que ni la Warner Bros, el estudio que la produjo, se atreva a realizar un remake. Una decisión nada criticable por cuanto el intento sería como lanzarse en bicicleta contra una montaña (dos o tres series televisivas trataron de retomar los personajes del filme, pero el repudio de la audiencia hizo que se clausuraran los proyectos a los pocos días de transmisión).

La misma historia no, ¿pero una continuación que resolviera el problema de no poder contar con los icónicos rostros de Humphrey Bogart e Ingrid Bergman?

Howard Koch, uno de los tres guionistas oficiales del filme, escribió hace unos 40 años una continuación titulada Retorno a Casablanca. Pero antes, tras el triunfo de Casablanca, Koch había escrito el guion de “la izquierdista” Misión en Moscú, una salida del plato que lo envió de cabeza a engrosar la lista negra de Hollywood.

Lo que se hizo del guion sobre la que sería Casablanca II no se aclara, pero lo cierto es que luego de la muerte de Koch, en 1995, Cass Warner, nieta de uno de los fundadores de la Warner Bros, estuvo revolviendo entre los recuerdos del difunto y, amarillento, oliendo a papel inerte, lo encontró.

Un guion donde se da cuenta de que Ilsa (la Bergman) y Víctor Laszlo intentan localizar al duro Rick, luego de que junto al capitán Louis Renaul (Claude Rains) —”el comienzo de una nueva amistad”— se fueran a luchar contra las fuerzas nazis comandadas por Rommel en el norte de África.

Lo que sigue es un secreto que los futuros productores no han querido revelar. Se sabe, eso sí, que la trama cobra cuerpo después de que el hijo, tan duro como su padre, llega a Casablanca en el verano de 1961.

Aprovechando el éxito de Casablanca, la Warner trató de realizar una rápida continuación con los mismos actores bajo el título de Brazzaville (Rick y el capitán francés luchando contra los nazis), pero nunca se llegó a dar el primer golpe de claqueta.

El húngaro Michael Curtiz (1888-1962) supo manejar como pocos el melodrama y el sentimentalismo, casi sin que se notaran y lejos de las fanfarrias lacrimosas que hundieron a otras películas. Su Casablanca, concebida como un filme serie B y con parte de la trama y los diálogos reescritos horas antes de iniciarse el rodaje de cada día, es uno de los títulos más emblemáticos de la historia del cine. Magia y misterio que han hecho rodar ríos de tinta a lo largo de los años y que, según numerosas encuestas, lo convierten en el filme más veces repetido por los espectadores en muchas partes del mundo.

Cass Warner ha dicho que los estudios le prometieron darle luz verde al proyecto si encuentran a un director “de garantía”, porque, como es lógico, todo pasa por el dinero.

A 70 años del clásico, se busca entonces a un nuevo Michael Curtiz que, sin perder en sensibilidad, sea capaz de moverse entre fantasmas.

(Fuente: Granma)

Ingrid Bergman es una de mis favoritas. No sólo es una de las mujeres más guapas que me consta hayan

7 de marzo de 1979. Alfred Hitchcock recibe del Instituto Cinematográfico Norteamericano el premio a toda una vida dedicada al cine. Ingrid Bergman da un toque especial a la velada entregando al maestro Hitch una llave. La misma que ella había recibido 21 años antes, deseando que le abriese nuevas puertas, de manos de Cary Grant, quién la había conservado a su vez durante una docena de años tras robarla al finalizar el rodaje de “Encadenados” para usarla como talismán. Por supuesto, no era una llave cualquiera. La llave capaz de proporcionar tan mágico momento había sido testigo años atrás de la complicada historia de amor de la seductora Alicia Huberman con el desconfiado T.R. Devlin.

Retrocedamos unos años y cambiemos de escenario. Vemos ahora a Alicia Huberman en el centro de un gran salón, dónde se celebra su fiesta de presentación. Acaba de casarse con Alex Sebastian, un antiguo amigo de su padre que forma parte de una red nazi que opera en Brasil. Alicia mira nerviosa hacia la puerta, por donde van llegando los invitados, mientras oculta y aprieta un pequeño objeto en sus manos: La llave de la bodega, que según todos los indicios esconde algún secreto, y que Alicia ha sustraído a su marido en una escena que nos deja sin respiración, sin que éste se de cuenta… al menos por el momento. La llave pasará de sus manos a las de Devlin, oportunamente invitado, y con el que simulará una distendida conversación, a la espera del momento adecuado para pasar a la acción. Pero, ¿os he dicho ya que Alicia Huberman está loca por Devlin?

Retrocedamos un poco más. Cuando Alicia Huberman conoce al enigmático Devlin no está pasando su mejor momento. Su padre, un espía nazi alemán, acaba de ser encarcelado tras ser juzgado por el Gobierno norteamericano por traición al país. Desde que supo de sus actividades, Alicia no ha podido soportar nunca la situación y vive odiándole y odiándose a sí misma. Un odio que sólo terminará cuando conozca más adelante el suicidio de su progenitor, dando lugar a una especie de liberación. Mientras tanto, Alicia huye de su realidad, de fiesta en fiesta, abusando del alcohol, siempre con compañía masculina a su alrededor. Es en una de esas fiestas donde conoce a Devlin, por el que se siente atraída desde el primer momento. Pero el atractivo hombre resulta ser, para su desgradable sorpresa, un agente federal, encargado de reclutarla para que les ayude a desmantelar una red nazi que opera en Brasil, propuesta que Alicia termina aceptando. Recién llegados a Brasil, Alicia y Devlin viven días de pasión. Alicia se entrega, en su búsqueda desesperada de la felicidad, ante la oportunidad de dar un giro a su vida. Devlin, aún sin conseguir dejar de lado los prejuicios por la “mala fama” de Alicia, se deja llevar. Su apasionado y largo beso en la terraza del apartamento, interrumpido sólo por pequeños trozos de una conversación banal, es difícil de olvidar. Pero, entre el deseo y el deber, el Devlin que se reúne con Alicia tras recibir instrucciones de sus superiores ya no es el mismo. Friamente comunica a Alicia el siguiente paso: Debe servir de cebo a un amigo nazi de su padre que estuvo enamorado de ella para descubrir lo que él y su peligroso grupo se traen entre manos. Alicia no lo esperaba, ni se cree adecuada ni desea hacerlo… quiere desprenderse de su pasado y además, está enamorada… Espera una señal de Devlin, le reprocha no haberla defendido, pero él calla, no deja vislumbrar a Alicia una pista de lo que siente. No quiere influir en ella. Y tan bien lo hace que una Alicia desconcertada toma la decisión equivocada. En su afán de demostrar a Dev que puede confiar en ella, acepta. Y Dev, decepcionado, la deja echarse en brazos de otro hombre.

Más éxito tendrá Alicia Huberman con un Alex Sebastian loco por ella. Cuando Alicia llega por primera vez a casa de Alex, baja del coche sola y las puertas de la mansión se cierran… entra en escena. No sabe aún cuánto tendrá que fingir a partir de entonces. Su vida será una farsa continua: Deberá fingir amor hacia un hombre al que no ama, se casará incluso con él, sin que de nuevo salga de labios de un Devlin aparentemente indiferente una palabra que lo impida. Y deberá disimular su amor por un hombre al que tendrá que seguir viendo sin poder besar… a menos que el beso forme parte del plan.

Fingirá en su última cita con Devlin, en la que achacará su mal estado a una resaca (qué importa ya…) Aunque él lo ignora, ella ya sabe que Devlin quiere marcharse, y ella ya no tiene fuerzas para luchar. Alicia le devuelve el pañuelo que él anudó a su cintura cuando se conocieron… y le libera.

Pero no fingirá ya en la escalofriante escena en que Alicia descubre la silenciosa manera en que pretenden deshacerse de ella.

Afortunadamente, Devlin sigue pensando en Alicia, en que los últimos acontecimientos no le cuadran, tiene sospechas… Y reacciona! Alicia saldrá en sus brazos de la mansión de Alex Sebastian. La función ha terminado. Y Devlin por fín le ha dicho lo que todos sabíamos… menos ella. Ya sé que entonces no habría película pero, “Ay, Devlin, por qué no se lo dijiste antes?”

Mar.

Una bellísima Ingrid Bergman interpreta a Alicia Huberman en “Encadenados”, dirigida por Alfred Hitchcock en 1946