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CORTE BRUSCO

ene-4-2013 By cinefilo

Existen días , como hoy,que alguien te alegra el día. Es fácil recibir una pequeña- gran sorpresa- que da felicidad. Al abrir el email mi amigo Álvaro de Armiñán me enviaba un artículo publicado por su padre ,Jaime de Armiñán, en la prensa regional sobre José Luis Borau.

La belleza suele ser simple y este texto ,trenzados desde la amistad y el cariño, nos trae el recuerdo de una persona imprescindible en el cine de España pero sobre todo en el amigo que compartía creencias , imágenes y encuentros.

Os dejo el artículo para que disfrutéis.

CORTE BRUSCO​

La puerta de la terraza solía estar abierta en verano. Mi abuela Carmen Cobeña le decía azotea a la terraza, claro que al porche lo llamaba atrio y a una bronca, agarrada. Ya no se usan muchas de las palabras que heredamos del latín, del griego, del árabe, del francés, del inglés e incluso del portugués.

​Añado: érase una vez una noche negra y bochornosa, que así lo decía mi madrina -tía Toya- aficionada a los libros de viajes y a las aventuras exóticas.

​Levanté la cabeza… En el firmamento brillaban millones de estrellas, desde Orión a Casiopea, por abreviar. Agucé el oído: los monos gritaban y las hienas reían, un elefante solitario barritaba aburrido y el lobo aullaba… ¿Era un desafío o un lamento? De pronto rompió aquel telón sonoro el rugido del rey de la selva multiplicado por cien… Y de retirada el autillo se hizo oír… ¿O fue el mochuelo? Silencio… Palmas solitarias… Alguien estaba tocando las palmas al sereno, que hizo sonar su chuzo, golpeando contra las piedras del bordillo de la acera al grito de ¡Voyyy! A estas alturas del viaje no quedan serenos, chuzos, ni autillos.

​Estoy seguro de que aquel no era tiempo adecuado para la pesca de la robaliza y pintaba variable para la salud del humano. El doctor Fleming aún no había inventado la penicilina… No se amontonen… Ya sé, ya sé: la penicilina no se inventa, se descubre, aunque yo pienso -perdón por la irreverente fantasía- que para descubrir la penicilina algo hubiera de imaginar.

Edison (1847-1955) inventó el fonógrafo, creo que así lo aventuran todas las enciclopedias al uso. Y yo me permito añadir a la erudición de los diccionarios que el fonógrafo lo inventó el perro Nipper, un fox terrier de pelo liso berrendo en negro, de hocico afilado y rabo en rosca.
Un día entre los días el buen Nipper se sentó frente al gramófono de su amo -que aquella noche cantaba en Milán- enderezó las orejas y se dispuso a escuchar su aria favorita… Aún sigue dando guerra el buen Nipper y su fonógrafo.

¿Se acuerdan? Ahora suena muy lejos el adiós a la vida: La Voz de su Amo era la de Enrico Carusso y Nipper tenía los ojos llenos de lágrimas… No vale cantar bien… Lo que importa es que alguien nos recuerde y más aún que alguien recuerde a tiempo… La vita!

1957. Arriba o abajo. Mejor arriba, al ático. Algo celebrábamos. Cantaba George Brassens -entre los inmortales ya entonces- cuando sonó el timbre, ladró Popea, sabia y preciosa coker y abrió la puerta Elena Santonja.

Era Manu Eléxpuru, vizcaíno de Bilbao, que llegaba acompañado de un mozo grandullón, de ojos brillantes y sonrisa escondida.

​-Os presento a José Luis Borau, que viene de Zaragoza, donde nació. Es licenciado en Derecho, escribe en “Heraldo de Aragón” y quiere ser director de cine… Ha ganado unas oposiciones al Instituto de la Vivienda y viene a tomar posesión. En Madrid no tiene amigos.

Aquellas fueron, más o menos, las palabras de Manu Eléxpuru, mientras el rugido del rey de la selva, encerrado en la vecina Casa de Fieras del Parque del Buen Retiro, clamaba por su perdida libertad.

Corte brusco. Hoy mismo, enero de 2013. Aún resuena el eco de las campanadas del reloj de la Puerta del Sol (Madrid) que no oyó, ni volverá a oir el querido baturro aragonés, que ya no está en Zaragoza, ni en Pedraza de la Sierra (Segovia), ni en el Cañón del Colorado, ni en Canillejas, ni en Roma, ni en la frontera de México… Río abajo, por cierto.

Madrid, 27 de marzo de 2011. José Luis callaba. Nos habíamos quedado solos en una habitación de hospital. Entró alguien, sin llamar, alguien que resultó ser un médico vestido de paisano. Amonestó al baturro, en plan maestro de escuela y algo así le dijo: ya sabe usted que mañana va a someterse a una operación que será muy larga y muy delicada… Ahora procure descansar. Buenas tardes. Sonrió en la sombra, me echó una mirada inolvidable y desapareció.

Flash back. Erase una noche de aniversario, o el cumpleaños de alguien, cuando el baturro aragonés me firmó en un libro, que yo guardé entre los míos y allí quedó escrito: “Hoy hace treinta años que vine a Madrid a empezar la gran aventura… ¿Quién me iba a decir entonces que…?” Zona discretamente privada, pero no borrada. Y por último: “Un abrazo digno de la efeméride: 11 de enero de 1986”.

Corte brusco. Los recuerdos vuelan, pero de cuando en cuando aterrizan. Marzo de 1980. José Luis Borau tenía una bonita casa en Los Ángeles. Allí fue servidor, con su película “El Nido”. Pero esa es otra historia. Vinieron conmigo Álvaro (veinte años), que llamaba al baturro “tío Borau” y Elena Santonja. Aquella casa, llena de luz, estaba en la colina de Sherman Oaks, cerca del bulevar Ventura USA.

Una noche sorprendí en su jardín a un coyote y otra a un mapache, digo yo que sería un mapache o tal vez un gato crecido…También había pájaros azules, tamaño tórtola… Y erizos y topos, topos peligrosos que oradaban la pequeña pradera del baturro aragonés. Y sobre todos, rompiendo la oscuridad, un cielo iluminado por millones de estrellas. Y las de Hollywood y su Academia, que por culpa de las nominaciones de aquel año estábamos en casa del tío Borau y desayunábamos en una cocina blanca y luminosa… Moscas, pero felices. Elena me mandó una inconveniencia, quizá una palabra rotunda, algo que dejó a José Luís con la taza de té petrificada en la mano… No digas esas palabritas -amonestó- y así saldremos ganando el niño, yo y tú misma.
Esto es lo que se llama una paradoja, pensé entonces y otras veces… ¿Cómo es posible, José Luis que..? Frené el carro a tiempo… JLB hablaba de muchas cosas, de casi todas, incluso de fútbol, del Zaragoza y del Madrid… Pero de él mismo o de sus sueños escondidos, ni de sus sombras, ni de sus luces, ni una palabra… Sin embargo, cuando se guarecía detrás de una cámara o se armaba de pluma estilográfica no tenía freno… JLB hablaba de muchas cosas… Sí… Pero de él mismo, de sus manías, incluso de sus sueños escondidos, ni una palabra… Lo que pasa es que tú eres hijo único… Me decía… Y tú también.

No me cuentes penas, diría Juncal y Juncal nos hubiera llevado a Paco Rabal y Paco Rabal a Buñuel y Buñuel a Viridiana y Viridiana a Lola Gaos y Lola Gaos a Furtivos y Furtivos a José Luis Borau, inolvidable baturro aragonés.

Corte brusco. 14 de noviembre de 2012. Suena un Rock and Roll definitivo.
​Nunca olvidó el teléfono. Ni yo tampoco. Desde nuestra casa de la calle de Amado Nervo mandaba sus crónicas, a cobro revertido, al Heraldo de Aragón. Y nos felicitábamos el día de San José y el de Santiago. Y también el 8 de agosto (Leo, José Luis). Y él me llamaba el 9 de marzo. Piscis, con perdón. Yo también le llamaba el día del Pilar. Día de la Jota. Día del baturro aragonés.

JAIME DE ARMIÑÁN

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