Cinemascope

Cine , Cartelera de Cine, Estrenos, Actores y Actrices

Interesante de nuestros patrocinadores

El chip prodigioso

ene-5-2013 By cinefilo

Director: Joe Dante Intérpretes: Dennis Quaid, Fiona Lewis, Harold Sylvester, Kevin McCarthy, Martin

No sé cuántos de ustedes sepan que KEVIN SMITH, el escritor de comics, conocido mayormente por su papel de actor como SILENT BOB, también es director de cine. Si, ha hecho varias películas. Cómo saber si han visto alguna? Pues, estoy segura que con esta foto, no les quedarán dudas.


original

Así es, Jay and Silent Bob son los personajes que quizá más representen el cine de Smith, cosa que no es mala, pero que me hace pensar en otro par de seres igual de importantes para la filmografía de Kevin y son: Dante Hicks y Randal Graves! Que quienes son? Otro par insuperable en las historias de Silent Bob. Personajes principales de Clerks, la primera película de Kevin, desde mil novecientos noventa y cuatro! El director cuenta que para poder hacer realidad este film que, en realidad salió medio ¨barato¨ (le costó veintisiete mil quinientos setenta y cinco dólares), tuvo que vender gran parte de su colección de historietas, cosa que, me imagino, que después de años no le jodería tanto porque seguramente la mayoría de sus comics eran de los escritos por Stan Lee, ser que no solo ha tenido apariciones en alguna de sus películas, pero con quien, estoy segura, lleva una vida amical bastante buena.


1994 Clerks (ing) 01

Dante y Randal se desenvuelven en un mundo blanco y negro, lleno de un humor gris oscuro que golpea de ida y vuelta. Si tú pensabas que tu vida era una mierda… espérate a conocer la de Dante y si pensabas que tu amigo era un hijo de puta por burlarse de tus problemas, lo vas a querer más después de haber conocido a Randal. Harto sarcasmo, harta burla, harta realidad. Diálogos cortos y precisos. La ironía necesaria. Eso es Clerks uno.

Quién diría que después de doce años, Kevin Smith lanzaría una segunda parte de esta trama. Clerks dos se estrenó en el dos mil seis, vino renovada, esta vez era a color, si, pero no por eso menos cruel. Dante, Randal, Jay and Silent Bob se reunían después de mucho tiempo solo para darse cuenta que lo único que era distinto era eso, el tiempo. Que ellos seguían siendo los mismos desafortunados, sarcásticos, fumones, sensibles e inimitables seres en el estado de New Jersey. Lugar que Hicks piensa abandonar a toda costa para ser ¨mejor¨, pero que después de un largo último día de trabajo en un restaurant de comida rápida… se sorprenda considerándolo.


clerks2pv1

Hoy recordé estas dos películas, todas las de Smith que he visto, en verdad y…me puse a buscar noticias sobre él. Encontré una que me causó mucha alegría, pero también mucha pena… Kevin Smith va a lanzar Clerks Tres! wuju! Lamentablemente, lo hará como despedida del mundo del cine.

Es triste que un director tome esta decisión siendo tan joven. En lo personal, me jode porque he disfrutado mucho con sus largometrajes, me hubiese gustado seguir haciéndolo con otros nuevos. Aunque no evitaba sentirme contenta y ansiosa por el estreno de Clerks. Sensación que se volvió medio extraña al ver un video en el que aparece Kevin, hace unos meses, diciendo que Clerks tres sería una obra de teatro que se estrenaría en Broadway. Si, así como lo leen. Escúchenlo de él mismo.


Obviamente, las ideas se me dispararon por doquier. Por qué carajos? o cómo? o …uh?


Hace un rato me calmé, al toparme con este Tweet que el director en cuestión colgó ayer.


clerksss

Espero que pronto haya un anuncio más claro de todo esto, porque se me hinchan las pelotas que no tengo. Yo quiero ese aliento oloroso del Clerks de la vieja escuela… Ojalá que así venga. Los mantedré actualizados sobre este tema.





N.

“Red State”, por José Luis Muñoz

sep-28-2012 By cinefilo

José Luis Muñoz

¿Existe alguna diferencia entre los fundamentalistas islámicos de organizaciones terroristas, como Al Qaeda, y ese conglomerado de sectarios cristianos, que proliferan como hongos en EEUU, y para los que todo tiene tufo a Diablo? Pues no, viene a decir Kevin Smith, escritor, autor de comics y realizador (Clerks, Mall Rats, Chasing Amy, Jersey Girl) de esta incómoda película en la que, como en Dogma, ajusta cuentas con una determinada forma de entender la religión y llega avalada por el festival de Sundance y por el reciente y merecido premio a la mejor película conseguido en el Festival de Sitges. Y es que yo, viendo algunas secuencias del film, tenía muy presente una estremecedora foto del ejecutivo en pleno de Bush hijo rezando después de ordenar arrasar un país, Irak, y acabar con cientos de miles de vidas.

Y que conste que Red State está lejos de ser una película redonda (su último tercio desvaría y su final es decepcionante) pero sí muy digna de verse por lo que dice y denuncia, y por cómo se articula ese mensaje en la narración cinematográfica. Red State es, en realidad, tres películas en una, porque lo que empieza como la típica comedia de adolescentes descerebrados que sólo piensan en el sexo y acuden a una cita a ciegas con una mujer madura se convierte, bruscamente, en una cinta terrorífica, tipo La matanza de Texas, para acabar como película de acción con reminiscencias de western o de balacera de Tarantino. Y es esa ensalada genérica (falsa comedia de adolescentes, terror gore y trhiller de acción) la que la hace tremendamente atractiva.

Si hay algo que inquieta en Red State y haga que el espectador se remueva en su asiento, es esa permanente invocación a Dios de la que hacen gala los seguidores de esa iglesia de Five Punts Church, una de las miles que se encuentran en la Norteamérica profunda que interpretan la Biblia a su manera, para castigar a los que pecan contra el sexto mandamiento (los sodomitas, maldecidos una y mil veces en Las Sagradas Escrituras) conculcando, para ello, abiertamente el quinto (no son semejantes, por lo tanto podemos exterminarlos).

No hay nada gratuito en el film de Kevin Smith, de violencia seca y sin regodeos de ningún tipo y con escenas de acción filmadas cámara al hombro. Es la historia que explica el director de Clerks tan veraz, aparte de verosímil, que seguramente la hayamos leído en los diarios. Se inspira en los sectarios de Waco que, refugiados en una granja, vendieron caras sus vidas (ardieron con su iglesia fortín tras un asalto de la policía) y en esas grupos de cristianos renacidos que acuden a los funerales de los gais, con el propósito de insultarlos, o que consideran todos los desastres de la naturaleza (terremotos, tsunamis, inundaciones) y del hombre (guerras, 11 S) obra de la mano de Dios, de su espada vengadora, para erradicar el pecado de la tierra. Los retorcidos seguidores de la Five Punts Church, un grupo pequeño y endogámico (todos están relacionados por vínculos de sangre y obedecen a su patriarca sin cuestionar una sola de sus órdenes) asesinan a ritmo de versículo bíblico, como los terroristas de Al Qaeda degüellan a sus víctimas con invocaciones al Corán. Su ideología ultraconservadora se nutre de las doctrinas de los cristianos renacidos, creacionistas, supremacistas blancos, la Asociación Nacional del Rifle y un odio y no reconocimiento al Estado, al que acusan de todos los males, lo que les convierte en libertarios retrógrados.

Kevin Smith ha contado para su último film con un reparto muy ajustado a lo que quería contar, incluso en cuanto a los rasgos físicos de los actores secundarios que interpretan a los sectarios. John Goodman, como jefe policial con profundas dudas morales sobre su actuación (el director, en ese último tercio fallido del filme, carga también contra el uso desproporcionado de la fuerza); Melissa Leo, grandísima actriz, como cebo de los adolescentes, fanática matriarca del grupo y ciega ejecutora de las órdenes de su padre; y, sobre todo, por encima del resto del reparto, Michael Parks (el angelical Adán de La Biblia de John Huston) en su enloquecida y muy creíble interpretación del pastor Abin Cooper, el dueño de ese rebaño sanguinario. El largo sermón religioso que se marca, con referencias a multitud de versículos de la Biblia, desde el púlpito de su Five Point Church es la secuencia más terrorífica de esta película que retrata una realidad social tan americana como el Playboy o la Coca-Cola.


“Necesitamos hablar de ese hijo de p…”

 (a partir de la película “Tenemos que hablar de Kevin”)

 

  

Inserción de último momento

 Por una de esas mezclas entre causas y azares,

al terminar de escribir el borrador de esta nota

me entero de la matanza de Denver en pleno estreno de Batman….

  

Una de Chiche y Mauro (1)

Tenemos que hablar de Kevin en su título original es “Necesitamos hablar de Kevin”. Las resonancias de esa necesidad se pierden en la traducción, pero son las que sostienen el deslizamiento de recuerdos de la mamá de este hijo de puta.

Cuando yo era niño esa expresión se atenuaba sustituyéndola por un “hijo de mala madre”. Pero en este llamar las cosas por su nombre del título (supongamos que esto a veces resulte un poco menos imposible), no hay ninguna apreciación moral en juego sino la puntuación del lugar de Kevin, el hijo de Eva, en este discurso que resulta ser la película que filmó Lynne Ramsay, basándose en una novela que fuera escrita también por una mujer. Ese discurso tejido entre lo que la madre recuerda y lo que de eso le retorna en situaciones como la de la trompada de otra madre: “me lo tengo merecido”.

Un quesito para tentar ratones

La película puede resultar, entre otras cosas, una buena trampa para psico-especialistas. Planteada como una sucesión de recuerdos de Eva alrededor de su relación con su hijo durante los primeros dieciséis años de éste (todo lo previo al momento en que Kevin realizara la peor de sus acciones), enhebra un rosario de episodios contados desde la perspectiva materna.

El recuerdo de Eva respecto del estado de ánimo en el que estaba durante el embarazo. O el del día en que naciera Kevin…

… o el de la impotencia en la que la sumergía aquel llanto incontrolable del recién nacido (al punto de arrastrala a llevar el cochecito con el bebé berreando justo al lado de una perforadora de pavimento para, al menos por un instante, poder proteger ese órgano, que a diferencia de la boca o de los ojos, no cuenta con recursos para cerrarse por sí mismo: su oído)…

…son todos una invitación a que un oyente alimentado por cierto modo de entender el psicoanálisis termine por descerrajar el tan fatigado “Kevin no fue un niño deseado por la madre”. El mismo con el que se concluyen tantas veces las perseverantes anamnesis en las entrevistas con padres, por ejemplo.

Así también el llamado que da título a la película (2), dirigido por Eva a su marido, y la respuesta que de éste obtiene, podrían precipitar a tal “oyente psi” a decir: “la función paterna opera de modo fallido, reduplicando la impotencia materna”. Uf.

Impotencia materna que acaso, como siempre sucede con la impotencia, resulte en definitiva un poder no poder. En este caso: poder no poder matar a ese hijo. De allí lo beneficioso que es para un psicoanálisis tratar la impotencia sin poner el norte en destrabarla, en habilitar lo que se quiere poder y no se logra… sino apuntando a conmover el estatuto de dilema que suele tener ese deseo inconciente. En otros términos: problematizar el dilema disolviendo la falsa opción que se cristaliza en “o lo mato o me sigo esforzando por ser una madre civilizada”.

Juguemos a que sí

Estoy convencido de que un psicoanalista no puede decir nada, que no sea “orinar fuera del tarro”, respecto de casos como los de Eva y Kevin. Sencillamente porque ninguno de ellos le está dirigiendo la palabra… y el psicoanálisis sólo existe allí, gracias a la transferencia. Pero relatos como el protagonizado por la gran  Tilda Swinton (3) resultan un buen disparador para proponer juegos como éste: imaginemos que Eva fuera a ver a un psicoanalista y planteara que se siente culpable de las conductas de su hijo.

Como cuestión básica, al escucharla necesitaremos saber que ninguna acción de los padres es suficiente para explicar el por qué de la conducta de un hijo. Si quieren podríamos decir: “pero influyen”. Está bien, concedamos ese margen. Pero eso y decir nada… es lo mismo. Porque no sabemos en qué influye ni cómo. No sabemos qué de lo dicho/hecho por un padre o pariente es tomado por el niño ni tampoco el cómo.

Una vez corridos del lugar de querer entender con la mamá por qué Kevin “salió como salió”, lo que necesitaremos es aceptar que Eva es culpable. Claro, como enseñaba Freud: una cosa es que sea culpable y otra cosa es que sepa de qué. Es culpable porque ella así se presenta. Puesto bajo signo de interrogación el objeto de su culpa, se posibilita el camino para una consulta psicoanalítica. Eliminado de nuestra escucha el tentador “ella es culpable de lo que hizo Kevin”, necesitaremos alojar su culpa. No rechazarla ni trivializarla. Permitir que se despliegue, que se dialectice.

Es que sólo así podrá perder la culpa su función primordial: la de taponar lo que no cesa de no inscribirse. Es que mucho más desgarrador que decir “yo fui la culpable”: es encontrarse con que “nada de lo que encuentre en la historia mía con Kevin terminará de explicar este horror”.

¿Qué restará?. Un largo camino: el que acaso transforme la culpa en responsabilidad. Responsabilidad no respecto de los actos de su hijo, responsabilidad en relación a su deseo y su goce (los de ella). Responsable de sus ideales, de lo que pretendió y de lo que pudo. Lejos de juzgar el pasado, una apuesta a que aún en la tierra arrasada, Eva tenga la posibilidad de hacer sin que ninguna carta marcada decida por ella su próxima apuesta. Un largo camino. Pero en fin, ¿hay algo más importante en la vida que tomarse ese tiempo?.

Lic Guillermo Cabado,

psicoanalista

(1) Señores que suelen sostener sus programas en la televisión argentina alrededor de historias como la de Kevin. En general con la colaboración de una tropa de “especialistas psi” que despliegan sus mapas sobre “la mente criminal”.

(2) Aunque el efecto que produce en los espectadores, haga que en muchos casos también nosotros necesitemos hablar de Kevin

(3) Sugiero esta nota sobre la excelente Tilda Swinton, Eva,  que entre otras cosas, también en 2011, protagonizó un personaje conocido por todos los que amamos a Pizarnik, la condesa Báthory.


“Necesitamos hablar de ese hijo de p…”

 (a partir de la película “Tenemos que hablar de Kevin”)

 

  

Inserción de último momento

 Por una de esas mezclas entre causas y azares,

al terminar de escribir el borrador de esta nota

me entero de la matanza de Denver en pleno estreno de Batman….

  

Una de Chiche y Mauro (1)

Tenemos que hablar de Kevin en su título original es “Necesitamos hablar de Kevin”. Las resonancias de esa necesidad se pierden en la traducción, pero son las que sostienen el deslizamiento de recuerdos de la mamá de este hijo de puta.

Cuando yo era niño esa expresión se atenuaba sustituyéndola por un “hijo de mala madre”. Pero en este llamar las cosas por su nombre del título (supongamos que esto a veces resulte un poco menos imposible), no hay ninguna apreciación moral en juego sino la puntuación del lugar de Kevin, el hijo de Eva, en este discurso que resulta ser la película que filmó Lynne Ramsay, basándose en una novela que fuera escrita también por una mujer. Ese discurso tejido entre lo que la madre recuerda y lo que de eso le retorna en situaciones como la de la trompada de otra madre: “me lo tengo merecido”.

Un quesito para tentar ratones

La película puede resultar, entre otras cosas, una buena trampa para psico-especialistas. Planteada como una sucesión de recuerdos de Eva alrededor de su relación con su hijo durante los primeros dieciséis años de éste (todo lo previo al momento en que Kevin realizara la peor de sus acciones), enhebra un rosario de episodios contados desde la perspectiva materna.

El recuerdo de Eva respecto del estado de ánimo en el que estaba durante el embarazo. O el del día en que naciera Kevin…

… o el de la impotencia en la que la sumergía aquel llanto incontrolable del recién nacido (al punto de arrastrala a llevar el cochecito con el bebé berreando justo al lado de una perforadora de pavimento para, al menos por un instante, poder proteger ese órgano, que a diferencia de la boca o de los ojos, no cuenta con recursos para cerrarse por sí mismo: su oído)…

…son todos una invitación a que un oyente alimentado por cierto modo de entender el psicoanálisis termine por descerrajar el tan fatigado “Kevin no fue un niño deseado por la madre”. El mismo con el que se concluyen tantas veces las perseverantes anamnesis en las entrevistas con padres, por ejemplo.

Así también el llamado que da título a la película (2), dirigido por Eva a su marido, y la respuesta que de éste obtiene, podrían precipitar a tal “oyente psi” a decir: “la función paterna opera de modo fallido, reduplicando la impotencia materna”. Uf.

Impotencia materna que acaso, como siempre sucede con la impotencia, resulte en definitiva un poder no poder. En este caso: poder no poder matar a ese hijo. De allí lo beneficioso que es para un psicoanálisis tratar la impotencia sin poner el norte en destrabarla, en habilitar lo que se quiere poder y no se logra… sino apuntando a conmover el estatuto de dilema que suele tener ese deseo inconciente. En otros términos: problematizar el dilema disolviendo la falsa opción que se cristaliza en “o lo mato o me sigo esforzando por ser una madre civilizada”.

Juguemos a que sí

Estoy convencido de que un psicoanalista no puede decir nada, que no sea “orinar fuera del tarro”, respecto de casos como los de Eva y Kevin. Sencillamente porque ninguno de ellos le está dirigiendo la palabra… y el psicoanálisis sólo existe allí, gracias a la transferencia. Pero relatos como el protagonizado por la gran  Tilda Swinton (3) resultan un buen disparador para proponer juegos como éste: imaginemos que Eva fuera a ver a un psicoanalista y planteara que se siente culpable de las conductas de su hijo.

Como cuestión básica, al escucharla necesitaremos saber que ninguna acción de los padres es suficiente para explicar el por qué de la conducta de un hijo. Si quieren podríamos decir: “pero influyen”. Está bien, concedamos ese margen. Pero eso y decir nada… es lo mismo. Porque no sabemos en qué influye ni cómo. No sabemos qué de lo dicho/hecho por un padre o pariente es tomado por el niño ni tampoco el cómo.

Una vez corridos del lugar de querer entender con la mamá por qué Kevin “salió como salió”, lo que necesitaremos es aceptar que Eva es culpable. Claro, como enseñaba Freud: una cosa es que sea culpable y otra cosa es que sepa de qué. Es culpable porque ella así se presenta. Puesto bajo signo de interrogación el objeto de su culpa, se posibilita el camino para una consulta psicoanalítica. Eliminado de nuestra escucha el tentador “ella es culpable de lo que hizo Kevin”, necesitaremos alojar su culpa. No rechazarla ni trivializarla. Permitir que se despliegue, que se dialectice.

Es que sólo así podrá perder la culpa su función primordial: la de taponar lo que no cesa de no inscribirse. Es que mucho más desgarrador que decir “yo fui la culpable”: es encontrarse con que “nada de lo que encuentre en la historia mía con Kevin terminará de explicar este horror”.

¿Qué restará?. Un largo camino: el que acaso transforme la culpa en responsabilidad. Responsabilidad no respecto de los actos de su hijo, responsabilidad en relación a su deseo y su goce (los de ella). Responsable de sus ideales, de lo que pretendió y de lo que pudo. Lejos de juzgar el pasado, una apuesta a que aún en la tierra arrasada, Eva tenga la posibilidad de hacer sin que ninguna carta marcada decida por ella su próxima apuesta. Un largo camino. Pero en fin, ¿hay algo más importante en la vida que tomarse ese tiempo?.

Lic Guillermo Cabado,

psicoanalista

(1) Señores que suelen sostener sus programas en la televisión argentina alrededor de historias como la de Kevin. En general con la colaboración de una tropa de “especialistas psi” que despliegan sus mapas sobre “la mente criminal”.

(2) Aunque el efecto que produce en los espectadores, haga que en muchos casos también nosotros necesitemos hablar de Kevin

(3) Sugiero esta nota sobre la excelente Tilda Swinton, Eva,  que entre otras cosas, también en 2011, protagonizó un personaje conocido por todos los que amamos a Pizarnik, la condesa Báthory.