Cinemascope

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LA MAGIA DEL CINE

Escribir una crítica sobre Luces Rojas es muy difícil. Y lo es porque no se debe dar ninguna información sobre el argumento de la cinta para ir a verla “virgen” y lograr entrar a la sala de cine con la mente bien abierta y sin esperar nada… hacer que el director pueda sorprenderte. Y créanme que lo hace y con creces. El gallego Rodrigo Cortés, realizar de la muy estimulante Concursante y de la correcta Buried, parece haber tomado el relevo de Alfred Hitchcock y se está dedicando a rodar thrillers con una atmósfera cargada de misterio y suspense.

Brevemente, el argumento del film gira en torno a dos profesores universitarios (Sigourney Weaver y Cillian Murphy) que trabajan desenmascarando a timadores que se hacen pasar por videntes o médiums. Creen en lo racional, en que no hay nada más allá de la muerte, en que lo paranormal es fruto de la imaginación… hasta que un famoso médium (Robert De Niro) vuelve a realizar espectáculos desde que lo dejara 30 años atrás debido a un desafortunado suceso. Y no diré nada más, todo el misterio que Cortés quiere contarnos lo tendrán que descubrir en el cine, y, si mi opinión les sirve de algo, merece mucho la pena.

Tanto la dirección de actores como las propias interpretaciones son estupendas (atención a un Cillian Murphy en estado de gracia, una Sigourney Weaver magistral y un Robert De Niro más que contenido), la atmósfera densa que impregna poco a poco a la cinta es fantástica, y, sobre todo, se agradece que un thriller tenga un guión sólido, donde se nos quieren contar cosas, se nos quiere hacer pensar y los trucos no son más que chorros de talento que le salen por los poros al director. No puedo hacer otra cosa que recomendar la cinta, entren al mundo de Luces Rojas y no tengan miedo por ver lo que se van a encontrar.

Lo Mejor: La dirección de Cortés, los actores, la densa atmósfera y el guión.

Lo Peor: Algún que otro altibajo en el ritmo pero se recupera hacia el brillante final.

Puntuación: 9 / 10

La invención de Hugo

feb-26-2012 By cinefilo

Supongo que todos los que vienen a decirme en mayúsculas que no tengo ni puta idea de cine, en los comentarios de The Artist, y que argumentan que en el cine lo importante no es la historia, deben de aborrecer profundamente esta película, al señor Scorsese y el discurso que a los espectadores de cine hace el personaje de Ben Kinglsey al final de la película. Supongo que simplemente hay películas para que algunos se llamen así mismos, críticos y cinéfilos, y hay películas para quienes van a ver como unos magos, con una cámara y una historia, “fabrican los sueños”. De hecho acabo de leer a uno de los críticos de El Pais, en su twitter decir que esta película no tiene el alma que tiene “Los Descendientes”… alucinante.

No creo que merezca la pena extenderme mucho en el argumento de la película, es mucho mejor descubrirla conociendo lo menos posible. Y basta con saber que es la historia de un huérfano llamado Hugo, que vive en la Gare Montparnasse parisina de los años 30, dando cuerda a los relojes y sobreviviendo como buenamente puede de lo que va afanando, mientras esquiva al guardia de la estación.

Hugo tiene un autómata que estaba reparando con su padre cuando este murió y en ello sigue el chaval, buscando y robando las piezas que necesita. Pero todo empieza a cambiar cuando es atrapado por el juguetero George, intentado robar un ratón mecánico. A partir de aquí Hugo conocerá a la niña que vive con el juguetero y su mujer y ambos intentaran reparar el autómata y descubrir de paso, unos cuantos misterios del pasado de todos.

Eso es todo lo que hay que saber, el resto es la magia del cine. El resto es una historia a descubrir y que a poco que uno ame el cine, le atrapará, cautivará sin remisión y emocionará, y no hace falta que nadie os de ningún carnet de cinéfilos, ni de críticos. No hace falta que nadie os asegure que sabéis o no que no sabéis de cine, quien sabe de cine es el director y los cineastas y ellos son los que con su “magia” hacen que al acabar esta película tengáis esa sensación que tenéis. Esas sensaciones, esas emociones, ese maravillarte y ese disfrutar de cada instante desde que Ben Kinglsey se siente frente a la cámara, nos mira a los ojos y nos cuenta su historia, todo eso es el cine, el cine con mayúsculas, y lo de arrogarse títulos de expertos o críticos, queda tan vacío y pueril, que sobra ante un cine repleto de gente satisfecha y emocionada.

Y como contrapunto a los ejercicios de estilo y a los artificios, Martin Scorsese usa todos los medios a su alcance para contar un historia que merece cada nominación que ha recibido. Usa el mejor 3D que he visto nunca en una película, y no lo usa como un protagonista mas, solo como un recurso narrativo, para ciertos planos imposibles y como simple apoyo. Mención absoluta para las interpretaciones de un soberbio Ben Kingsley y un Asa Butterfield como Hugo, que es desde ya garantía absoluta de que va a comerse la pantalla y a ganarnos a todos dentro de poco cuando le veamos dar vida a Ender Wiggin.

Nota también para el cameo que se reserva el propio Scorsese y para Sir Christopher Lee que en su papel de librero, y de amante (una vez mas) de las historias, liga el amor por ellas, con el amor al cine, siendo el medio solo una evolución de lo que realmente importa, digan lo que digan los gafapastas, contar historias y llevarnos a ellas, los libros con nuestra imaginación y el celuloide con la imaginación de terceros.

Película rozando la perfección, un puñetazo en la mesa de los académicos de Hollywood reclamando que se recuerden las cosas importantes que hacen del cine lo que es y una muy seria candidata a llevarse los Oscars a mejor película y mejor director, así para empezar. Imprescindible verla y aunque esta para descargar y el bluray a 15 libras, si podéis id a verla al cine, y por una vez merece la pena pagar el extra del 3D. Estoy encantado con la película, encantado, maravillado, emocionado y por ello he querido escribir mi reseña después de verla, aunque sean como son las 2 y media de la mañana. Cine con mayúsculas, y nunca mejor dicho.

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Invadido por la nostalgia de la vida, el cineasta francés Jean Becker, nos presenta la película de “Mis tardes con Margueritte”. Como dos chiquillos, Germain (Gérard Deparidieu) y Marguerrite (Gisèle Casadesus), se conocen por casualidad en un parque. Ella, un cristal antiguo, aficionada por el mundo de la lectura; mientras él, tosco, casi analfabeto, parecen estar separados a años luz. Sin embargo, en medio de abismos, de una sociedad intolerante, la lectura los une.

Aquella tarde, Germain se sienta a su lado. La anciana comienza a leerle extractos de novelas, haciéndole descubrir no sólo la magia de los libros, también historias parecidas de su infancia. Él, tildado de idiota por sus amigos del café-con sus nuevas historias aplicadas a la vida-, pasa a ser respetado. Pero la vejez causa que Margueritte vaya quedando ciega, lo que estimula a que Germain, aprenda a leer, para leerle cuando ella ya no pueda hacerlo.

Aunque es una trama sencilla, cotidiana, se torna exagerada en el instante que exaspera los encuentros, en fantasiosos- un extraño leyéndole un libro a otro-. Basada en la novela de Marie-Sabine Roger, muestra una visión conservadora y una utopía sobre la realidad. Asimismo, la personalidad del director, se ve claramente expuesta, en valores como el respeto, amor y bondad fuera de foco bajo la violencia social que se vive actualmente, a nivel mundial.

La película interpreta adecuadamente la exclusión social en la sociedad occidental, donde  el analfabeto y la vieja,  no son competentes en una economía capitalista. Los escenarios utilizados son básicamente tres. Las secuencias transcurren linealmente  por medio de la fotografía y la iluminación cálida, excepto algunos flashbacks  sobre la infancia del personaje Germain, haciendo que el filme sea más dinámico y rítmico. Sin ser un film dedicado a escenarios esplendorosos, vestuarios mágicos, fotografía grandiosa, cumple el objetivo de adentrarse a través de la historia y los diálogos en situaciones humanas y comunes de dos seres muy distintos. Esta técnica permite cierta identificación con los personajes por parte del público, lo que resulta en una trama que cautiva los sentimientos del espectador.

El mensaje puede parecer claro para algunos, pero invita a una constante reflexión conforme avanzan las distintas situaciones. Las relaciones no importa de qué índole empieza y terminan cuando aprendes del otro. Margueritte llegó a la vida de Germain para hacerle ver que no está sólo, para transmitirle su conocimiento y hacerlo crecer como persona. El amor que le hizo falta a él, de alguna u otra forma lo recibió de aquella amiga del parque, Margueritte fue receptor de un cariño inmenso guardado dentro del corazón de Germain.

Un filme lleno de sentimientos positivos, altamente recomendado para una tarde tranquila, con el deseo de meditación y distracción a través de un tierno relato.

Por Blanca Cerdeira  y Lucía Dalenz

¡Una buena recomendación para ver en el cine!¿Qué os parece? ¡Ideal para mirar con Bubblets en la boca!

Arrugas no es un cómic cualquiera. Es el tebeo que ha demostrado que Paco Roca es un maestro, es el tebeo que viñetizó el alzhéimer. Repleto de aciertos visuales, de recovecos artísticos que trasladaban al lector al pavoroso mundo de Arrugas la películala pérdida de la memoria, Arrugas describía el proceso de degradación de Emilio, director jubilado de una sucursal bancaria, en su día a día en una residencia. Arrugas  ahora es película. Y qué película. Producida por Manuel Cristóbal, que rechazó ofertas para hacerla con actores reales, “porque hubiera perdido la magia”, dirigida por Ignacio Ferreras, responsable de los dibujos que captan perfectamente la línea de Roca, el filme se ha proyectado a primera hora de la mañana. Y con gran responsabilidad: era la primera vez que Paco Roca la veía.

El autor, Premio Nacional del Cómic en 2008 por este trabajo, no parecía muy nervioso antes de la proyección. Charlaba intrascendente con Ferreras, sentado a un lado, y con este periodista, al otro, sobre casas y lugares de trabajo. Durante la proyección, un par de preguntas del artista al director sobre algún cambio y decisión. El resto, silencio respetuoso en toda la sala, acompañado de algún murmullo de lágrimas al fondo. A los 87 minutos acaba la sesión. Aplausos. Los primeros espectadores salen corriendo y se pierden un regalo. Rosa Lema, de 101 años, demencia senil, canta una canción, un tesoro que encontró el sonidista en una de las residencias que visitó.

Al encenderse las luces, Roca respira aliviado: “Claro que cambian las cosas, incluso los personajes [hay hasta una nacionalidad diferente entre los protagonistas], pero está el espíritu. Tiene lo que yo quería contar”. Cristóbal explica: “El truco de ir a blanco en las viñetas cuando el alzhéimer empieza a devorar sus neuronas no pudimos trasladarlo a la pantalla. No funcionaba”. “No importa”, contesta Roca, “porque sí veo mi tebeo ahí. Me preocupaba el final, cómo iban a cerrarse las tramas y si el remate aguantaba. Está claro que sí”. Gira a su derecha y abraza a Ferreras, que le estaba mirando de reojo, con cierta precaución. “Felicidades”.

Otra cosa es cuándo se podrá ver en los cines el filme. Estos días, con la película ya acabada, Cristóbal está cerrando la distribución comercial. “Quería hacerlo con Arrugas en la mano, que la vieran y supieran su potencial”. Visto esta mañana su primer pase, lo tiene todo.

Fuente: El Pais