Cinemascope

Cine , Cartelera de Cine, Estrenos, Actores y Actrices

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Mi primer post

ene-4-2013 By cinefilo

Mi primer post. Puedo sentir algo parecido a lo que sintió Neil Armstrong cuando pisó la Luna por primera vez, si es que se ha pisado la Luna alguna vez, una parte de mí me dice que el primer viaje a la Luna fue una peli rodada por Stanley Kubrick en 1969, el director de “2001: Odisea en el espacio” (1968) era un director capaz de rodar algo así con los medios de la época.

la-huella

Pero bueno, alunizajes, conspiraciones, imaginaciones y exageraciones aparte, me animo a escribir en este blog sobre el mundo del cine para soltar la información que llevo dentro como si de Keanu Reeves en “Johnny Mnemonic” (1995) se tratara, así de paso no se la suelto a mis amigos en mitad de un botellón. Por cierto, ellos han sido también una parte importante para hacer el blog, me dicen que tengo mucha información dentro y es hora de soltarla, aunque ni soy ni me considero un experto en el mundo del cine, soy todavía un pequeño saltamontes.

Como diría el T-800 en alma, Arnold Schwarzenegger en cuerpo y Constantino Romero en voz,¡Volveré!

De Georges Méliès a Neil Armstrong.

ago-31-2012 By cinefilo

Homenaje  al Comandante Neil Alden Armstrong

Le Voyage dans la Lune (Viaje a la Luna) es una película francesa de 1902, en blanco y negro, muda y de ciencia ficción dirigida por Georges Méliès y escrita en compañía de su hermano mayor Gastón Méliès. Está basada en dos grandes novelas literarias, que son: “De la Tierra a la Luna”, de Julio Verne y “Los primeros hombres en la Luna”, de Herbert George Wells. La película dura 14 minutos con 12 segundos a una velocidad de 16 fotogramas por segundo.

Este corto ha sido combinado con escenas del viaje del apollo 11 en 1969 – como tributo a todos aquellos  visionarios de antes y principios del siglo XX que  siempre soñaron con explorar otros planetas.

Le Voyage dans la Lune: Apollo 11

{ Viaje a la Luna con George Méliès y Neil Armstrong }

(casi) Todo entra por los ojos

ago-25-2012 By cinefilo

Por: Alberto Luna

En pocas oportunidades me he encontrado cautivado por alguna película tan sólo con haber visto el título, esa parte tan importante que juega como introducción en ciertos casos. Existen títulos que me han sobrecogido ampliamente y cabe resaltar que estos pueden ser bastante engañosos; en este momento se me ocurren dos: el primero, “Los amantes del círculo Polar”, el título sugiere más de lo mismo -amantes- , pero explorados en otras latitudes; el segundo es “El fin del mundo en 35mm”, título contundente también, pero grande fue mi desilusión luego de verla, al descubrir que la traducción literal al español sería “Quemadura de cigarrillo”, que si bien no resultó un fiasco, tampoco estuvo a la altura del fraudulento título con el que la adquirí. A lo que quiero llegar con esto es que el título (esa parte tan difícil de hallar para algunos cuentistas o escritores, como también para cineastas o artistas en general; yo hablo de esto, desde mi lugar de enunciación como escritor aficionado que soy) me ha guiado a lo largo de muchas compras aleatorias en cuanto a cine y literatura sobre todo. De ahí viene el título de este post.

La película que abordaré hoy no escapa de esta suerte de violenta selección prejuiciosa; fue elegida por mí bajo los parámetros brevemente mencionados: “71 Fragmentos de una cronología del azar”, sencillamente avasallador, me resultó imposible dejarla de lado, y por culpa de ella y mi poca solvencia, tuve que renunciar en su lugar alguna otra que también me interesaba pero con alguna carencia nominal que la hizo perder puntos ante mi extraño sistema selectivo. El director es Michael Haneke, el mismo que se encargó de esa otra película que me han recomendado hasta el cansancio llamada “Funny games”, precisamente 71 fragmentos cierra un cicló de tres películas con el tema de la violencia, del cual “Funny games” es la segunda entrega.

La película es aburrida y me recordó mucho a “Elephant”: unas cuantas porciones de la vida cotidiana en la que no sucede mucho, explorando la rutina de algunas personas hasta llegar al desenlace, el cual tampoco resulta ostentoso. Sin embargo, cuando digo que es aburrida no quiero decir que sea mala, por el contrario, ese aburrimiento y tedio en la narración es lo que la hace tan brillante. Hasta donde tengo entendido, a Haneke le encanta proponer más que mostrar, es decir, él prefiere darle un papel más activo al espectador, hacerlo pensar o que realice su verdadera labor como alguien que pretende consumir cine. No he tenido la paciencia para contar los fragmentos, cada plano viene seguido de un fundido en negro que deja muy claras las divisiones e invita a pensar que cada escena que se muestra es un evento aislado o, a lo mucho, una sucesión de eventos intercalados.

La película inicia con una noticia sobre la guerra, lo que vendría a ser el fragmento 1 y que al mismo tiempo le da un plus realista, ya que parece sumergirnos en un documental (el primer fragmento es el extracto de un noticiero real), posteriormente y sin ser muy obvio la película juega a escapar de la violencia que nos presentó al principio insinuando ser el eje de la historia, para sumergirnos en otros tipos de violencia menos ligados a las armas o la agresión física, y más cercanos a las relaciones humanas, las mismas que son exploradas de manera magistral con muy pocos diálogos, planos estáticos y eventos cotidianos. A pesar de esto, el final -tal y como sucede en la vida real- nos arranca de esta especie de refractor (por no decir reflector, porque me parece un tanto exagerado) de la vida, a raíz de un evento de violencia explícita fuera de la rutina.

Creo que Haneke se muestra muy lúdico con el espectador, en algunos casos demasiado, tal vez llegando al punto de lo irritante como podrán apreciar en el fragmento (creo que nunca usé mejor esta palabra) que dejo como cabecera de este post. Aunque resulte altamente densa la película y sea toda una hazaña verla sin cabecear un momento, la recompensa es alta; ofrece un goce particular que no debe medirse en intensidad, sino en la calidad del mismo, no te dejará asombrado, no te hará llorar ni reír, no serás una mejor persona después de verla, pero definitivamente algo muy bueno e indescriptible nos deja. “71 Fragmentos de una cronología del azar” es una película sincera en cuanto a la historia y hermosa si hablamos de la forma, cuando se hace un film. Como este sólo existen dos resultados posibles, la gloria absoluta o el fracaso más miserable, no hay puntos medios y, con respectos al que ha sido el tema de esta publicación (no tengo que especificarlo si prestaron atención mientras leían), ya saben cuál de los dos resultados creo que es el obtenido.

Como último punto quisiera aclarar, para evitar conflictos, que no pienso que el cine sea exclusivamente visual, hay mucho de audio y, en otro nivel, mucho de psicología. El título del post va orientado a la descripción anecdótica de que hacía al inicio con relación a los títulos, creo que yo soy muy malo poniéndolos, por eso es que me fascino tanto cuando encuentro alguno realmente imponente.

Por: Alberto Luna

A pesar de que el blog tiene una pequeña presentación, la semana pasada se me ocurrió que esta sección (de la que me encargo, la de cine… ¿no lo habían notado?) no había sido presentada formalmente, es decir, el primer post fue una pequeña reflexión sobre un festival de películas independientes, si no el más importante sí, creo yo, uno con bastante trascendencia. Con el transcurrir de las diferentes entradas del blog creo que quedó relativamente claro qué línea pensaba seguir. Sin embargo he reconsiderado el hecho de hacer una minúscula introducción tardía, la cual no me llevará todo el post, en vista que estoy enterado de aquellos que revisan este espacio y sé que lo hacen precisamente para leer sobre alguna curiosidad del cine. Es precisamente esa característica la que quiero que sea, de alguna manera, el estandarte o la insignia que caracterice mis publicaciones: las curiosidades, aquello que dentro de lo “caleta” incluso es poco más difícil de encontrar; esto no quiere decir que nunca tocaré a otros autores un tanto más comerciales, entre comillas también, como Jeunet, Linklater, etc., los cuales son de mi agrado, pero al mismo tiempo es bastante más simple (o menos complicado) hallar referencias sobre ellos. La base de este blog es la opinión, no presentar un discurso académico de nivel ni nada por el estilo, así que tampoco se debe dudar que cuando tenga algo importante que decir sobre alguno de los autores mencionados o cualquier otro, lo haré sin ninguna clase de reparo.

El tema de hoy me genera una particular satisfacción, hace algunos años alguien me envió un enlace de YouTube, se trataba de un cortometraje español realizado por un tal Nacho Vigalondo (el mismo que dejo como cabecera de este post). Era una producción musical dramático-tragicómica, si es que cabe ponerle algún rótulo, protagonizada por él mismo titulada “7:35 de la mañana”. Éste corto ofrece una muestra de lo que en 8 gloriosos minutos puede hacer una buena historia, algo de utilería y los complementos mínimos necesarios adecuados; posteriormente llegó a mí la ópera prima de este mismo director (además de actor y guionista). Desde que oí de ella sentí que se trataría de una grata sorpresa, no sólo por la experiencia precedente que tuve con el corto anteriormente mencionado, sino también por el título: Los Cronocrímenes.

Es necesario mencionar que si bien me considero un ferviente seguidor del cine independiente y, por tanto, de sus historias, las cuales se encuentran, de alguna manera y sin ánimos de generalizar, un poco más ancladas en la realidad, también me gusta apreciar a los personajes que realizan acciones extraordinarias y más aún si se encuentran dentro de un paisaje urbano o cotidiano, como es el caso de aquella obra maestra llamada “Sin city” (desde mi modesto punto de vista y sin haber podido encontrar aún el comic). Y si a todo eso se le agrega un papel muy activo sobre el tiempo y sus variaciones o, en otro caso, habilidades desarrollables simplemente me enamoro; pero ese es otro tema. Desde la última década, si la memoria y las fuentes no me fallan, se ha iniciado en España una suerte de corriente muy interesante que me sugiere entre líneas el estilo de narración de Quentin Tarantino, ya que he visto trabajos que contienen historias muy bien construidas, interesantes e inteligentes con el plus de amalgamar éstas a géneros muy consumibles como el fantástico con “El laberinto del fauno”, o el de terror con “El orfanato”.

Ahora, Vigalondo, hace su aporte al cine de ciencia ficción con los Cronocrímenes aplicando su talento como narrador y director, a este tipo de películas con una historia realmente interesante y entretenida. El personaje principal, Héctor, es un hombre maduro, casado, quien piensa pasar unos días en una casa de campo junto a su esposa. Mientras reposa en el jardín observa con unos binoculares que en una montaña cercana hay una muchacha desnudándose, decide ir a investigar. Una vez en el lugar se encontrará con un extraño perseguidor quien lo ataca con unas tijeras, el mismo que tiene la cara cubierta por una especie de vendajes rosados, luego de algunos contratiempos, Héctor llega a una estación científica y se esconde, por sugerencia del científico que opera el lugar, en un extraño cilindro el cual en realidad resulta ser una máquina del tiempo, la cual lo regresa una hora en el pasado y así es como se convierte en Héctor 2, ya que en ese tiempo ya existía otro Héctor que se encontraba en el mismo lugar en el que estaba él, ahora Héctor 2, una hora antes. Y ¿por qué cuento esto? Normalmente no suelo comentar con tanto detalle todo o parte del argumento, pero en esta ocasión es necesario para que quede un poco más claro el tipo de guión con el que nos topamos, uno con algunas referencias científicas, sobre todo aquellas que están orientadas a la alteración y el viaje temporal, basado en el “principio de autoconsistencia de Novikov” además de la visión de un héroe bastante casero, improvisado y, más que nada, coyuntural.

De esta manera Nacho Vigalondo propone o, mejor dicho, continúa con esta nueva licencia narrativa que ha adquirido el cine hispano apelando a la ficción (no en la definición extensa de la palabra), y así el qué se cuenta, se renueva sin que el cómo se cuenta se vea afectado ni pierda calidad, estética o de la forma que se le prefiera llamar facilitando de esta manera su consumo y digestión (no es mi intención ser muy metafórico ni gastronómico), ya que es bastante difícil para alguien no familiarizado con el cine independiente no comentar cosas como “es aburrido” o “nunca sucede nada”. Muy recomendable y además fácil de conseguir en comparación con los otros títulos revisados anteriormente.

Escuela de Guión de Madrid

abr-1-2012 By cinefilo

En pleno corazón de Madrid, se encuentra la Escuela de Guión de Madrid. Dirigida por Alicia Luna (Pr