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Carmencita y los seis enanitos

oct-19-2012 By cinefilo

Son muchos quienes (aún sin ver la película) criticaron a la Blancanieves española de Pablo Berger. El odio hacia el toreo y a la exaltación de un cultura “asesina” es una de las claves por las que esta película ha sido criticado por aquellos que, antes de ver la película o tener la mínima idea de arte, han tenido la valentía de desprestigiarla. Sin embargo, y gracias a los siete dioses, quienes han acudido a las salas de cine han respondido a todos ellos con la verdad de esta película.

Entre toros y flamenco se rodea una historia que no es de ello y que sabe tratar ambos temas sin resultar aburrido ni exasperar al más fanático de los antitaurinos. Pues siguiendo con este punto, muestra el verdadero arte del toreo que es el capote y no la espada.

Pero no es esto lo más importante de la película.

La película cuenta la historia esencial de Blancanieves. De principio a fin y, tal vez sea ese el principal problema de la narración.

Una niña maltratada, un padre ejemplar, una madrastra malvada, un “cazador” sirviente de la bruja, unos enanitos que son la alegría de la película, un príncipe de verdad… Unos personajes completos y, quizás, bastante estereotipados lo que le resta profundidad a la historia. Claro que, ¿no se trata de un cuento infantil?

El principal problema del film es que, por querer seguir la historia de Blancanieves de principio a fin, acaba teniendo un guión flojo, es decir, cada acto del cuento original está introducido un poco con calzador en la película. Que ahora toca que Carmencita (Blancanieves) se quede huérfana, pues venga. Que toca que la mate el “cazador”, que la manzana… Cosas que, sin resultar cargantes en la película no evitan un resoplo, aunque este sea mínimo.
Otro de los problemas es la redundancia. Hay elementos de la historia que el espectador ya sabe y que la interpretación de los actores les transmite. Valga por ejemplo la aparición de Pepe en el plato o la escena del lavado de ropa (escena con un contenido simbólico perfecto de haberse tratado de otro modo).
Estos son los dos principales problemas de la película: una historia que por seguir la original se introduce en ocasiones “con calzador” y una sobrecarga de redundancias representadas de distinto modo, pero sobre el mismo tema que lo hace repetitivo.

Dejando de lado estas minucias que a pesar de todo no cansan al espectador nos encontramos con unos personajes tradicionales propios del cuento. Personajes planos con un cometido en la película pero que entreveen el gran potencial de actuación de sus intérpretes. Aunque Maribel Verdú está fantástica en su actuación, preferiría destacar a Ángela Molina, a Sofía Oria y a Macarena García cuyos papeles transmiten más al espectador y lo acercan a la pantalla. Magnífico Daniel Giménez Cacho en toda la película.

Ahora bien, si por algo se debe ver esta película es por su banda sonora tan acorde con el desarrollo de la acción y, sobretodo, por su fotografía e imagen.
La película es un continúo pase de planos y escenas que permanecen en la retina y la memoria por su brillante sencillez o por su perfecta complejidad. Cuadros y luces dignos del séptimo arte. Aunque sea solo por esto, merece la pena ver el film y admirar la magnífica fotografía. Bajo este aspecto, una gran idea la imagen en blanco y negro y el sonido mudo que permite acercarse más a la imagen.

Otro de los puntos a destacar es el montaje que sabe llevar un perfecto ritmo de los hechos en consonancia con la acción, pasando de un transcurso rápido a uno lento con verdadera profesionalidad. Ahora, hay cambios de escena por montaje conpetual que amplifican la redundancia que ya se ha comentado. No obstante permite contemplar un gran trabajo de postproducción.

Así pues, Blancanieves, seleccionada como posible candidata a los Oscar, merece su clasificación por su fotografía y su montaje.

Por cierto, el final de la película es lo mejor de toda ella. Realista, tierno, perfecto. El mejor final para la película, sin ninguna duda.

Blancanieves

oct-13-2012 By cinefilo

Permitidme hoy un poco de reflexión (quizá barata) antes de entrar en materia.
Creo que cuando uno habla sobre una película, al final habla más sobre sí mismo; en el sentido de que uno solo puede hablar de su propia percepción: o al menos ese es mi caso siempre. Lo cual a veces puede estar condicionado por otras opiniones, sí, o por la corriente crítica general, ya sea positiva o negativa. Pero en mi caso, cuando empiezo a ver la película, la que sea, tengo mucha facilidad para entregarme a ella y dejar de lado los prejuicios que yo mismo pueda tener, o que los medios me hayan metido en la cabeza.
¿A qué viene esto? Pues bien, esta “Blancanieves” de Pablo Berger (director de la muy recomendable “Torremolinos 73”), tiene grandes críticas por todos lados, y todas van de Muy buena a Obra maestra. O al menos las que yo he visto, que no han sido pocas… No sé si, como ya reflexioné en un post anterior relacionado con “Mátalos suavemente”, el contagio crítico ha podido tener algo que ver o no. Pero como sea, aun habiendo visto lo que creo que es una buena película –y dejando claro que la tengo muy reciente y que a veces hay que dejarla madurar en tu mente– a mí no me ha llegado como parece que les ha llegado a muchos. No es que yo sea de lágrima fácil, pero si la película me emociona, aunque solo sea una de sus escenas, seguro que tendré que quitarme las gafas en algún momento para limpiarme la humedad creciente en los ojos.
Bien: Esto aquí no me ha pasado con escena alguna.
Esta revisión libre del cuento de los hermanos Grimm tiene una gran imaginería visual, tiene valor e ideas, casi diría a borbotones. Pero también diría que en un par de giros (importantes) de guión, todo sucede demasiado rápido, y a mí particularmente eso me ha alejado notablemente de la historia. Había momentos tiernos que no llegaban a enternecerme del todo, y también he tenido la sensación de que si la película no hubiera estado sujeta tanto al cuento de los Grimm como a su condición de cinta muda y en blanco y negro, podría haber salido ganando.
La comparación con “The artist” puede ser odiosa, pero es comprensible. La diferencia es que, con aquella película, aun no habiéndome envejecido de modo interesante ni necesite verla otra vez, sí me emocioné, y su modo narrativo en mudo y blanco y negro me parecía más justificado en cuanto a que la historia trataba el paso del cine mudo al sonoro, etc.
En fin, son formas de narrar y cada uno usa la que quiere, obviamente. Aun así, me ha parecido una película interesante y valiente, y sí, en justicia la recomiendo; pero eso, yo al menos he tenido todo el tiempo la sensación de que no me tocaba la “patata” como pretendía.

(Trailer)

Tras el éxito en el Liceo de Barcelona, anoche se proyectó en el Teatro de la Zarzuela la película ‘Blancanieves’, de Pablo Berger,con música en directo compuesta por Alfonso de Vilallonga, bajo la dirección de Roman Gottwald e interpretada por la Sinfonetta Monteolvido y la voz de Silvia Pérez Cruz.

Una noche muy emotiva para todo el equipo que no quiso perderse este viaje hipnótico, una fiel recreación de los inolvidables años 20, en lo que sin duda fue una experiencia sensorial para todos los asistentes.

La película ‘Blancanieves’ será la representante de España en la próxima edición de los Premios Oscar de la Academia de Cine de Estados Unidos.

Hoy, 25 de Septiembre del año 2012, entre la vorágine con la compra de entradas para el festival de Sitges de este año y las ensaladas de hostias que están dando ahora mismo en Madrid los antidisturbios debido a las manifestaciones convocadas en torno al congreso, se ha colado un evento en mi vida que, si bien debería haber pasado sin pena ni gloria, ha propiciado que esté escribiendo esta entrada. Un evento que ha oscilado entre lo grotesco y lo violento. Un acto que ha dejado patente la naturaleza más básica y animal del ser humano, y que me ha hecho pensar si merece la pena luchar por este mundo en el que vivimos.

He ido a mi primer preestreno de cine para prensa.

Hace unos días, Rubén -un señor muy majo que lleva una web sobre cine con la que colaboro- me propuso ir a cubrir el preestreno de Blancanieves de Pablo Berger para posteriormente exponer mi opinión en la mencionada web. Por descontado que acepté la propuesta; no sólo la película me interesaba sino que además sería mi primer pase de prensa, así que tras recibir instrucciones sobre la hora y el día de la proyección no le di más importancia de la que tenía al asunto y decidí tomármelo todo con mucha calma. GRAN ERROR.

Esta mañana salí de casa tras beberme cafetera y media con un litro de leche recién sacada del frigorífico para intentar mitigar los efectos del insomnio y no quedarme frito durante la proyección. Quién me iba a decir que el chute de cafeína no iba a ser necesario para mantener los ojos como platos durante un buen rato.

Después de mi viaje en bicicleta desde Gràcia hasta el centro, llegué al Renoir Floridablanca con diez minutos de antelación -raro en mi- sólo para toparme con que el cine estaba cerrado a cal y canto, por lo que fuera había un extraño runrún entre los demás críticos que esperaban a que empezase la proyección. Tras quince minutos una de las trabajadoras de la sala nos informó de que el encargado venía de camino, y que se retrasaría unos veinte minutos más. Antes de que pudiese pensar lo bien que estaba empezando la mañana, una señora crítica -a la que llamaremos a partir de ahora “la señora de las tres carreras”- comenzó a lanzar bufidos bastante contenidos -por el momento- que propiciaron unas miradas de “ya me conozco esta historia” por parte de los demás presentes. Parece que la señora de las tres carreras iba a dar juego si las cosas se torcían.

Y vaya si se torcieron.

Por fin llegó el encargado, rodeado de disculpas y envuelto en una camiseta de un Superman dibujado por Alex Ross. Bien. Al fin podríamos sentarnos tranquilitos a ver la película.
Las luces se apagan, el proyector empieza a rodar y Blancaniev… Ehm… ¿Fernando Trueba? ¿Cómo que “Fernando Trueba presenta”? ¡¿Cómo que El artista y la modelo?!

El runrún que había presenciado anteriormente en la puerta pasó a convertirse en un bramido colectivo por parte de los señores de la prensa impresa -los bloggers y los que escribimos para medios de internet tan sólo nos limitamos a mirar atónitos la serie de atroces sucesos que pasaban ante nuestros ojos-, y entonces fue cuando empecé a temer por mi vida.

Tres críticos se levantaron de sus asientos y comenzaron a aporrear a puño cerrado el ventanuco de la cabina del proyeccionista -situado a tres o cuatro palmos de sus cabezas- al grito de “¡Que no es esta!”, ¡”Que hemos venido a ver Blancanieves”! y “¡Si, hombre, si. Una de Trueba voy a ver yo ahora!”. La señora de las tres carreras soltaba bufidos ininteligibles desde las filas delanteras mientras meneaba su melena rubia al viento, el sector moderado de “críticos impresos” pedía explicaciones y buscaba alternativas, el sector hardcore gritaba como chimpancés en celo mientras golpeaba cualquier cosa que tuviese a mano, y los demás… Bueno. Los demás nos limitábamos a disfrutar del espectáculo.

Tras cincuenta disculpas y sesenta llamadas al almacén y a las distribuidoras pidiendo explicaciones y soluciones por parte del encargado, este se presentó de nuevo en la sala -no se cómo tuvo el valor después de casi ser devorado por esa suerte de horda de infectados sacados de 28 Days Later- con divertidas noticias. Atención al momento:

-A ver. He hablado con la distribuidora y con almacén y me han dicho que tienen copias de Blancanieves… -alivio general en la sala- …pero no existen copias de 35mm de la película y en este cine sólo tenemos proyectores de celuloide, no digitales.

Momento de bronca y jolgorio a partes iguales. El chico que tenía delante y yo nos empezamos a partir el culo ante lo dantesco de la situación, mientras el sector moderado se ponía un poco hardcore, y el sector hardcore, liderado por la señora de las tres carreras, esputaba bilis, hiel y trozos de pulmón por la boca.

Caos. Destrucción. Horror. Y mientras tanto muchas risas y más disculpas mientras los señores críticos buscaban alternativas y tenían peticiones de lo más absurdas. “Ponnos la de Trueba aunque te denuncie la distribuidora después”, decían unos; “Que te traigan un proyector digital y la vemos aunque sea dentro de una hora”, decían otros; “¡La cosa es sabotear a la prensa, como siempre!, decía la señora de las tres carreras…

Entre toda la charanga, una buena mujer del sector moderado -ahora semi hardcore-, teléfono en mano, encontró una solución a nuestros problemas -seas quien seas, gracias de todo corazón-. El remedio consistía en un pase en el cine Verdi -al ladito de mi casa, la cosa es joder- que comenzaría… ¡EN MEDIA HORA!

Más bronca. Más espantada general. La señora de las tres carreras haciendo fotos al encargado y a la gente para, según ella “documentar el ultraje al que estábamos sometidos”, con reproches por parte de media sala que la mandaba callar y la mandaba a la mierda con buenas palabras -a medias-, momento que aprovechó la buena mujer para, ondeando de nuevo su melena al viento, decirnos a todos que “esto no iba a quedar así, que daría parte de lo ocurrido y que nadie la puede tratar de este modo porque tiene tres licenciaturas”.

Una vez dejó de decir chorradas la buena mujer y tras momentos bastante intensos y caldeados en los que exigían que se les pagase el dinero del taxi para llegar al cine Verdi, salí del Renoir a toda leche para coger una bicicleta -bicing, bendito seas- y plantarme en el nuevo emplazamiento de la proyección en cosa de diez minutos. Durante el trayecto me jugué el tipo varias veces para poder llegar, sudé como si no hubiese mañana y casi vomito la cafetera y media y el  litro de leche por el camino -si, amigos, la crítica de cine cuando eres novato te ayuda a hacer ejercicio cardiovascular por un tubo- y aún así llegué a la sala antes que todos los críticos burgueses de prensa impresa con sus taxis, sus aires de grandeza y sus tres carreras. Y sin cobrar un duro. Esto es devoción, cabronazos.

Todo lo demás a partir de este momento es historia y transcurrió sin incidencias -sólo faltaba-. ¿La película? Para saber qué tal está tendréis que pasar esta semana por CineMaldito, no he arriesgado mi vida en un acto heroico como el de hoy para que luego no leáis la crítica en condiciones.

¡A compartir se ha dicho!


El Jueves 13 difundí la noticia de las posibles irregularidades en la filmación de la película de Pablo Berger, Blancanieves.

Aquí tenéis el enlace al post anterior.

Pues dos días después, el mismo director y la productora Arcadia Motion Pictures,  se han apresurado a desmentirlo, simplemente desmentirlo.

Recuerdo que la plataforma La tortura no es cultura, que es quién les ha denunciado, está esperando un expediente de la  Comunidad de Madrid donde les informe de lo ocurrido con los toros utilizados en la grabación de la película. Como este expediente se les ha negado, por el momento, la plataforma recurrió a la denuncia para poder conseguir alguna explicación.

Seguiremos muy de cerca este tema porque es un delito muy grave el matar a un animal para una grabación de una película que posteriormente se expondrá de manera pública, este delito si que está tipificado (parece mentira que otros iguales o peores no…), así que seguiremos informando….

Dejo el enlace a la noticia entera, aquí.

Fotograma de Blancanieves

Fuente: elcorreo.com