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Français : Michael Fassbender au festival de C...

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Precedida por una sexista y morbosa campaña publicitaria, inspirada en las sobresalientes dimensiones del miembro del actor (compruebe usted mismo) de moda, Michael  Fassbender; más que en el fondo temático de su contenido, y en los galardones que ostenta, llega a nuestra pantallas la atormentada y genital Shame. Segunda película del director londinense, Steve Mc Queen, (nada que ver con el sex symbol americano), y también su segunda colaboración junto al premiado actor de origen alemán. La anterior, y ópera prima, “Hunger”, ganadora de la Cámara de Oro en Certain Regard en Cannes 2008, narra aquel duro y carcelario retrato de la vida, del activista del IRA, Bobby Sands, en la prisión de alta seguridad de Maze Prision. Aún no estrenada en nuestros cines, que hoy por hoy, viven abarrotados de gafas 3D  y crispetas caseras con sabores dulces y salados.

En Shame, Fassbender es Brandon Sullivan, un tonificado ejecutivo enganchado al sexo express las 24 horas y a todos sus extremos, cuyo  único “contacto” con el mundo “real”, además de follarse todo lo que se cruza por delante de su bragueta, es su contestadora telefónica, que no para de replicar mensajes femeninos que,  insistentemente, esperan que Brandon responda. Qué de señales de vida,  pero por el momento, él está más muerto, que vivo, y sumergido en este estilo de vida, donde parece que nada se mueve ni se destruye. Todo luce aparentemente perfecto, bajo ese halo azulado de impermeabilidad que lo rodea, desde que se mete entre sus azulinas sábanas; hasta que seduce a la secretaria de su despacho.

Mc Queen nos presenta el retrato de su protagonista como el de un hombre moderno, exitoso, guapo, pero sólo en apariencia, y completamente enajenado y distanciado de si mismo. Profundamente solitario, que hace años ha descolgado el teléfono interior y ha dejado de oír llamadas ajenas que no sean para satisfacer su self pleasure. Obsesivo, narciso y completamente sexualizado, incapaz de relacionarse de una manera adulta y natural como sus semejantes, en especial con las mujeres, y que sólo vive ofuscado con el orden de su pequeño mundo, donde intenta controlarlo todo, mientras se masturba consumiendo vídeos porno en la red, teniendo sexo con prostitutas y bebiendo cervezas.

El mundo de Brandon parece impenetrable y hermético, hasta que un día recibe la inesperada visita de su hermana, la desequilibrada y aspirante a cantante, Sissy (una intensísima y excesiva Carey Mulligan) que sufre una fuerte crisis depresiva y necesita cobijo. A partir de este encuentro el aparente y sólido mundo emocional de Brandon se enfrenta una vez más al mundo que no desea, aquel que no le ofrece ese placer express que tanto busca y necesita, y que sólo lo frustra y lo atormenta.

A partir de estos trazos dramáticos y de algunos flahsbacks narrativos, fotografiados en el más estricto y contenido tono azul, Mc Queen nos ayuda a completar el perfil interno de Brandon y su culpógeno -por su incapacidad de amar y de no amarse- universo personal. Asimismo, nos convertimos en testigos del retrato y caída de un hombre que no encuentra nada en su vida que lo pueda conectar con sus afectos y consigo mismo, ni siquiera el dolor de su recién llegada hermana. La primera imagen del filme es concluyente y evidente de la realidad emocional de Brandon (la misma que se utiliza en su promoción de marketing). Pero al mismo tiempo, está llena de ambigüedades. El aparece tumbado en su cama semidesnudo y tapando sus genitales con una arrugada sábana azul.  Parece muerto, en paz, pero al mismo tiempo simula observarnos y sin ninguna vergüenza parece que nos dijera: “Soy yo, y  qué”.

Mc Queen plantea su relato a partir de largas secuencias donde nos muestra objetivamente a sus personajes. Sin duda que su pasado de vídeo artista aún hace mella en su oficio. Sabe con lo que juega, no intenta adornar nada, ni la más mínima situación ni el más mínimo conflicto entre hermanos, por muy dolorosa que este sea, incluyendo sus posibles y trágicas consecuencias. Son sus largos planos los que nos guían por los caminos personales de cada uno de ellos. El no tapa nada en este penetrante vía crucis de Brandon. Le deja aire. Se ve que lo ama y lo deja hacer, en su mirada no cabe el juicio, y menos la moralina hipócrita de nuestra sociedad. El film está lleno de secuencias memorables y emotivas. (La casi explícita orgía, el metro, entre otras) Como cuando la hermana debuta en el bar y canta New York con aquella desgarrada voz, secuencia más parecida a una peli de Lynch, que de Mc Queen. Aquí la voz de la hermana penetra profundamente en el alma de su nervioso y reprimido hermano, y es la única capaz de conmoverlo, hasta que sus ojos rompan en lágrimas, en un vago intento de pedir ayudar y clamar amor. Su voz define perfectamente el estado de soledad emocional de su Brandon y lo solo que se encuentra en esta famosa ciudad.  También, en esta notable secuencia, Mc Queen retrata muy bien el New York de sus desarraigados personajes, una ciudad sombría, solitaria y triste. Escenario perfecto para recrear su historia de vicios, excesos y vacío.

Mientras avanza la cinta, la voz cada vez coge más potencia dramática y se convierte en otro personaje más. No para de susurrar en los oídos del enajenado personaje de Fassbender y perturbarlo. No es sólo la voz de la hermana que canta y chilla cuando algo le sale mal como una cría malcriada. Es cualquier sonido que el decodificador emocional de Brandon no reconozca, y que perturbe su anquilosadamente mente y corazón.

Son las canciones de Chic, y Blondie, que suenan en aquel antiguo y pulcro tocadiscos; son los quejidos de los polvos de la hermana y su libidinoso jefe mientras follan en su piso. Son los gritos desesperados de Sissy hablando por teléfono, cuando suplica a su novio que no la abandone. Son todos los sonidos humanos necesitados de amor, que Brandon ha dejado de oír. No quiere sufrir ni que le hagan sufrir. Su mundo se ha detenido y sus oídos ya no reconocen ni sienten el dolor ajeno. Se siente completamente anestesiado.

Por eso es que al comienzo de Shame, Brandon es incapaz de oír los mensajes que devela su frenética contestadora telefónica y pasa de ellos en bolas como si nada. Es la voz de su hermana que le pide a gritos que la ayude, que la reconozca y que la ame. Pero Brandon está  por encima del amor, del dolor, del bien y el mal. Esta bajo su propio hechizo. Su propio síntoma que es el vértigo. Bajo su propio cuerpo destrozado de tanto daño sufrido, y cuyas cicatrices, por más que las quiera tapar con los cuerpos de otros con orgías y excesos de todo tipo, aún continúan allí. No se borran con placer. No han desaparecido. Lamentablemente, sus ocasionales amantes no se las han llevado ni tampoco han podido borrarlas con su sudor y sexo express. Aún permanecen con él, se han refugiado en su mundo, en el personal y diminuto mundo de Brandon; un mundo donde nadie se escucha y nadie lo escucha. Donde sólo el dolor permanece en silencio y susurrando en sus oídos.

Français : Michael Fassbender au festival de C...

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Precedida por una sexista y morbosa campaña publicitaria, inspirada en las sobresalientes dimensiones del miembro del actor (compruebe usted mismo) de moda, Michael  Fassbender; más que en el fondo temático de su contenido, y en los galardones que ostenta, llega a nuestra pantallas la atormentada y genital Shame. Segunda película del director londinense, Steve Mc Queen, (nada que ver con el sex symbol americano), y también su segunda colaboración junto al premiado actor de origen alemán. La anterior, y ópera prima, “Hunger”, ganadora de la Cámara de Oro en Certain Regard en Cannes 2008, narra aquel duro y carcelario retrato de la vida, del activista del IRA, Bobby Sands, en la prisión de alta seguridad de Maze Prision. Aún no estrenada en nuestros cines, que hoy por hoy, viven abarrotados de gafas 3D  y crispetas caseras con sabores dulces y salados.

En Shame, Fassbender es Brandon Sullivan, un tonificado ejecutivo enganchado al sexo express las 24 horas y a todos sus extremos, cuyo  único “contacto” con el mundo “real”, además de follarse todo lo que se cruza por delante de su bragueta, es su contestadora telefónica, que no para de replicar mensajes femeninos que,  insistentemente, esperan que Brandon responda. Qué de señales de vida,  pero por el momento, él está más muerto, que vivo, y sumergido en este estilo de vida, donde parece que nada se mueve ni se destruye. Todo luce aparentemente perfecto, bajo ese halo azulado de impermeabilidad que lo rodea, desde que se mete entre sus azulinas sábanas; hasta que seduce a la secretaria de su despacho.

Mc Queen nos presenta el retrato de su protagonista como el de un hombre moderno, exitoso, guapo, pero sólo en apariencia, y completamente enajenado y distanciado de si mismo. Profundamente solitario, que hace años ha descolgado el teléfono interior y ha dejado de oír llamadas ajenas que no sean para satisfacer su self pleasure. Obsesivo, narciso y completamente sexualizado, incapaz de relacionarse de una manera adulta y natural como sus semejantes, en especial con las mujeres, y que sólo vive ofuscado con el orden de su pequeño mundo, donde intenta controlarlo todo, mientras se masturba consumiendo vídeos porno en la red, teniendo sexo con prostitutas y bebiendo cervezas.

El mundo de Brandon parece impenetrable y hermético, hasta que un día recibe la inesperada visita de su hermana, la desequilibrada y aspirante a cantante, Sissy (una intensísima y excesiva Curey Mulligan) que sufre una fuerte crisis depresiva y necesita cobijo. A partir de este encuentro el aparente y sólido mundo emocional de Brandon se enfrenta una vez más al mundo que no desea, aquel que no le ofrece ese placer express que tanto busca y necesita, y que sólo lo frustra y lo atormenta.

A partir de estos trazos dramáticos y de algunos flahsbacks narrativos, fotografiados en el más estricto y contenido tono azul, Mc Queen nos ayuda a completar el perfil interno de Brandon y su culpógeno -por su incapacidad de amar y de no amarse- universo personal. Asimismo, nos convertimos en testigos del retrato y caída de un hombre que no encuentra nada en su vida que lo pueda conectar con sus afectos y consigo mismo, ni siquiera el dolor de su recién llegada hermana. La primera imagen del filme es concluyente y evidente de la realidad emocional de Brandon (la misma que se utiliza en su promoción de marketing). Pero al mismo tiempo, está llena de ambigüedades. El aparece tumbado en su cama semidesnudo y tapando sus genitales con una arrugada sábana azul.  Parece muerto, en paz, pero al mismo tiempo simula observarnos y sin ninguna vergüenza parece que nos dijera: “Soy yo, y  qué”.

Mc Queen plantea su relato a partir de largas secuencias donde nos muestra objetivamente a sus personajes. Sin duda que su pasado de vídeo artista aún hace mella en su oficio. Sabe con lo que juega, no intenta adornar nada, ni la más mínima situación ni el más mínimo conflicto entre hermanos, por muy dolorosa que este sea, incluyendo sus posibles y trágicas consecuencias. Son sus largos planos los que nos guían por los caminos personales de cada uno de ellos. El no tapa nada en este penetrante vía crucis de Brandon. Le deja aire. Se ve que lo ama y lo deja hacer, en su mirada no cabe el juicio, y menos la moralina hipócrita de nuestra sociedad. El film está lleno de secuencias memorables y emotivas. (La casi explícita orgía, el metro, entre otras) Como cuando la hermana debuta en el bar y canta New York con aquella desgarrada voz, secuencia más parecida a una peli de Lynch, que de Mc Queen. Aquí la voz de la hermana penetra profundamente en el alma de su nervioso y reprimido hermano, y es la única capaz de conmoverlo, hasta que sus ojos rompan en lágrimas, en un vago intento de pedir ayudar y clamar amor. Su voz define perfectamente el estado de soledad emocional de su Brandon y lo solo que se encuentra en esta famosa ciudad.  También, en esta notable secuencia, Mc Queen retrata muy bien el New York de sus desarraigados personajes, una ciudad sombría, solitaria y triste. Escenario perfecto para recrear su historia de vicios, excesos y vacío.

Mientras avanza la cinta, la voz cada vez coge más potencia dramática y se convierte en otro personaje más. No para de susurrar en los oídos del enajenado personaje de Fassbender y perturbarlo. No es sólo la voz de la hermana que canta y chilla cuando algo le sale mal como una cría malcriada. Es cualquier sonido que el decodificador emocional de Brandon no reconozca, y que perturbe su anquilosadamente mente y corazón.

Son las canciones de Chic, y Blondie, que suenan en aquel antiguo y pulcro tocadiscos; son los quejidos de los polvos de la hermana y su libidinoso jefe mientras follan en su piso. Son los gritos desesperados de Sissy hablando por teléfono, cuando suplica a su novio que no la abandone. Son todos los sonidos humanos necesitados de amor, que Brandon ha dejado de oír. No quiere sufrir ni que le hagan sufrir. Su mundo se ha detenido y sus oídos ya no reconocen ni sienten el dolor ajeno. Se siente completamente anestesiado.

Por eso es que al comienzo de Shame, Brandon es incapaz de oír los mensajes que devela su frenética contestadora telefónica y pasa de ellos en bolas como si nada. Es la voz de su hermana que le pide a gritos que la ayude, que la reconozca y que la ame. Pero Brandon está  por encima del amor, del dolor, del bien y el mal. Esta bajo su propio hechizo. Su propio síntoma que es el vértigo. Bajo su propio cuerpo destrozado de tanto daño sufrido, y cuyas cicatrices, por más que las quiera tapar con los cuerpos de otros con orgías y excesos de todo tipo, aún continúan allí. No se borran con placer. No han desaparecido. Lamentablemente, sus ocasionales amantes no se las han llevado ni tampoco han podido borrarlas con su sudor y sexo express. Aún permanecen con él, se han refugiado en su mundo, en el personal y diminuto mundo de Brandon; un mundo donde nadie se escucha y nadie lo escucha. Donde sólo el dolor permanece en silencio y susurrando en sus oídos.

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Français : Michael Fassbender au festival de C...

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Precedida por una sexista y morbosa campaña publicitaria, inspirada en las sobresalientes dimensiones del miembro del actor (compruebe usted mismo) de moda, Michael  Fassbender; más que en el fondo temático de su contenido, y en los galardones que ostenta, llega a nuestra pantallas la atormentada y genital Shame. Segunda película del director londinense, Steve Mc Queen, (nada que ver con el sex symbol americano), y también su segunda colaboración junto al premiado actor de origen alemán. La anterior, y ópera prima, “Hunger”, ganadora de la Cámara de Oro en Certain Regard en Cannes 2008, narra aquel duro y carcelario retrato de la vida, del activista del IRA, Bobby Sands, en la prisión de alta seguridad de Maze Prision. Aún no estrenada en nuestros cines, que hoy por hoy, viven abarrotados de gafas 3D  y crispetas caseras con sabores dulces y salados.

En Shame, Fassbender es Brandon Sullivan, un tonificado ejecutivo enganchado al sexo express las 24 horas y a todos sus extremos, cuyo  único “contacto” con el mundo “real”, además de follarse todo lo que se cruza por delante de su bragueta, es su contestadora telefónica, que no para de replicar mensajes femeninos que,  insistentemente, esperan que Brandon responda. Qué de señales de vida,  pero por el momento, él está más muerto, que vivo, y sumergido en este estilo de vida, donde parece que nada se mueve ni se destruye. Todo luce aparentemente perfecto, bajo ese halo azulado de impermeabilidad que lo rodea, desde que se mete entre sus azulinas sábanas; hasta que seduce a la secretaria de su despacho.

Mc Queen nos presenta el retrato de su protagonista como el de un hombre moderno, exitoso, guapo, pero sólo en apariencia, y completamente enajenado y distanciado de si mismo. Profundamente solitario, que hace años ha descolgado el teléfono interior y ha dejado de oír llamadas ajenas que no sean para satisfacer su self pleasure. Obsesivo, narciso y completamente sexualizado, incapaz de relacionarse de una manera adulta y natural como sus semejantes, en especial con las mujeres, y que sólo vive ofuscado con el orden de su pequeño mundo, donde intenta controlarlo todo, mientras se masturba consumiendo vídeos porno en la red, teniendo sexo con prostitutas y bebiendo cervezas.

El mundo de Brandon parece impenetrable y hermético, hasta que un día recibe la inesperada visita de su hermana, la desequilibrada y aspirante a cantante, Sissy (una intensísima y excesiva Curey Mulligan) que sufre una fuerte crisis depresiva y necesita cobijo. A partir de este encuentro el aparente y sólido mundo emocional de Brandon se enfrenta una vez más al mundo que no desea, aquel que no le ofrece ese placer express que tanto busca y necesita, y que sólo lo frustra y lo atormenta.

A partir de estos trazos dramáticos y de algunos flahsbacks narrativos, fotografiados en el más estricto y contenido tono azul, Mc Queen nos ayuda a completar el perfil interno de Brandon y su culpógeno -por su incapacidad de amar y de no amarse- universo personal. Asimismo, nos convertimos en testigos del retrato y caída de un hombre que no encuentra nada en su vida que lo pueda conectar con sus afectos y consigo mismo, ni siquiera el dolor de su recién llegada hermana. La primera imagen del filme es concluyente y evidente de la realidad emocional de Brandon (la misma que se utiliza en su promoción de marketing). Pero al mismo tiempo, está llena de ambigüedades. El aparece tumbado en su cama semidesnudo y tapando sus genitales con una arrugada sábana azul.  Parece muerto, en paz, pero al mismo tiempo simula observarnos y sin ninguna vergüenza parece que nos dijera: “Soy yo, y  qué”.

Mc Queen plantea su relato a partir de largas secuencias donde nos muestra objetivamente a sus personajes. Sin duda que su pasado de vídeo artista aún hace mella en su oficio. Sabe con lo que juega, no intenta adornar nada, ni la más mínima situación ni el más mínimo conflicto entre hermanos, por muy dolorosa que este sea, incluyendo sus posibles y trágicas consecuencias. Son sus largos planos los que nos guían por los caminos personales de cada uno de ellos. El no tapa nada en este penetrante vía crucis de Brandon. Le deja aire. Se ve que lo ama y lo deja hacer, en su mirada no cabe el juicio, y menos la moralina hipócrita de nuestra sociedad. El film está lleno de secuencias memorables y emotivas. (La casi explícita orgía, el metro, entre otras) Como cuando la hermana debuta en el bar y canta New York con aquella desgarrada voz, secuencia más parecida a una peli de Lynch, que de Mc Queen. Aquí la voz de la hermana penetra profundamente en el alma de su nervioso y reprimido hermano, y es la única capaz de conmoverlo, hasta que sus ojos rompan en lágrimas, en un vago intento de pedir ayudar y clamar amor. Su voz define perfectamente el estado de soledad emocional de su Brandon y lo solo que se encuentra en esta famosa ciudad.  También, en esta notable secuencia, Mc Queen retrata muy bien el New York de sus desarraigados personajes, una ciudad sombría, solitaria y triste. Escenario perfecto para recrear su historia de vicios, excesos y vacío.

Mientras avanza la cinta, la voz cada vez coge más potencia dramática y se convierte en otro personaje más. No para de susurrar en los oídos del enajenado personaje de Fassbender y perturbarlo. No es sólo la voz de la hermana que canta y chilla cuando algo le sale mal como una cría malcriada. Es cualquier sonido que el decodificador emocional de Brandon no reconozca, y que perturbe su anquilosadamente mente y corazón.

Son las canciones de Chic, y Blondie, que suenan en aquel antiguo y pulcro tocadiscos; son los quejidos de los polvos de la hermana y su libidinoso jefe mientras follan en su piso. Son los gritos desesperados de Sissy hablando por teléfono, cuando suplica a su novio que no la abandone. Son todos los sonidos humanos necesitados de amor, que Brandon ha dejado de oír. No quiere sufrir ni que le hagan sufrir. Su mundo se ha detenido y sus oídos ya no reconocen ni sienten el dolor ajeno. Se siente completamente anestesiado.

Por eso es que al comienzo de Shame, Brandon es incapaz de oír los mensajes que devela su frenética contestadora telefónica y pasa de ellos en bolas como si nada. Es la voz de su hermana que le pide a gritos que la ayude, que la reconozca y que la ame. Pero Brandon está  por encima del amor, del dolor, del bien y el mal. Esta bajo su propio hechizo. Su propio síntoma que es el vértigo. Bajo su propio cuerpo destrozado de tanto daño sufrido, y cuyas cicatrices, por más que las quiera tapar con los cuerpos de otros con orgías y excesos de todo tipo, aún continúan allí. No se borran con placer. No han desaparecido. Lamentablemente, sus ocasionales amantes no se las han llevado ni tampoco han podido borrarlas con su sudor y sexo express. Aún permanecen con él, se han refugiado en su mundo, en el personal y diminuto mundo de Brandon; un mundo donde nadie se escucha y nadie lo escucha. Donde sólo el dolor permanece en silencio y susurrando en sus oídos.

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Pues para lo horrible que esperaba que fuera, no tiene mala pinta. Charlize Teron… OMG en fin… si siempre me ha gustado, pues ahora de evil queen, me tiene a sus pies y si hay que sacarle el corazon a Blanca Nieves o a Thor.. pues se le saca. Intento enmendarme y que no me gusten siempre las mas malas, pero es que entre la Evil Queen de “Once Upon a Time” y esta, me tienen encantado.

Como no hacen mas que borrarlo de Youtube de momento lo teneis en HD aqui

 http://trailers.apple.com/trailers/universal/snowwhiteandthehuntsman/

43.256592
-2.900121

El miembro más ‘Drama queen’ de la pareja homosexual de Modern family, Eric Stonestreet,