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El 20 de octubre, o mejor dicho #20O para los “tuiteros”, será recordado por el cese definitivo de la lucha armada de ETA. Han tenido que pasar 52 años desde su creación. Les ha costado entender más de medio siglo que ésa no era la vía correcta y que la única opción es el diálogo, no hay otra manera de prosperar, sea la postura que sea. Un triunfo a la reflexión y las decisiones correctas.

Por eso, este viernes de recomendaciones cinematográficas me gustaría dejarte 5 películas cuyo final no acaba en los créditos. Historias que van más allá de la pantalla donde se reflejan. Con el denominador común de reflexionar sobre las acciones que se deben realizar para llegar a un objetivo: el derecho universal de la paz.

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Un poco de reflexión italiana

oct-19-2011 By cinefilo

Bueno, para los que quieran un poco de reflexión sobre la vida, les dejo este link del documental  La vida al momento de la muerte de Andrea Caccia….  Cualquier sinopsis dirá que es una obra dividida en  capítulos. La cineteca la resume  así : “El paso de las estaciones en los Lagos de la Lavagnina; Once conversaciones en proximidad del final; Un garaje lleno de objetos por ordenar; abstracción, palabras y corazón. Un viaje extremo en las fronteras del lenguaje; Una trilogía sobre el sentido del mirar: las cosas, un rostro, la propia vida que transcurre… o una piedra”.

Sólo les puedo decir que las reflexiones son las que agregarán valor a su experiencia. ¡No se lo pueden perder!

Un hermoso cortometraje… Fábula

sep-19-2011 By cinefilo

Muchas veces nos sentimos maltratados y humillados ante tanta maldad, solo que a veces nos comportamos del mismo modo y no nos damos cuenta y cuando llegas a la reflexión cuesta creer que uno se haya inventado una historia tan loca, como invitar a tu vida personas para que te hagan la vida imposible.

Esta moderna fábula nos muestra con mucha gracia el eterno enfrentamiento entre el bien y el mal. Y como, finalmente, el bien siempre prevalece.

Reconocemos esta “estructura narrativa” inmediatamente porque la hemos visto muchísimas veces. Por ejemplo, la encontramos en todos los cuentos infantiles.

Estas historias muchas veces consiguen interesarme, aunque resulten un poco previsibles: me indigna primero la crueldad de la que son capaces los villanos, después siento la satisfacción de ver que cada una de sus maldades es debidamente castigada y por último me emociono con el “final feliz”, en el que los buenos son recompensados, el bien se impone, el amor triunfa, etc. Son historias edificantes, estimulantes y optimistas que promueven valores positivos indiscutibles como la justicia, el bien, la amistad y el amor…

Pero desde este sitio web se comparten ciertas ideas que, aunque son de validez universal, no es posible aplicar fácilmente a historias como esta. Por ejemplo…

El perdón no parece una respuesta adecuada al problema que representan estos tres incorregibles roedores. Y poner la otra mejilla no habría contribuido precisamente a poner fin a sus abusos y crueldades.

La proyección, es decir, el mecanismo por el cual cuando algo nos enoja es porque vemos representados en otros ciertos rasgos de nuestra propia personalidad que no podemos aceptar en nosotros (¡que ni siquiera podemos ver!), no parece aplicarse al caso de este simpático conejo.

Y la ley de atracción, que explica que atraemos a nuestras vidas el tipo de experiencias que concuerdan o que “sintonizan” con nuestras emociones más frecuentes, tampoco parece ser válida en este caso.

Es que en una película impecablemente realizada como ésta, hasta los más pequeños detalles está cuidados. Así, cada acción, cada actitud, cada expresión, cada mirada tienen un sentido, una intención, y somos conducidos de una manera irresistible a experimentar ciertas emociones y a extraer determinadas conclusiones.

Y, salvando las distancias, nosotros cuidamos con el mismo esmero, inconscientemente, cada detalle de nuestra propia vida. Así, cuando elegimos una interpretación acerca de lo que sucede, siempre optamos por aquella que nos permite continuar sosteniendo nuestras propias creencias. O cada vez que decidimos incorporar un nuevo personaje en nuestra historia, lo hacemos sólo si nos permitirá desarrollar el “guión” que ya tenemos escrito.

Y la “película” que estamos protagonizando nos parece tan real, tan cierta, que se nos hace muy difícil comprender que es casi íntegramente una ilusión. Y muchas veces nos sentimos como este conejo, injustamente maltratados o víctimas de un destino caprichoso e imprevisible, sobre el que creemos no tener control y del que no nos sentimos responsables.

Axel Piskulic