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Buceando por las ‘tubes’ de la red

nov-24-2012 By cinefilo

Si algo ha incentivado las webs de alojamiento y reproducción de vídeos  es la imaginación. Aficionados y no tan aficionados exponen sus idas de olla en un formato de comunicación que, desde su inicio con la creación de Youtube en 2005 , va tan ligado a Internet como lo es el explorador o e-mail.  He aquí un muestrario de tendencias que solemos encontrar al darle al “Play”.

Timelapses: Con esta técnica disponemos de bellos paisajes –naturales o urbanos, al gusto del servidor- con los que poder deleitarnos.  Una vuelta de tuerca al documental al uso del que estamos acostumbrados.

 


Stop motion: Un recurso que, a pesar de ser tan manido, no me deja de sorprender.


“Youtubers”: De todos los colores. ¿Quiere buscar de moda? Encontrará a tropecientos ‘youtubers’ dispuestos a dar consejos sobre las últimas tendencias para ir lo suficientemente guapo o guapa como para acabar la noche en el asiento trasero de un coche.  ¿Quiere perder unos kilos para no tener aguantar la respiración en una foto? También. ¿O en cambio quiere ver cómo un pobre diablo demuestra lo que ya parecía antes de que abriera la boca, es decir, ser un auténtico imbécil? A patadas. Reconozco que no es una vertiente que me llame especialmente la atención, aunque en base a su popularidad, tendré que mencionarlo. Como adicto al cine, recomiendo al “Crítico de la nostalgia”. Un tipo agudo, irónico y lo suficientemente divertido como para que algún aficionado al Séptimo Arte aguante entera la reproducción.


Pues sí señores, Youtube, Vimeo o Dailymotion  nos ayuda a matar el tiempo contemplando genialidades. No obstante, el hecho de crear lo que queramos para que le llegue al respetable, puede traer consigo el ver ‘lindezas’ como esta:

En las civilizaciones europeas  modernas, el auge de la sociedad de masas provocó, encierta medida,  una demanda exhaustiva de productos al servicio de sus necesidades.   En un primer periodo, estos productos en serie satisfacían las necesidades básicas para la sobrevivencia de la sociedad, otorgándole comodidad y variedad a la hora de elegir. Más tarde, con el apogeo de la reproducción serial, el poder capital, quien concentraba en su totalidad los centros de reproducción, se apoderó de un elemento vital para la vida en sociedad: la cultura.  Desde ese momento, esta dejó de ser un concentrado dispuesto sólo para la elite intelectual, pues su masificación permitió que lentamente las masas se fuesen adueñando y permeando de ella. Al intensificarse la reproducción, el desbordamiento cultural cae en crisis. Como consecuencia de su explotación, termina prostituyéndose y perdiendo su valor esencial, la cual la transforma en un producto material que se vale de las masas para perdurar dentro del sistema capital. Un producto que no tiene otro objetivo que comercializarse a sí mismo, con la ayuda de slogans y propaganda, monopolizándose y recayendo en una  industria cultural.

            Con el establecimiento de la industria cultural en la sociedad de masas, los individuos insertados bajo este sistema pierden su autonomía e individualidad, sometiéndose aun más radicalmente a su antítesis, el poder del capital. De este modo, se transforman en fieles reproducciones de aquello que consumen,  lo que los convierte en un reflejo del sistema que los sustenta. Cada civilización de masas en un sistema de economía concentrada es idéntica,  la masa pierde su identidad auténtica, a la espera de que el poder capital le construya una homogénea. Aquello también ocurre con la cultura, la cual, como consecuencia de la reproducción serial, pierde su autenticidad, sustrayéndose a la reproductibilidad técnica.  La reproductibilidad de la obra de arte elimina el aquí y ahora, aquella existencia irrepetible que se da en el lugar en que se encuentra.  A la vez,  esta reproducción serial está en estrecha relación con los movimientos de masas. En este sentido, la civilización de masas se vale por completo de los servicios que la industria cultural le proporciona, creando un misticismo donde el consumidor termina enajenándose de su individualidad, y respondiendo de manera fiel a todo lo que le ofrece el mercado cultural. La totalidad de las instituciones existentes los aprisiona de tal forma en cuerpo y alma que se someten sin resistencia a todo lo que les ofrece. Aquello ocurre como consecuencia de las categorías de compradores, que son resultados de estudios estadísticos sobre las necesidades y los tipos de consumidores. Estas categorías se utilizan para atrapar al consumidor en el monopolio cultural.  En  consecuencia, los espectadores se convierten en consumidores pasivos de la industrial cultural, la cual les vende productos con los que no necesitan hacer grandes esfuerzos mentales e interpretativos. De este modo se apoderan de sus espacios de distensión, envolviéndolos en el amusement.  Es por ello que la masa consumista se vuelve una masa irreflexiva, atrapada en esta red de productos para la diversión, donde se encuentran los films, las radios, la televisión y los dibujos animados. Todos ellos tienen la misma finalidad, atrapar al espectador, consumirlo y hacerlo dependiente de este monopolio cultural.

            De este modo, podemos ver que la cultura se encuentra al servicio del capitalismo, en el sentido que lo ayuda en su sustento. El capitalismo necesita de las masas para mantenerse firme y vigente, desde esa mirada, la industria cultural reproduce lo que la masa necesita, atrapándola y haciéndola víctima de este poder capital que sigue alimentándose de los centros de producción y del enajenamiento de las civilizaciones ante los productos de diversión, que a su vez cumplen una doble función: sustentar al poder, y mantener pasiva e irreflexiva a la masa, con el fin de alienarla, para que de ese modo responda de manera positiva a todo producto generado por la industria cultural. De esta manera se genera el círculo vicioso del capitalismo, que consume a diario el tiempo y las mentes de las personas insertas en aquel sistema.

Les dejo un video que pienso retrata la sociedad de masas consumista que se sostiene gracias a la industria de las apariencias. A la vez el título nos remite un poco a esto del cine como producto de la industria cultural por medio de uno de los íconos del cine de época, y a la vez uno de los ejemplos más claros de la humanización del producto en el monopolio capitalista: Marilyn Monroe.

Pulp Fiction (1994)

sep-11-2011 By cinefilo

A continuación la reproducción del artículo que publicamos en la edición de Agosto de la revista CIN