Cinemascope

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Sin un atisbo de duda

ago-27-2012 By cinefilo

El comentario que dediqué en la entrada anterior a la última película rodada por Sidney Lumet antes de su muerte el pasado año puede ser un buen pretexto para comentar la primera que dirigió, en 1957, y por la que quizá será más recordado: 12 Angry Men (Doce hombres sin piedad en la versión española). Lumet demostró un olfato fuera de lo común al abordar la cuestión de la duda razonable en una sociedad escindida por entonces en dos prisiones mentales y marcada por el dogmatismo, los prejuicios ideológicos y la ausencia de matices.

A finales de los cincuenta la Guerra Fría se hallaba en su cénit y las dudas estaban muy mal vistas incluso en aquella de las dos grandes zonas geopolíticas que se repartían el mundo en la que no se encarcelaba o se torturaba por dudar.

Basada en una obra teatral que Reginald Rose escribió para la televisión, guionista también de la cinta, 12 Angry Men narra la tormentosa sesión de un jurado popular compuesto por doce hombres de edades diversas que, a puerta cerrada, dirimen la culpabilidad o inocencia de un joven de 18 años, huérfano de madre e inmigrante latino, acusado de parricidio. La sesión transcurre en una tarde cálida y húmeda del verano neoyorquino.

Desde el principio se tiene la impresión de que aquellos hombres quieren acabar cuanto antes con su obligación, tomando el camino fácil de las pruebas presentadas durante el juicio público y que apuntaban a la culpabilidad del acusado. Encerrados en una sala agobiante del Tribunal de Justicia, de una de cuyas paredes cuelga un ventilador maltrecho, en el momento de emitir su veredicto cada uno de ellos se pronuncia por la culpabilidad del chico. ¿Para qué alargar la sesión si todo estaba tan claro?

Pero al llegar el turno del jurado número 8 (magistral interpretación de Henry Fonda), expresa abiertamente sus dudas y propone a sus compañeros hablar del caso antes de emitir el voto condenatorio. Al fin y al cabo estaba en juego la vida de una persona.

El jurado número 8, interpretado por Henry Fonda, se dirige al resto de sus compañeros en la sala en la que dirimen el caso judicial

“Hay que fastidiarse. Siempre tiene que haber uno”, replica uno de los jurados tras la inesperada respuesta de su colega. Era previsible que la respuesta extemporánea de este Judas dubitativo irritase al coro apostólico de sus once compañeros, quienes esperaban coincidir en el veredicto para retornar cuanto antes a sus asuntos personales sin un atisbo de duda, naturalmente. El caso parecía tan obvio -el típico crimen en una familia difícil de un barrio pobre- que esa duda aislada les pareció fuera de lugar.

Consciente de la hostilidad de los compañeros, el jurado discrepante les expone las causas por las que sospecha de la supuesta culpa del acusado, tratando de convencerles de su racionalidad. Uno contra once, que pronto serán diez, luego nueve, y así hasta llegar al último, el que reniega de sus hijos y de todos los hijos, incluso de ese pobre muchacho al que se acusa injustamente de asesinar a su padre y de cuya culpabilidad no dudará hasta que la razón objetiva termine imponiéndose sobre su particular sinrazón.

La duda planteada por el jurado número 8 descompuso aquel falso bloque monolítico detrás del cual se zafaba la unanimidad de cartón piedra. La resistencia a aceptarla reveló la personalidad de cada uno de los jurados, sus puntos débiles, incluidos aquellos que procuraban ocultar, sus torpes prejuicios y su absurdo empecinamiento.  

En el veredicto inicial de esos once hombres se reflejan los motivos por los que en nuestra sociedad informada, donde los individuos se ven más influidos por las opiniones en curso que por la observación de la realidad, prima el dictamen taxativo sobre la duda. En efecto, aparte de la sempiterna mayoría que carece de elementos de juicio para plantearse alguna duda, los hay que, como los once jurados del principio de la película, no vacilan porque los demás tampoco lo hacen. A nada temen éstos como a quedarse solos con su duda; tendrían que defenderla ante quienes dudasen de ella o no la creyesen.

Otros prefieren no dudar por pereza o para no complicarse la vida, concernidos por asuntos que consideran lo bastante inaplazables como para hacer un alto en la duda. Luego están los clásicos, a los que no se les ocurre dudar porque, completamente seguros de todo, tampoco encuentran pruebas que los arranquen de su certidumbre. Y para completar este elenco de perfiles, no podemos dejar atrás a aquellos que, carentes de iniciativa y de imaginación, con tal de rehuir la duda se apuntan a la última de las opiniones en boga, cualquiera que sea. 

La duda es casi siempre personal, al contrario que la certeza, susceptible de ser compartida por muchos. No amalgama ni forja multitudes. Confronta al individuo con su mundo, en su soledad reflexiva. Aquel que duda, y más si lo hace en contra de la corriente, ahonda en su individualidad, penetrando incluso en regiones de ésta a las que quizá no habría llegado sin la escarpada duda.

En tanto que instrumento básico de conocimiento, se sabe dónde empieza una duda pero no dónde termina. De hecho, cuando se comienza dudando de algo que no nos incumbe demasiado, es posible que terminemos por dudar del propio mundo que antes de la duda creíamos inconmovible.

En principio la duda no afirma ni niega. Como el jurado número 8 de 12 Angry Men, persigue denodadamente la verdad de los hechos, algo que a menudo cuesta trabajo y lleva su tiempo, por supuesto.

FANT: Phenomena Experience

abr-3-2012 By cinefilo

Dentro del FANT 18 (Festival de cine fantástico de Bilbao), que comienza el proximo 4 de mayo, se proyectará una sesión de la Phenomena Experience que lleva ya algún tiempo proyectado sesiones doble de películas ochenteras y setenteras con bastante éxito en el cine Urgell de Barcelona y alguna sesión esporádica en Madrid. Esta vez el evento tendrá lugar en los Golem Alhóndiga y el programa doble elegido sera el de “El Resplandor” de Kubrick + “Posesión Infernal II” de Sam Raimi. La sesión doble será el jueves 10 de mayo a partir de de las 19:45 y las entradas estarán a la venta desde mañana miércoles 4 de abril a 8€ en generaltickets y los cajeros bbk.

Por el momento no hay programación oficial del festival hasta el día 17, pero ya se ha cerrado el plazo de recepción de películas y cortos y se sabe que los días 8 y 9 de mayo a las 17:30 se proyectaran, dentro de la sección “FANT al rescate”, dos películas españolas, “La llamada” (1965) de Javier Setó y “La semana del asesino” (1972) de Eloy de la Iglesia. En cuanto tenga el programa oficial publicaré el post de todos los años con los trailers y comentarios de las películas.

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Si alguien me pregunta los motivos por los que me gusta tanto vivir en Barcelona, entre las primeras razones que me vendrán a la cabeza estará el ‘Phenomena’, ese revival del cine con el que muchos hemos crecido ya sea viéndolo en en las salas de cine o en nuestros reproductores de VHS siendo unos críos -como es mi caso-.

Esta semana y tras la apoteósica sesión de ‘La princesa prometida’ y ‘Los Goonies’, Nacho Cerdà -se te ama- nos ofrece otra sesión de ‘Phenomena Grindhouse’; esa sección del evento en la que se proyectan cintas de culto en su momento vapuleadas por crítica o público, producciones de pura serie B, y verdaderas joyas del séptimo arte menospreciadas y que fueron carne de sesiones dobles en los cines de barrio en los años setenta. Las cintas seleccionadas en esta ocasión fueron el largometraje de ‘Batman’ protagonizado por Adam West en 1966 y una de mis películas de género favoritas, la magistral ‘Asalto a la comisaría del distrito 13′, de John Carpenter.

La noche caía sobre Barcelona al llegar al cine Urgel, y un pequeño incidente con los lectores de códigos de Atrápalo hicieron que la sesión se retrasara unos minutos. Una vez dentro, sentado en mi butaca y sintiéndome como una hormiga en la gigantesca sala de 1800 localidades me vi sorprendido por la afluencia a la doble sesión. Siendo un miércoles con partido de fútbol importante y proyectándose una película tan controvertida como la de Carpenter esperaba muchísima menos gente en el Urgel.

Tras la impaciencia por el retraso las luces se apagan, el telón se abre y los primeros aplausos llegan de la mano del habitual tráiler del ‘Phenomena’. Tras este, comienza la vorágine de trailers demenciales, con ‘Los cuatro del Apocalipsis’ de Fulci a la cabeza. El público se vuelve loco entre aplausos, carcajadas y las frases lapidarias del trailer. Tras los avances de la otra italianada, ‘El visitante del más allá’ con John Houston y Sam Peckinpah -sorpresón-, y la cinta de ciencia ficción ‘Saturno 3′ con una Farrah Fawcett espectacular, Harvey Keitel y Kirk Douglas, empezó la chicha de la sesión.

La propia introducción de ‘Batman’ ya nos pone sobre aviso de lo que vamos a ver. Los propios directores y productores de la cinta destapan su carácter auto paródico con unos mensajes de advertencia y dedicatoria al público que dio el pistoletazo de salida a la vorágine de risas, cachondeo y buen ambiente que acompañó la proyección de la película -con una copia impecable- hasta su final. Tiburones explosivos -”¡Menuda sardina!-” mordiendo la pierna de un Batman que se defiende a puñetazos, delfines suicidas que salvan al dúo dinámico interceptando misiles -”Qué nobleza casi humana la de esos delfines.”-, submarinos con forma de pingüino que incluso mueven las patas como un juguete a cuerda o Batman intentando deshacerse de una bomba durante minutos siendo incapaz por toparse con todo tipo de obstáculos son unas cuantas de las situaciones inverosímiles y disparatadas que nos encontramos a lo largo de la cinta y que nos hicieron disfrutar como críos mientras esa dirección de arte desmedidamente hortera y con colores saturadísimos iba pareciéndonos normal conforme avanzaba el metraje.

Tras hora y media de disparates y momentos de lo más absurdo -los enigmas de ‘El Acertijo’ y las resoluciones propuestas son antológicos- el “The End” cubrió la pantalla, las luces se encendieron y llegó el momento de asaltar el bar más cercano en busca de avituallamiento en forma de un bocata y las chucherías de rigor. Había que volver con el estómago lleno, porque llegaba el plato fuerte de la noche -al menos, para mi-, una de esas películas que jamás esperé ver proyectadas en 35mm y que a día de hoy es uno de mis santos griales cinematográficos de uno de mis directores predilectos. Lástima que la experiencia del visionado no fuese del todo la esperada debido al importante número de ANORMALES que poblaban la sala.

Con la panza llena y de nuevo en mi butaca 19 de la fila 20 no podía ocultar mis nervios. El telón volvía a abrirse, las luces se apagaron y los títulos de crédito en ese rojo impreso sobre negro inundaron la pantalla a ritmo de la maravillosa banda sonora con sintetizador marca de la casa Carpenter. ‘Asalto a la comisaría del distrito 13′ había comenzado y yo no podía ni creérmelo.
La copia en 35mm no era ni mucho menos perfecta, pero esos fotogramas faltantes, ese aspecto de vejez, ese petardeo del sonido en los cambios de rollo y en los saltos de película, y esos colores para nada óptimos daban un rollo a la proyección perfecto para el tipo de producto que estábamos viendo.  La banda sonora compuesta por el propio director -el que me diga que lo que hace Carpenter no es cine de autor que se vaya a cagar- atronaba la sala mientras los personajes comenzaban a entrelazar su destino en esa comisaría que sería asaltada minutos después, obligando a unir fuerzas a personajes tan dispares como el policía bueno y honrado, y el criminal más despiadado condenado al corredor de la muerte.

La cinta iba avanzando y el típico comentario de “Asalto a la comisaría del distrito 13 es una película de zombies sin zombies” se hacía cada vez más patente. Podría decirse que es un híbrido entre ‘La noche de los muertos vivientes’ de George A. Romero y cualquier  western a lo ‘Río…’ de John Wayne. La acción está rodada más que decentemente, los momentos de tensión te mantienen en vilo y la violencia que nos muestra Carpenter es descarnada y salvaje; no hay más que recordar ese plano medio de una niña siendo asesinada a sangre fría, capaz de conseguir que la butaca te engulla tras ver semejante salvajada.

Por desgracia -y aquí viene mi queja que comentaba más arriba-, a parte del público este tipo de situaciones le parecen de lo más divertido. Vale que puede que arrastrasen el cachondeo que dejó ‘Batman’, o puede que tan sólo sean una horda de tontos del culo que no saben diferenciar el ambiente que genera una película u otra, pero creo que una obra de culto como es la cinta de John Carpenter no merece un maltrato tan despiadado por una parte del público con afan de joder y de que alguien le aplaudiese sus gracias como si fuese un ‘Midnight X-Treme’ de Sitges -que no lo es-.

Las luces se encienden, la gente aplaude y muchos nos volvemos a pata para casa debido al inicio de la huelga general. Pero el paseo merece la pena más que nunca, porque, anormales aparte, este Phenomena Grindhouse ha sido una auténtica maravilla, con dos auténticas joyas que jamás creía poder llegar a ver en una pantalla tan enorme como la del cine Urgel.

Nos vemos en unos días en ‘Little Phenomena’, donde podremos ver ‘El Secreto de la Pirámide’ y ‘Howard: Un nuevo héroe’. Ganas no faltan.

¡A compartir se ha dicho!


Preparando la sesión de mañana para mis adoradas mujeres de Berriozar, me encuentro de nuevo con Bas

Desde los cines Urgell se hace una propuesta interesante por hacer un viaje a la infancia. Con la mirada de ahora frente a las películas clásicas de la memoria de la generación de los 80′s. Hoy ha sido mi primera vez y me he estrenado con la sesión doble de LA PRINCESA PROMETIDA seguida de LOS GOONIES.

Más allá de la proyección en si, la sala se convierte en un espectáculo donde la gente aplaude, comenta y se ríe a carcajadas… la sesión abre un el clásico MOOOOVIERECORD!! y continúa con una serie de anuncios y trailers de la época.

Los asistentes hacen casi dos horas de cola para entrar en la sala y coger sitio y, por lo que he podido saber, las entradas salieron a la venta y se agotaron en unas tres horas!! Un público fiel a la época y a los clásicos del cine. No lo he entendido hasta que he ido a ver una de sus sesiones.

Recomiendo 100%. Se puede consultar toda la información en este enlace:

http://www.phenomena-experience.com/