Entre desvaríos
Rehúyo la orilla izquierda del lecho, me aterra el sueño que allí atracó. Es cierto que boca abajo vería las cosas de otra manera, pero este terror mío no se deja intimidar por matices geométricos de tamaña candidez. Estaba pensando en hacerme con un martillo, pero me preocupa la mano que no lo empuñe y ya son dos peros. ¿Podré transmutarlos en algún tipo de fruta apetecible? Con estos desvaríos, tiernos como son, sólo me distraigo a mí mismo; pero este sueño, fondeado tal vez ahora en mis latitudes hiperbóreas, guarda silencio y trama algo. Y con el tercer pero, voy pensando ya en el huertecito.
(Entre desvarío y desvarío, aprovecho para ir tomando también algunas notas musicales. dead poets society: b., 4º de la 9ª, 2º del 5º. the king’s speech: b., 2º de la 7ª, 2º del 5º. fantasia 2000: b., 1º de la 5ª).
Lo cierto es que sigo rehuyendo la orilla izquierda del lecho, que sigue aterrándome el sueño que allí atracó…
andante1972
Léolo
Amado y odiado a partes iguales, Léolo es un descarnado y violento poema cinematográfico dirigido en 1992 por Jean-Claude Lauzon sobre un niño que intenta sobrevivir en un humilde barrio de Montreal a un entorno opresivo y deprimente con su imaginación y su fantasía como únicas armas mientras, a lo largo del insólito viaje, le escuchamos repetir una y otra vez la personal letanía: “porque sueño, yo no lo estoy”.
Criado en una familia devastada por la demencia, de la que tan sólo se salva su madre (“un gran barco que navegaba en el mar de la locura”), Léolo lucha contra su herencia maldita reinventando su vida, renegando de su padre (la línea dañina de la familia) y cambiando su nombre y apellido real (Leo Lozeau) por un italianizado Léolo Lozonne de donde afirma provenir (“Italia es demasiado bonita para dejársela sólo a los italianos”). Soñar es su escapatoria para huir de la amenaza de la locura de la que es consciente, “porque sueño, yo no estoy loco. Porque sueño, yo no lo estoy”.
Léolo imagina y escribe todo lo que se le pasa por la cabeza en papelitos que luego tira a la basura y que un extraño anciano al que denomina el Domador de Versos recoge y lee con mimo. Para Lauzon, escribir no es una acción opcional, Léolo no escribe por amor al arte, escribe por la misma razón que respira, escribe como única salida, escribe para no morirse en vida. El Domador de Versos, único personaje que reconoce el talento del niño, es, además, quien le da involuntariamente su libro de cabecera (“El valle de los avasallados”, de Rejean Ducharme) al colocarlo bajo una pata de la tambaleante mesa de la cocina mientas la madre de Léolo se apiada del viejo y le da de comer (“Lo único que le pido a un libro es que me inspire energía y valor, que me diga que hay más vida de la que puedo abarcar, que me recuerde la urgencia de actuar”).
Léolo es un film con una estructura singular, guiado no por mecanismos narrativos convencionales sino a golpe de emociones, de sensaciones, engranaje que solamente es posible en caso de relatar evocaciones autobiográficas, como sin duda es el caso de Jean-Claude Lauzon (Lauzon-Lozonne) y que emparenta su película a otra magistral obra maestra narrada de similar manera y con recuerdos de niñez-juventud también como argumento: Amarcord, de Federico Fellini. Léolo va dirigida directamente a los sentidos: viéndola parece que estuviéramos oliendo, tocando o saboreando (y no siempre de forma agradable) cada fotograma. La cruda poesía de Léolo se dirige derecha al estómago, a las entrañas, Lauzon sabe muy bien donde tiene que pegar cada vez para que el film no tenga tiempos muertos, mezclando la realidad más deprimente y escatológica con momentos de extraordinaria belleza y ternura.
El camino de Léolo, como el de toda pérdida de inocencia, no tiene viraje atrás. Mientras más se adentra en la adolescencia y en la realidad, más lejos van quedando sus fantasías y su amor por Bianca, la vecina siciliana de la que está enamorado y que se le presenta desde el armario a cantarle en sus sueños cada vez que escribe. Léolo, completamente lúcido, compara su destino con el agujero en la manta de su cama: “mis dedos del pie salen de un agujerito en el extremo de mi manta, cada día, sin que yo mismo me de cuenta, consigo asomar un dedo más que el día anterior, mañana asomaré mi pie entero, y mi pierna, y pronto será mi cuerpo, siento de debo abandonar esta vida antes de estrangularme con este agujero”. Léolo, aplastado por la realidad, va poco a poco renunciando a soñar, a amar y a seguir luchando contra la terrible herencia genética que le acecha sin piedad, condenado a resbalar hasta sus propios infiernos mientras el Domador de Versos desciende, en otra bella metáfora, a su sótano a guardar los escritos de aquel inolvidable niño que disparaba a todo el mundo con sus pistolas de juguete y el arpa de The Lady of Shallot de Loreena McKennitt (parte de la maravillosa banda sonora junto con gente de la talla de Tom Waits o The Rolling Stones) asesta sus acordes.
Jean-Claude Lauzon falleció en accidente de avioneta en 1.995, con 43 años, privándonos así de disfrutar de más películas suyas. Aunque me da la sensación de que se lo dejó todo con la única y absoluta obra maestra que es Léolo.
“Porque sueño no lo estoy. Porque sueño, sueño. Porque me abandono por las noches a mis sueños antes de que me deje el día. Porque no amo. Porque me asusta amar. Ya no sueño. Ya no sueño. A ti la dama, la audaz melancolía, que con grito solitario hiendes mis carnes ofreciéndolas al tedio. Tú que atormentas mis noches cuando no sé qué camino de mi vida tomar… te he pagado cien veces mi deuda. De las brasas del ensueño sólo me quedan las cenizas de la mentira, que tú misma, me habías obligado a oír. Y la blanca plenitud, no era como el viejo interludio y sí, una morena de finos tobillos que me clavó la pena de un pecho punzante en el que creí, y que no me dejó más que el remordimiento de haber visto nacer la luz sobre mi soledad.”
Comic-Con 2011 | Escenas eliminadas de Star Wars

Definitivamente hay mucho trabajo pero me doy el tiempo para ustedes amigos lectores, hace sueño pero las noticias no paran y ahora les traemos una que a muchos fans les va a encantar, se trata de un video con las escenas eliminadas de la pelicula Star Wars el cual vendrá en la edición del Blu-ray, tras el salto el video que los fans pudieron ver en la Comic-Con. Lea el resto de la entrada »
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La imagen: la familia sacrílega (Los olvidados, Buñuel, 1950)
El sueño de Pedro en Los olvidados no sólo introduce un elemento onírico disonante en un relato de n

