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La variopinta filmografía de Boaz Yakin sirve para hacerse una idea de los aciertos y los fallos de una película como Safe. Entre sus títulos como guionista destacan películas del calibre de El Principiante o aquella aproximación al personaje de la Marvel, El Castigador –entonces El Vengador- que protagonizó a finales de los ochenta Dolph Lundgren, pero también se encargó de los ¿textos? de Dirty Dancing 2 o de dirigir Niñera a la fuerza.

Si observamos con atención, veremos que sus aciertos son, en realidad, dos libretos más simples que el mecanismo de un botijo, dos guiones de películas de serie b –a pesar de Eastwood- que, ojo, ya no se dejan ver desde hace tiempo y que forman parte de un estilo de cine de acción que echamos de menos.

Pues para devolvernos a los hits de venganzas imposibles, hostiones como panes y mínimos diálogos construidos únicamente por réplicas matadoras –hay una especialmente graciosa que hace referencia al tamaño de los testículos del protagonista-, el director y guionista, con la ayuda de Lawrence Bender en la producción, nos mete de lleno en un fregado a tantas bandas que resulta demasiado estúpido perder el tiempo matizando. A grandes rasgos, Statham es un tipo con un pasado oscuro y violento al que arrebatan su vida y cuando decide poner fin a su calvario, se cruza en su camino una pequeña niña que ha escapado de las triadas y a la que también buscan unos mafiosos rusos y un puñado de policías corruptos. Y claro, decide ayudarla.

Safe recuerda a la inminente El hombre sin pasado, por la trama y los personajes, pero también por la peculiar forma de rodar saltos atravesando ventanas, y nos devuelve a la memoria aquel simpático Mercury Rising protagonizado por Bruce Willis y un niño autista. Y hay está su principal baza: acción bien filmada, que en ocasiones demuestra algo parecido a un estilo personal. Y un primer acto narrado a velocidad de serie de acción que puede cansar al espectador que espere un ritmo algo más pausado. No estamos hablando del –gracias a dios- cada vez más olvidado ritmo videoclipero gratuito que puso de moda Guy Ritchie, aquí lo que hay es un cliffhanger en el final de cada escena y un gran estruendo en el comienzo de la siguiente, algo, claro está, imposible de mantener durante hora y media. Giros de guión imposibles, ausencia de villano hasta que de repente aparece uno salido de la nada y secundarios con cero carisma son su mayor lastre.

El que busque en Safe algo más que evasión y alguna risotada cómplice –alguna no tanto- puede saltársela porque, sin llegar a los extremos de un Neveldine & Taylor, la esencia del film se parece mucho a la que estos dos zumbados impregnaron a sus dos Crank. Una película para pasar la tarde entretenido hasta que empiece el próximo Barça-Real Madrid.

La variopinta filmografía de Boaz Yakin sirve para hacerse una idea de los aciertos y los fallos de una película como Safe. Entre sus títulos como guionista destacan películas del calibre de El Principiante o aquella aproximación al personaje de la Marvel, El Castigador –entonces El Vengador- que protagonizó a finales de los ochenta Dolph Lundgren, pero también se encargó de los ¿textos? de Dirty Dancing 2 o de dirigir Niñera a la fuerza.

Si observamos con atención, veremos que sus aciertos son, en realidad, dos libretos más simples que el mecanismo de un botijo, dos guiones de películas de serie b –a pesar de Eastwood- que, ojo, ya no se dejan ver desde hace tiempo y que forman parte de un estilo de cine de acción que echamos de menos.

Pues para devolvernos a los hits de venganzas imposibles, hostiones como panes y mínimos diálogos construidos únicamente por réplicas matadoras –hay una especialmente graciosa que hace referencia al tamaño de los testículos del protagonista-, el director y guionista, con la ayuda de Lawrence Bender en la producción, nos mete de lleno en un fregado a tantas bandas que resulta demasiado estúpido perder el tiempo matizando. A grandes rasgos, Statham es un tipo con un pasado oscuro y violento al que arrebatan su vida y cuando decide poner fin a su calvario, se cruza en su camino una pequeña niña que ha escapado de las triadas y a la que también buscan unos mafiosos rusos y un puñado de policías corruptos. Y claro, decide ayudarla.

Safe recuerda a la inminente El hombre sin pasado, por la trama y los personajes, pero también por la peculiar forma de rodar saltos atravesando ventanas, y nos devuelve a la memoria aquel simpático Mercury Rising protagonizado por Bruce Willis y un niño autista. Y hay está su principal baza: acción bien filmada, que en ocasiones demuestra algo parecido a un estilo personal. Y un primer acto narrado a velocidad de serie de acción que puede cansar al espectador que espere un ritmo algo más pausado. No estamos hablando del –gracias a dios- cada vez más olvidado ritmo videoclipero gratuito que puso de moda Guy Ritchie, aquí lo que hay es un cliffhanger en el final de cada escena y un gran estruendo en el comienzo de la siguiente, algo, claro está, imposible de mantener durante hora y media. Giros de guión imposibles, ausencia de villano hasta que de repente aparece uno salido de la nada y secundarios con cero carisma son su mayor lastre.

El que busque en Safe algo más que evasión y alguna risotada cómplice –alguna no tanto- puede saltársela porque, sin llegar a los extremos de un Neveldine & Taylor, la esencia del film se parece mucho a la que estos dos zumbados impregnaron a sus dos Crank. Una película para pasar la tarde entretenido hasta que empiece el próximo Barça-Real Madrid.

Otra historia inglesa de fantasmas

abr-20-2012 By cinefilo

The Awakening es una nueva propuesta de horror británico en la línea de la reciente La mujer de negro que viene abalada por la firma de Stephen Volk, guionista de grandes directores en horas más o menos bajas, como el Ken Russell de Gothic o el William Friedkin de La Tutora. También escribió el guión de la simpática y muy ochentera El Beso, pero de esa ya no se acuerda nadie.

Tras un buen puñado de años dedicándose a la escritura televisiva y a subproductos para dvd, el guionista vuelve a la cartelera con una película producida por la BBC, que supone el debut de Nick Murphy, otro caballerete procedente de la tele, y que nos sitúa en la Inglaterra de 1921, tiempo de fantasmas y espiritismo. Es ese contexto en el que conocemos a Florence Cathcart, una de las mentes más brillantes del país, que se dedica a desenmascarar a los falsos espiritistas. Florence sufrió la pérdida de su amado en la guerra y empeña sus días en demostrar que lo perdido, perdido está. Pero eso será hasta que la trasladen a un colegio donde un niño acaba de fallecer en lo que parece ser un ataque de pánico provocado por… fantasmas.

Con una puesta en escena, salvando las distancias de ambas épocas, muy similar a la de la reciente Luces Rojas, El despertar –o La maldición de Roockford- se enreda en su tramo final al no saber cerrar el círculo y presentar una serie de desenlaces constantes durante los últimos veinte minutos. Aún así, resulta un film muy entretenido en el que destaca la fotografía del español Eduard Grau, curiosamente, y hablando de Luces Rojas, director de fotografía en la celebrada Buried, y la atmósfera de la casa / colegio, donde aguardan más de un buen susto y en la que destacan momentos escalofriantes protagonizados por casas de muñecas con cosas que decir. Una película que nos devuelve al fantástico de los años noventa, pero sin el empacho que supondrían recuperar ahora Fotografiando Hadas o Criaturas Celestiales. Una buena apuesta para los aficionados al género, pero también para los amantes del suspense con clase.

Otra historia inglesa de fantasmas

abr-20-2012 By cinefilo

The Awakening es una nueva propuesta de horror británico en la línea de la reciente La mujer de negro que viene abalada por la firma de Stephen Volk, guionista de grandes directores en horas más o menos bajas, como el Ken Russell de Gothic o el William Friedkin de La Tutora. También escribió el guión de la simpática y muy ochentera El Beso, pero de esa ya no se acuerda nadie.

Tras un buen puñado de años dedicándose a la escritura televisiva y a subproductos para dvd, el guionista vuelve a la cartelera con una película producida por la BBC, que supone el debut de Nick Murphy, otro caballerete procedente de la tele, y que nos sitúa en la Inglaterra de 1921, tiempo de fantasmas y espiritismo. Es ese contexto en el que conocemos a Florence Cathcart, una de las mentes más brillantes del país, que se dedica a desenmascarar a los falsos espiritistas. Florence sufrió la pérdida de su amado en la guerra y empeña sus días en demostrar que lo perdido, perdido está. Pero eso será hasta que la trasladen a un colegio donde un niño acaba de fallecer en lo que parece ser un ataque de pánico provocado por… fantasmas.

Con una puesta en escena, salvando las distancias de ambas épocas, muy similar a la de la reciente Luces Rojas, El despertar –o La maldición de Roockford- se enreda en su tramo final al no saber cerrar el círculo y presentar una serie de desenlaces constantes durante los últimos veinte minutos. Aún así, resulta un film muy entretenido en el que destaca la fotografía del español Eduard Grau, curiosamente, y hablando de Luces Rojas, director de fotografía en la celebrada Buried, y la atmósfera de la casa / colegio, donde aguardan más de un buen susto y en la que destacan momentos escalofriantes protagonizados por casas de muñecas con cosas que decir. Una película que nos devuelve al fantástico de los años noventa, pero sin el empacho que supondrían recuperar ahora Fotografiando Hadas o Criaturas Celestiales. Una buena apuesta para los aficionados al género, pero también para los amantes del suspense con clase.

Tema de la semana, cine #4.

abr-18-2012 By cinefilo

Esta película también es una de mis favoritas. Desde que conocí el cine de Tarantino soy fan absolut