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Las 10 mejores películas de 2012

ene-6-2013 By cinefilo

Con motivo del fin de año pasamos a analizar las 10 mejores películas estrenadas en España (esto es importante, pues excluye a bastantes películas que deberían estar en la lista si ya se hubieran estrenado) a lo largo de este 2012. Pasemos a ello.

10. Lo Imposible

Seguramente una de las películas más famosas de este 2012. Dirigida por Juan Antonio Bayona e interpretada por Ewan McGregor y Naomi Watts, este film basado en el terrible tsunami que arrasó las costas de Indonesia en 2004. Un terrible suceso que el director español ha conseguido plasmar con una crudeza y una realidad tremenda. Muy recomendable. 

9. La Vida De Pi

En mi opinión, la gran sorpresa de año. A pesar de las grandes críticas que había recibido me esperaba encontrar la típica película (como sucede con Holly Motors) que solo gusta a los críticos especializados pero que la gente de a pie no entiende o les parecen absurdas. Pues buen, grata fue mi sorpresa al darme cuenta de que La Vida De Pi es una gran película que encierra una fantástica reflexión sobre Dios. Bravo por Ang Lee. 

8. Looper

La verdad es que, personalmente, esta película no me entusiasmó. Con fallos de guión importantes y un final bastante absurdo, el film creado por Rian Johnson se me antojó demasiado sobrevalorado. A pesar de todo ello si que habría que destacar que Looper encierra una gran idea original y una fantástica primera parte que la convierte en una gran película. Merece estar en la lista, aunque me ha costado decidir. 

7. Los Miserables

Muchas esperanzas se habían cernido sobre la enésima adaptación del famoso musical creado por Victor Hugo allá por el siglo XIX. El encargado de ello ha sido Tom Hooper, director de la oscarizada El Discurso Del Rey y en mi opinión una gran elección. Con un elenco de actores espectacular, esta gran película cantada directamente en el set (sin estudios de por medio) es sin duda una de las mejores películas del año (aunque muy aburrida, eso sí).

6. Skyfall

La verdad es que la elección de Sam Mendes como director para una película de Bond se me antojó bastante rara. No me esperaba un director de tanto renombre para una película así y la verdad es que no sabía en que dirección iría la vigésimo tercera película del agente 007. Y sinceramente tengo que decir que la elección ha sido de lo más acertada, pues Skyfall es sin duda uno de los mejores Bond de la historia (sino el mejor) y una de las mejores películas del año gracias, sobretodo, a una desconocida introspección en los personajes dentro de la saga. 

5. Holly Motors

La verdad es que no he visto la película, para que mentir. No tenía ganas cuando la estrenaron ni las tengo ahora. Pero un buen amigo me ha recomendado que la incluya en la lista y por una vez en la vida le he hecho caso. Esta extraña y bizarra película dirigida por el francés Leos Carax es, sin duda, una de las mayores sorpresas y una de las películas más raras de la historia, pues deja a un lado toda coherencia argumental para centrarse en las imágenes, en el cine visual. ¿Acierto? Juzgar vosotros mismos.

4. El Caballero Oscuro: La Leyenda Renace

Fantástica. Que buena es esta película, aunque todos vosotros me matéis por ello. La última parte de la gran trilogía dirigida por Nolan es sin duda una de las mejores películas del año por saber preservar los mismos ingredientes que hicieron de El Caballero Oscuro una gran secuela. Sin duda, un gran film. 

3. Argo

Desde que me recomendaron ver The Town: Ciudad De Ladrones me obsesioné con el cine de Affleck; a pesar de su corta carrera como director, he de decir que este chico es el nuevo Eastwood del siglo XXI: un actor normalillo que ha demostrado ser un fantástico director. Todas mis expectativas se corroboraron en Argo, un gran thriller que te mantiene en tensión hasta el final y que mezcla de forma excepcional el humor y el drama como no había visto desde hacia mucho tiempo (recordándome en este aspecto a la fantástica Testigo De Cargo, de B. Wilder). 

2. El Hobbit: Un Viaje Inesperado

Seguramente la película más polémica de la lista, pues muy pocos de vosotros estaréis de acuerdo conmigo. La verdad es que no entiendo por qué esas críticas tan desmesuradas hacia esta fantástica primera parte de una trilogía que doy gracias a Dios porque exista, pues nos da lo mismo que nos dio El Señor De Los Anillos pero desde perspectivas distintas (lo que es de agradecer).

1. Moonrise Kingdom

La mejor película del año. Impresionante historia de amor entre dos jóvenes de diez años que deciden fugarse y olvidarse del complicado mundo adulto. Una de las pocas películas que muestra realmente cómo es el amor a esas edades. Con una gran y original dirección y una banda sonora de lo más variada, Moonrise Kingdom es sin duda la mejor película de 2012 y una de las mejores que un servidor ha visto. 

Los miserables

ene-5-2013 By cinefilo

Los_miserables-560563326-largeCALIFICACIÓN: 4.5
(Aburrida, excesiva y grandilocuente película cantada)

Los miserables no es un musical. Es una aburrida, simplista y aparatosa película cantada en la que el director, Tom Hooper, busca enfatizar el realismo sucio y el melodrama social pero se equivoca y fracasa, mareándonos con la cámara, simplificando la historia y haciendo teatro filmado de la tragedia de Víctor Hu…go. Y eso que la primera secuencia resulta estupenda y prometedora pero después el cine brilla por su ausencia y la película se va viniendo abajo en un indigesto coctel de ampulosos movimientos de cámara, montaje caprichoso, excesivos primeros planos y narración atropellada. Y todo cantado por unos esforzados actores en una trama que pasa del melodrama dickensiano a la lucha revolucionaria de las barricadas con tanta grandilocuencia, superficialidad y precipitación que nada nos emociona ni deja huella.

No se engañen, Los miserables, versión Tom Hooper, no es un musical donde los personajes hablan y de repente se ponen a cantar o donde hay espectaculares números musicales. No. En Los miserables, Hooper decide mezclar varias influencias y tomar decisiones discutibles que no acaban de conjugarse bien, no acaban de funcionar y a este crítico no le convencen.

Decide que toda la película sea cantada como una ópera o la obra de teatro musical en la que se basa. Secuencia tras secuencia en la que los actores hablan entre ellos cantando o expresan lo que sienten y piensan cantando, sin apenas transiciones habladas y sin números musicales. Y todo filmado con los actores cantando en directo.

Pero lo más discutible y lo que menos me gusta son las decisiones que toma de puesta en escena y narración. Visualmente la película resulta exagerada y gratuita con una cámara que no para de moverse con aparatosos movimientos digitales a todas luces innecesarios, un uso excesivo del montaje y abusando del gran angular y los primeros planos. Con ello el director parece buscar el espectáculo y acercarnos la miseria y pobreza que se vivía en la Francia de principios del siglo XIX, pero nos marea y aturde y resulta impostado y efectista.

Luego la narración resulta precipitada y atropellada. Una secuencia tras otra sin transiciones, con los personajes cantando y cantando sin pausa, transmitiendo frialdad y distancia.

El gran problema es que la historia es muy plana, simple y no emociona; está demasiado simplificada y pierde la oportunidad de erigirse en una profunda crítica de la situación actual.

Pero el director parece más pendiente de lo visual que de la historia, se le va la fuerza en la cámara y canciones y se olvida de los personajes y guión. Así los personajes y su psicología son de una pieza y están poco trabajados, por lo que no nos interesan estos personajes ni lo que les pasa. No sufrimos con ellos, no nos llega su dolor, ni la tensión en el duelo/persecución entre Jean Valjean y Javert, ni el romanticismo y el desgarro en las historias de amor y desamor, ya que todo es demasiado frío y superfluo y parece solo interesar lo aparatoso y grandioso.

Curiosamente los mejores momentos de una película tan grandilocuente y exagerada están en los instantes intimistas en los que la cámara se calma y se posa en el rostro de los actores y les deja cantar expresando todo su dolor. A lo largo de sus dos horas y media se echan de menos más momentos como estos, desaprovechado a unos actores que son lo mejor, con interpretaciones esforzadas y entregadas, destacando, sobre todo, a Hugh Jackman y a Anne Hathaway.

En definitiva, estos miserables que vienen con tanta promoción y ruido no son más que un melodrama cantado, excesivo, gratuito y mareante en la forma y vacío y sin emoción en el fondo. Teatro filmado.

Por norma general, el enfrentamiento entre el espectador y un filme musical no suele ser una experiencia en absoluto sencilla. Independientemente de la calidad de la cinta, las peculiaridades de este género cinematográfico consiguen crear dos tipologías de público radicalmente opuestas; el amante fiel, y el detractor más descarnado. Esta dicotomía podría desaparecer -como inusitado precedente- a la hora de afrontar la nueva adaptación de la novela de Victor Hugo Los Miserables, dirigida bajo la batuta del oscarizado por El Discurso del Rey Tom Hooper.

Con sus Miserables, Hooper nos ofrece unas dosis de carga emocional y epicidad desmedidas y raramente alcanzadas en producciones recientes, intercalando números que oscilan entre la espectacularidad de unas puestas en escena multitudinarias y recargadas, y los soliloquios más íntimos y desgarradores.
Son estos últimos, precisamente, con los que el nudo en la garganta será inevitable; gracias, por una parte, a un reparto que evoca la época dorada del star-system –arrebatadora Anne Hathaway- y, por otra, a la sencillez con la que están planteados desde el punto de vista de la dirección. En estos momentos, el estilo grandilocuente, torpe y atropellado de Hooper da paso a una simplicidad que no hace otra cosa que disparar hasta límites insospechados los niveles de emotividad transmitida.

En el caso de Los Miserables se evidencia la manida expresión “menos es más”. La dirección de Hooper supone más un palo en la rueda que una plusvalía, y podría hablarse durante párrafos de los numerosos errores que comete el realizador, y de las lacras que suponen sus decisiones. Pero en esta ocasión la técnica da igual. Lo depurado -o no- del montaje y los –exagerados- movimientos de cámara son lo de menos. Lo que importa al enfrentarnos a una cinta como Los Miserables es que, pese a todo, emociona; y lo hace como no lo ha hecho ninguna otra cinta en mucho tiempo. Lo que importa es esa extraña sensación de estar ante algo grandioso. Lo que importa es que, como espectadores, nuestros corazones se encogen y nuestras lágrimas afloran, ya seamos amantes o detractores del género. Porque Los Miserables no es tan sólo un musical; es cine en estado puro, espléndido, apabullante. De ese Cine que sólo se puede escribir con mayúscula.

¡A compartir se ha dicho!


Los miserables

dic-27-2012 By cinefilo

‘Les Miserables” es, seguramente, la obra más conocida del escritor y dramaturgo Victor Hugo, y sin lugar a dudas una de las más populares de la literatura del siglo XIX.

A finales de la década de los 70, los compositores franceses Alain Boubill y Claude-Michel Schönberg decidieron convertir la novela en una adaptación musical, editando un álbum conceptual que acabaría siendo representado en un espectáculo parisino. De ahí a su paso por los escenarios de Londres no pasaron muchos años, pero sí han sido muchos los que la obra se ha mantenido en cartel en todo el mundo, convirtiéndose así en uno de los musicales más longevos y exitosos de la historia.

Aunque de la novela de Hugo se han hecho ya numerosas adaptaciones cinematográficas (entre ellas la infravaloradísima versión de los noventa con Liam Neeson y Geoffrey Rush en los papeles principales), ésta es la primera vez que el musical londinense se lleva a la gran pantalla, y lo hace de la mano del oscarizado Tom Hooper (El discurso del rey).

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La historia transcurre en la convulsa Francia del siglo XIX. Tras una larga condena de 19 años por robar un pedazo de pan para alimentar a su sobrina, Jean Valjean (Hugh Jackman) es puesto en libertad condicional por el oficial Javert (Russel Crowe). Pese a volver a ser un hombre libre, Valjean no encuentra un lugar en el que establecerse. Su condición de exconvicto le cierra todas las puertas a las que llama, siendo rechazado y tratado como un paria.

Hasta que se topa con el obispo Myriel de Digne, el único que le trata con amabilidad y le ofrece comida y refugio. Pero Valjean traiciona su hospitalidad robándole la cubertería de plata, y huye del templo a escondidas. Cuando la policía lo captura y lo lleva en presencia del obispo, éste niega su delito concediéndole una segunda oportunidad para que siga el buen camino y se vuelva un hombre de bien.

Valjean inicia así una nueva vida bajo otro nombre, convirtiéndose en una persona respetable y generosa. Desgraciadamente, su pasado no tardará en volver a atormentarle…

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Con “Los Miserables” no nos encontramos un musical al uso. Lo que tenemos aquí es una historia narrada a base de canciones, por lo que la película funciona como un gran número musical en el que los personajes interpretan prácticamente todos sus diálogos cantando, a excepción de unos pocos en los que el intercambio de palabras es más bien escaso.

La música es la base en la que reposa toda la trama, y la letra de las canciones se emplea tanto para que los personajes se comuniquen entre sí como para que éstos se desnuden (figuradamente) ante la audiencia y expresen sus sentimientos, emociones o pensamientos.

En este último apartado cabría destacar de manera especial los números de Anne Hathaway, que está pletórica; el momento de “iluminación divina” de Valjean/Hugh Jackman; o las lamentaciones de Marius/Eddie Redmayne por los compañeros y amigos caídos.

La dramatización de la obra de Hugo en formato musical tiene, no obstante, sus pros y sus contras. El mayor problema es a nivel narrativo, ya que los hechos transcurren, a menudo, con desmesurada precipitación (especialmente los primeros actos de la historia), precisamente porque no se puede abusar de los diálogos ni hacerlos demasiado complejos, lo que impide muchas veces profundizar no sólo en algunas partes de la historia (todo lo que ocurre desde el momento en el que Javert sospecha que el Sr. Madeleine, el nuevo alias de Valjean, es en realidad el preso al que tanto tiempo lleva persiguiendo; o la historia de amor entre Marius y Cosette, reducida a una superficialidad e ingenuidad aplastantes) sino también en las acciones de sus protagonistas.

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No me extrañaría nada que el guionista haya tenido que echar mano de la novela original en más de una ocasión para rellenar los huecos que pueda dejar el musical londinense, y así poder hacer mucho más comprensible la trama.

Y es que lo que puede funcionar perfectamente sobre un escenario no necesariamente tiene que hacerlo de igual manera en pantalla. Mientras que en los escenarios la trama se tiene que simplificar para adaptarse a la estructura del musical, fuera de ellos esa simplificación debe enriquecerse a través de otros recursos, y no siempre meramente visuales (que aquí éstos funcionan de maravilla; desde la excelente escenografía hasta la inmaculada –aunque quizás demasiado “académica”– dirección de Hooper).

La cinta también tropieza, en ocasiones, con su propia estructura musical. Encadenar una canción tras otra, casi sin apenas dejar respirar al espectador, puede no ser fácil de dirigir, más aún cuando se trata de una historia con tanto y tan trágico melodrama.

En ese sentido, Sweeney Todd, por ejemplo, se degustaba con mayor facilidad gracias a su ligereza, a su humor negro y a sus toques de terror victoriano. Aquí en cambio, el ritmo se resiente, y en una butaca de cine en vez de un teatro las dos horas y media pesan un poco. Y eso afecta a nuestra implicación, de modo que mientras que algunos pasajes nos alcanzan la fibra sensible (repito, Hatthaway lo borda), otros en cambio se encuentran con que hemos cerrado a cal y canto el pasillo que conduce hacia nuestras emociones y nuestra empatía.

Es por eso que cuando Hooper concede pausas o combina el drama con puntuales momentos de humor (adheridos exclusivamente a los picarescos –entiéndase el adjetivo como un eufemismo de despreciables– personajes que interpretan Helena Bonham Carter y Sacha Baron Cohen), la función discurre con mayor comodidad, y uno se siente más predispuesto a dejarse llevar por los números y las maravillosas melodías.

Porque eso sí, la banda sonora es una maravilla, con temas asombrosamente pegadizos que nos invitan al canturreo postvisionado. El portentoso “Look Down” que abre la película reaparece de forma eventual cual leitmotiv, pero no es el único tema que sobresale de la magnífica partitura de Boubill y Schönberg.

Ese seguramente sea uno de su mayores pros y lo que sin duda ha convertido este musical en un éxito (amén de por la obra de Hugo). Además, tenemos a un reparto entregado que, en su mayoría, suplen la faceta de cantante con eficiencia, cuando no con nota.

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De nombrar un punto flaco, ese sería Russell Crowe, y no porque cante mal, ni mucho menos, pero no da el tono operístico que pide la obra. Lo que en sus compañeros fluye con más naturalidad, en Crowe resulta algo más forzado. El actor tiene formación y experiencia musical (además de haber sido vocalista de una banda de rock) pero aquí le cuesta dar la talla si lo comparamos con el resto. Aún así, es un punto flaco muy menor, teniendo en cuenta que interpretativamente queda perfecto en el papel (su presencia en pantalla es un 50% del trabajo y ahí no hay peros que valgan).

Por su parte, Jackman, que también tiene trayectoria en el género, pedía a gritos un musical cinematográfico desde hace tiempo, y aquí lo tiene. Un regalazo. Su Jean Valjean es uno de los papeles de su (irregular) carrera.

Los Miserables” es un buen musical de impecable factura, excelentes actuaciones y magníficas melodías, aunque quizás su verdadero sitio esté en los escenarios.

P.D.: Para poder apreciar/comprender mejor todos los matices de la trama y sus personajes (la convicción de Javert, la redención de Valjean…), y la importancia atemporal de su contexto histórico (la rebelión de la oprimida clase obrera francesa bien podría extrapolarse a nuestros días), me resulta más factible acercarse a cualquiera de las anteriores adaptaciones cinematográficas de la novela.

Entrada extraída de: http://www.tublogdecine.es/noticias/los-miserables-critica-oscar-a-la-vista-musical-de-impecable-factura-y-excelentes-interpretaciones/52143

Los Miserables

dic-26-2012 By cinefilo

Lo que más me gusta de todo esto es lo que se ha hablado de este musical. En Estados Unidos sí es un género querido, que lo han hecho uno de los símbolos de identidad de su cine junto con el western y el cine negro, pero en España hay un rechazo visceral a ver a un señor cantando todo el rato sus desgracias. Y ayer el cine estaba a rebosar. No lo veía en un multicine desde hace mucho tiempo, y con un público adulto, el cual ha quedado ya relegado a pequeñas salas independientes. No sé si será una cuestión coyuntural del día de estreno o que la publicidad ha hecho su efecto. Igual era el material de partida.

Los_miserables Primero mostrar mi disgusto porque hayan hecho la soberana estupidez de doblar las cuatro frases no cantadas de la película. No hay cosa que corte más la atención que oir una frase en español para luego volver a la melodía en inglés. El que tuvo la genial idea se cubrió de gloria. Podrán decir que para eso están las alternativas en V.O., pero señores de Universal, no todos vivimos en la Gran Vía. Tendré como siempre que esperar a un pase por televisiones de pago o comprarla “legalmente” para poder oírla íntegramente en su versión original. Así se combate la piratería.

Cuando me pongo frente a una obra tan esperada como ésta, y me planteo si la película me ha gustado o no, siempre recurro a la misma pregunta definitiva: ¿volverías por gusto y sin obligación a verla de nuevo en pantalla? Y la respuesta, con ciertos reparos es no.

Tom Hooper se ha visto tal vez demasiado obligado a hacer la obra definitiva del musical. Aún recordamos el triste desastre de la versión de Hollywood de El Fantasma de la Ópera (muchos no saben que se hizo una película), y hay que reconocer que este tipo de musical “operístico” no tiene muy buen recorrido en el cine. En ese sentido Los Miserables es bastante mejor que otras del mismo género, aunque también posee un mayor número de canciones reconocidas y melodías pegadizas.

Lo más discutible es la decisión, suponemos que de Hooper, de dirigir Los Miserables como si una obra de autor se tratara. Cámara en mano, exceso de primeros planos, éstos con movimientos mareantes de cámara…tal vez intentando recalcarnos una y otra vez que los actores cantan en directo para todos. Al poco tiempo pedía a gritos que viniera alguien y le pegara la cámara al suelo. No se puede tener dos horas y media al público con un primer plano bamboleante de actor pretendiendo que cada instante sea un punto cumbre de la narración. Momentos cumbres que a veces dudo que se produzcan, pues vemos la intensidad que intenta transmitirnos el actor, pero no veo la emoción reflejada en nosotros. Vemos a gente cantando.

 Y luego, claro está, los momentos de masas. Se supone que los números corales deberían dar un respiro a tanta concentración en la historia de los personajes centrales. Los trabajos forzados al comienzo, los pobres viviendo un día más en su pobreza, el entierro de Lamarque, la batalla en las barricadas…. Todos esperamos que se luzca el supuesto abundante presupuesto y nos dé un respiro a los que estamos cansados de sentir el aliento de los protagonistas todo el rato en nuestra cara, pero nada. Se queda todo en fugaces travellings para volver rápidamente a algún primer plano de cantantes. Decepcionante.

O tal vez mejor sea así, porque lo poco que se vislumbra son acartonados paisajes de un París de estudio y recreación digital. Incluso cuando dicen que la lluvia ha inutilizado la pólvora, nos preguntamos en qué punto del planeta debe haber ocurrido eso, pues todo a su alrededor se ve más seco que el Sáhara en verano. Además, el supuestamente maravilloso vestuario del lanzaroteño Paco Delgado debe ser valorado por su gremio a partir de bocetos, porque si es por la película los actores podrían casi todo el metraje estar desnudos cuanto menos de cintura para abajo. Un desperdicio de producción.

En cuanto a los actores hay que decir que son lo mejor de la función. En este caso no se produce con tanto descaro el que yo llamo “el efecto estrella”. Cuando se levanta un gran musical de Hollywood se recurre a caras famosas, y no siempre están a la altura de hacer un música. Pasó con Hairspray, donde los jóvenes secundarios cantaban de forma ágil y con soltura mientras la película se lastraba en cuanto las estrellas Travolta, Pfeiffer o Walken entonaban con mucho esfuerzo algún gorgorito. En Chicago no nos quedó muy claro que Richard Gere estuviera a la altura del resto del elenco, y del caso de Nine prefiero ni hablar…. Pero con los secundarios y los jóvenes se buscan más actores que realmente canten y adecuados al papel, y desde luego las voces de Cosette, de Marius y sobre todo de Èponine están muy por encima de las grandes estrellas. Una lanza a favor de ellos. No se me alteren, he comenzado diciendo que este problema no era tan descarado en Los Miserables. No seré yo el que ponga en duda la valía de Hugh Hackman para el musical, o que desde luego Anne Hathaway sea el gran descubrimiento de la película. Tal vez Russell Crowe queda un poco cojo, y sus esfuerzos de entonación se hacen demasiado patentes, pero nadie podría pensar en un Javert con más presencia y más planta para el papel.

En definitiva, que a veces es mejor no intentar hacer una obra maestra en cada segundo de una película para que ésta nos resulte menos “esforzada”, y sin llegar a ser un fracaso, si se nota demasiado ese empeño en hacer una gran obra. De ritmo irregular, no sé cuando achacarlo al libreto y cuando a la dirección, pero para lo que se prodiga el buen musical en los cines no seré yo el que recomiende no ir a verla. Ahhh y sí, vale, el I dreamed a dream está espectacular. Ya están contentos.