Cinemascope

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Seabiscuit, más allá de la leyenda

ene-2-2013 By cinefilo

Director: Gary Ross Intérpretes: Tobey Maguire, Jeff Bridges, Chris Cooper, Elizabeth Banks, William

En la sociedad del futuro todo individuo tendrá la capacidad, una vez que se haya tomado el virus correspondiente, de empatizar, sentir, memorizar, aprender y actuar. Una sociedad en la que la tecnología está en (y no solo al servicio de) el individuo y su entorno, donde las personas son programables y cuentan con todas las facilidades y comodidades que el desarrollo tecnológico ofrece. Pero esa sociedad imaginada del futuro, que Michael Winterbottom propone en el largometraje de ciencia-ficción Código 46 (Londres, 2003), es tan idéntica a la actual que ni siquiera vale la pena imaginarla: la exclusión de las mayorías es exactamente la misma que la que vivimos en el mundo de nuestros días.

La película arranca con la presentación del Código 46, sus normas y algunas amenazantes advertencias sobre incumplimiento de sus estrictas leyes. El principal propósito es el de evitar que personas que compartan código genético lleguen a concebir, pues lo que dispara las alarmas es que debido a las técnicas de fecundación in Vitro y la inseminación artificial, dos personas con un mismo perfil genético puedan concebir, algo prohibido según el artículo primero del código 46 que, si bien exime a los padres de cualquier responsabilidad en caso de ignorar el parentesco, considera una violación delictiva el hecho de que conciban sabiéndolo, ya que el feto sería fruto de una relación incestuosa.

Los dos protagonistas de la película, William y María González (narradora), viven en esa sociedad del futuro en la que ambos acaban por no aceptar las normas, aunque es la narradora la que lleva su rebeldía hasta las últimas consecuencias. En Shanghai, lugar en el que vive y trabaja María, en una factoría que emite permisos de viajes (cubertura legal, según esa neolengua de la sociedad futurista), algo que la chica hispana aprovecha para expedir falsos permisos a amigos necesitados, lo que obliga a la empresa a contratar a un detective que trata de descubrir al delincuente. Es aquí cuando entra en escena William, un cuarentón atractivo, listillo y astuto, que presume de tener la capacidad de leer la mente de los individuos y de adivinar sus pensamientos, e incluso descubrir sus secretos, con una simple conversación en la que uno le cuanta “algo de su vida”. Nuestro detective, que es contratado por su intuición y no para aportar pruebas, porque se había tomado el virus de la empatía para llevar a cabo su propósito, lejos de dedicarse a identificar al infractor, decide encubrir a María pero no porque coincida con sus buenas intenciones, sino más bien por la atracción que sobre él ejerció la protagonista, con la que acaba compartiendo cena, velada y cama. Sin saberlo, ambos acababan de violar el Código 46.

Concluida su misión, y después de haber señalado como culpable a un empleado, William abandona Shangai y vuelve con su familia, mujer e hijo. Nada más llegar al trabajo, se le comunica que la esfinge, un orwelliano ojo que todo lo ve, había detectado la muerte de dos individuos en una semana, ambos portadores de una falsificada cubertura legal salida de la impresora que William investigó y se le ordena que vuelva a Shangai para investigar de nuevo la cuestión. A su vuelta, buscando a María, descubre que había quedado embaraza, que fue ingresada para abortar por haber concebido de alguien genéticamente idéntico, que a la joven la habían “reprogramado” y borrado todo recuerdo anterior. Durante el reencuentro a William se le caduca la cubertura de un día con la que entró, pide una falsa a María, ésta se la consigue y ambos se fugan a un lugar y ahí violan deliberada y alegremente el código 46. Pero un fatal accidente de coche acaba con su utopía personal de los protagonistas, María acaba desterrada de esa sociedad contra la que se sublevó, y a William le “desactivan” el virus de la empatía y le borran la memoria. Así de fácil sería el control de un ser humano informatizado en la sociedad del futuro, algo que no podríamos descartar si nos atenemos al afán de los pocos por controlar la mayoría. No os la perdáis.

¿QUÉ AMABA WILLIAM KLEIN?

sep-29-2012 By cinefilo

Era la generación de los fotógrafos, los gritos vivos que ahogaban el silencio de una realidad oculta al mundo, pero presente en la gran ciudad de Nueva York. Así se manifestaba el fotógrafo William klein. Era el bufón, el comodín de la baraja del póquer. 

Tomaba sus imágenes con una actitud inconformista, pero siempre con un significado: La frustación de lo que ocurría en su entorno. Le gustaba buscar aquello improvisado, la sorpresa de un rebelde en acción siempre con la cámara en mano. 

NY: William klein, 2009

NY (Catlwalk Backstage) : William Klein, 2009

Mostrar al público la raíz y el sentido de la ajetreosa vida en la ciudad, y las pesadillas, que sin caza sueños, se sueñan en el subconsciente  todas las noches. William klein tenía su técnica.

ISSUE by William Klein, 1960

El desenfoque, los accidentes en primer plano, el flash siempre a punto y el ojo en alerta. La revista Vogue se interesó por el mágnifico trabajo de Klein, pero una vez acabada la edición, siempre la Editorial Condé Nast, se echaba para atrás.

VOGUE cover May, 1963

No era capaz de publicar aquella colección fotográfica, salvo que no fuera “Glamurosa”Era un amante de la captación callejera, incluso el cine cincuenta años después ha buscado incansablemente sus imágenes que proyectaban esa violencia que se resguardaban en las calles de Manhattan. 

NUEVA YORK, 1955 “Skyline” by William klein

Ahora en el mes de octubre la Tate Modern dedicará una colección de su retrospectiva, junto al fotógrafo japonés Daido Moriyama, de aquellos caminos incansables que han recorrido entre la ciudad de la “Gran manzana” y Tokio. Su esencia vuelve a renacer, juzguen ustedes mismos, adelante.

Emma de Lara

Innocent when you dream (*)

jul-27-2012 By cinefilo

Os recomiendo la película Smoke. Una excelente obra de arte con guión y co-dirección de Paul Auster que, como dice Carlos Boyero, “conviene revisarla con frecuencia” porque “nos ayuda a sobrevivir“. Si esto no fuera suficiente, cuenta con 3 de mis actores preferidos: Harvey Keitel, William Hurt y Forest Whitaker, secundarios de lujo que bordan sus papeles.

Me cuesta quedarme con un momento concreto pero quería compartir la curiosa afición de Auggie, un Sr. Lobo convertido en estanquero neoyorkino. A las 8 de la mañana sacaba una foto de la esquina de la calle tercera con la séptima avenida de Manhattan. Hasta aqui, normal. La peculiaridad surge cuando cuenta que lo llevaba haciendo 10 años seguidos…todos los días.

Esta confesión sorprende a Paul Benjamin, el alter ego del guionista encarnado por William Hurt, que afirma: “Pero todas son iguales” y Auggie responde: Exacto, más de 4.000 fotos del mismo sitio… Todas son iguales pero cada una es distinta de la otra”.

Ane ya ha empezado a plasmar esos lugares “distintos” en Plentzia

Esta dedicación sin descanso, me recordó a la mirada del turista y me sugirió que casi siempre pasamos por los mismos lugares y no prestamos atención porque pensamos que ya lo hemos visto todo. Sin embargo, nos perdemos muchos detalles, olvidamos los matices, obviamos a las personas y pasamos de largo sin fijarnos que cada día podemos quedarnos con algo distinto.

Si además tenemos en cuenta que todos y cada uno de esos días también nosotros “somos diferentes”… ¿Cuántas oportunidades nos perdemos?

Os invito a mirar esa esquina con la que os encontráis todos los días con un poco más de detenimiento. Quizás estén ahí muchas respuestas que estamos buscando o, simplemente, lo que encontremos nos regale una sonrisa que nos permita afrontar el día con la alegría que ahora tanto necesitamos.

Oscar Garro

(*): Ah! Y un cuento de navidad con 6 meses de adelanto. ¿Por qué no?

Después de haber dejado una inquietud con respecto al embarazo de su hija, ante los medios de comunicación colombianos, William Mebarak, el padre de Shakira se ha pronunciado oficialmente a través de Rodrigo Beltrán, Jefe de Prensa de la artista de las caderas que no mienten, con quien ha difundido el siguiente comunicado ante los medios de su país.

“He escuchado por la prensa que algunos medios afirman el haber confirmado el supuesto embarazo de mi hija, esto es absolutamente falso, quiero reiterar tal como dije en la entrevista que otorgue recientemente, que espero y ojala se de pronto esa buena nueva puesto que sé que nos alegraría a todos, nunca he dicho otra cosa distinta a eso, ni lo he confirmado” William Mebarak.

De esta forma, una vez más se desmiente el embarazo de la artista más importante de Colombia. Seguiremos pendientes de esta historia entre la barranquillera y el futbolista Gerard Piqué, que ya está dando para un novelón.