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‘Brokeback Mountain’, un lugar al que volver



En el año 2005 el director chino Ang Lee sorprendía al mundo con una arriesgada película de título ‘Brokeback Mountain’ (me ahorraré la traducción que tuvo al español). Y digo arriesgada por su propuesta atrevida de contarnos un relato aparentemente atípico para las mentes más conservadoras, cuando no es más que un fabuloso fresco sobre las relaciones humanas en su estado más puro, ni más, ni menos.
La película arranca cuando dos jóvenes, Ennis del Mar (Heath Ledger) y Jack Twist (Jake Gyllenhaal), acuden a solicitar trabajo para cuidar ovejas en las montañas, empleo que requiere vivir continuamente en ellas al cuidado del ganado. Y es aquí, en el idílico paraje que nos muestra Lee, donde surgirá el amor entre los dos muchachos, un amor alejado de toda mirada y de toda sospecha. Esta primera parte estará marcada por la relación de ambos, por ese edén donde el cariño se va conformando, y los sentimientos comienzan a aflorar irremediablemente. Es de admirar cómo Lee construye ese mundo que sólo pertenece a ambos, como si de un lienzo se tratara donde se plasma un amor que anidaba oculto en sus corazones. Y cuando esa relación se conforma, brota como un torrente de sensaciones, igual que los riachuelos de límpida agua que vemos en ese paraje sin igual. La pasión se desborda y Ennis y Jack quedarán marcados para siempre por el lugar que vio germinar y engrandecer su profundo afecto.

Pero su tiempo se acaba, y se ven obligados a separarse, obligados cada uno a volver a sus vidas, Ennis con su novia para formar una familia y Jack a sus rodeos. La despedida es sobria, incluso poco amistosa, fría, pero cuando Jack desaparece en el horizonte Ennis estalla en un arrebato de desesperanza y frustración. Ambos rehacen su vida, incluso se casan y tienen hijos, pero la añoranza y el amor aún vive en ellos, pese al paso de los años sus mentes vuelan a Brokeback, la montaña que los unió. Lee nos muestra a los dos hombres felices con sus vidas, aparentemente normales, pero nos deja entrever un vacío que no son capaces de llenar. Y tras cuatro largos años se produce el encuentro, ese momento por el que ambos tanto han esperado.
Es ese amor que jamás se ve más allá del cine, un amor sostenido, sincero y vibrante. Lee nos regala una historia sobre la esperanza, sobre una pasión cuya llama nunca se apaga, pese a la distancia, pese al tiempo transcurrido.

Y no pueden vivir juntos, Ennis tiene miedo debido a una terrible escena que vivió cuando era pequeño, tiene miedo de los intolerantes, de los que no son capaces de ver que los sentimientos traspasan más allá del sexo, género y creencias. Por ello jamás podrán tener su Brokeback completo. Sólo acuden allí ocasionalmente, a su refugio, a su cielo, y es doloroso. A Jack no le importa, quiere romper tabúes y vivir lo que siente siendo como es, pero Ennis no puede, aún no se atreve.
Y todas estas disyuntivas morales y emocionales Ang Lee las trata con la sutileza que requieren, con la sensibilidad y a la vez la dureza que la situación de los dos amantes viven. No hay artificios, no hay trampas, el guión fluye perfectamente para contarnos una historia cuyo desarrollo no necesita prisas, los grandes relatos se cuentan así, con premura, con templanza.

Pero como todo lo que toca eso que llaman amor, la tragedia, el drama llega para romper la dicha, y es aquí cuando Lee nos ofrece secuencias con una fuerza aún mayor de lo que nos había enseñado anteriormente. El tratamiento de las imágenes y el gran trabajo de reparto ensalzan un segmento final absolutamente maravilloso, triste y nostálgico. Los momentos en soledad, y quizás de arrepentimiento, invaden el corazón de ese hombre que se siente solo, despojado del gran amor de su vida. El tratamiento emocional es superlativo, y, por ejemplo, la excelente secuencia en la casa de los padres de Jack es sencillamente inolvidable.

‘Brokeback Mountain’ es una película que no se olvida, sus poderosas imágenes, su valentía, su pasmosa facilidad para hablarnos de las relaciones humanas y las oportunidades perdidas, quedan grabadas en la memoria de los que amamos el cine y el arte en general. Quizás su tratamiento pausado eche para atrás a muchos, pero esta historia no tiene otra forma de ser contada, Lee toma el timón con pulso firme para deleitarnos con un bellísimo relato que va mucho más allá de los convencionalismos que hoy en día son dueños de la mayoría de producciones.

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