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Los miserables



Los_miserables-560563326-largeCALIFICACIÓN: 4.5
(Aburrida, excesiva y grandilocuente película cantada)

Los miserables no es un musical. Es una aburrida, simplista y aparatosa película cantada en la que el director, Tom Hooper, busca enfatizar el realismo sucio y el melodrama social pero se equivoca y fracasa, mareándonos con la cámara, simplificando la historia y haciendo teatro filmado de la tragedia de Víctor Hu…go. Y eso que la primera secuencia resulta estupenda y prometedora pero después el cine brilla por su ausencia y la película se va viniendo abajo en un indigesto coctel de ampulosos movimientos de cámara, montaje caprichoso, excesivos primeros planos y narración atropellada. Y todo cantado por unos esforzados actores en una trama que pasa del melodrama dickensiano a la lucha revolucionaria de las barricadas con tanta grandilocuencia, superficialidad y precipitación que nada nos emociona ni deja huella.

No se engañen, Los miserables, versión Tom Hooper, no es un musical donde los personajes hablan y de repente se ponen a cantar o donde hay espectaculares números musicales. No. En Los miserables, Hooper decide mezclar varias influencias y tomar decisiones discutibles que no acaban de conjugarse bien, no acaban de funcionar y a este crítico no le convencen.

Decide que toda la película sea cantada como una ópera o la obra de teatro musical en la que se basa. Secuencia tras secuencia en la que los actores hablan entre ellos cantando o expresan lo que sienten y piensan cantando, sin apenas transiciones habladas y sin números musicales. Y todo filmado con los actores cantando en directo.

Pero lo más discutible y lo que menos me gusta son las decisiones que toma de puesta en escena y narración. Visualmente la película resulta exagerada y gratuita con una cámara que no para de moverse con aparatosos movimientos digitales a todas luces innecesarios, un uso excesivo del montaje y abusando del gran angular y los primeros planos. Con ello el director parece buscar el espectáculo y acercarnos la miseria y pobreza que se vivía en la Francia de principios del siglo XIX, pero nos marea y aturde y resulta impostado y efectista.

Luego la narración resulta precipitada y atropellada. Una secuencia tras otra sin transiciones, con los personajes cantando y cantando sin pausa, transmitiendo frialdad y distancia.

El gran problema es que la historia es muy plana, simple y no emociona; está demasiado simplificada y pierde la oportunidad de erigirse en una profunda crítica de la situación actual.

Pero el director parece más pendiente de lo visual que de la historia, se le va la fuerza en la cámara y canciones y se olvida de los personajes y guión. Así los personajes y su psicología son de una pieza y están poco trabajados, por lo que no nos interesan estos personajes ni lo que les pasa. No sufrimos con ellos, no nos llega su dolor, ni la tensión en el duelo/persecución entre Jean Valjean y Javert, ni el romanticismo y el desgarro en las historias de amor y desamor, ya que todo es demasiado frío y superfluo y parece solo interesar lo aparatoso y grandioso.

Curiosamente los mejores momentos de una película tan grandilocuente y exagerada están en los instantes intimistas en los que la cámara se calma y se posa en el rostro de los actores y les deja cantar expresando todo su dolor. A lo largo de sus dos horas y media se echan de menos más momentos como estos, desaprovechado a unos actores que son lo mejor, con interpretaciones esforzadas y entregadas, destacando, sobre todo, a Hugh Jackman y a Anne Hathaway.

En definitiva, estos miserables que vienen con tanta promoción y ruido no son más que un melodrama cantado, excesivo, gratuito y mareante en la forma y vacío y sin emoción en el fondo. Teatro filmado.

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