Cinemascope

Cine , Cartelera de Cine, Estrenos, Actores y Actrices

Interesante de nuestros patrocinadores

Las adicciones son un mundo ampliamente abordado en el cine y en el que es común encontrar magníficos trabajos, pero es en un tópico no tan convencional en el que “Shame” se posiciona como maravilla de los últimos años.

Brandon (Michael Fassbender), detrás de su buen aspecto físico y situación económica-laboral privilegiada, esconde una adicción al sexo en todas las facetas; en medio de sus actividades cotidianas su mente estará avocada a disminuir sus niveles de lujuria a toda costa. Es su día a día, su droga, su verbo, su costumbre. No es más que un mecanismo de escape a la imposibilidad de entablar vínculo sentimental con otra persona.

A este asunto erótico se le suma una visita inesperada: la de su hermana Sissy (Carey Mulligan). Será el punto de partida para un giro en su forma de verse y sentirse, encontrándose constantemente con sentimientos de culpa, rabia y vergüenza. La conciencia de que el camino no es el correcto, pero a la vez resignación a que no hay escapatoria.

Sissy representará una invasión, fundamentalmente, a su privacidad. Como hermano mayor siente que protegerla es su deber, pero la idea choca con el hastío de ver cómo ésta ha ido tirando poco a poco su vida a la basura.

“Valiente” puede ser el adjetivo totalmente acorde para definir el segundo largometraje de Steve McQueen, dado que aborda en lo muy profundo de un tema nada sencillo de explorar. Sin recato ni miedo a la censura, este director y guionista ofrece toda una obra sensorial y explícita, que a su vez es potenciada por la impecable interpretación de Michael Fassbender.

Y es que al terminar de ver la cinta, una de las preguntas obligadas es ¿por qué semejante actuación no fue, siquiera, tomada en cuenta para un Oscar? Algunos críticos creen que vincularse a un trabajo de alto contenido sexual pasó factura, y ciertamente en un criterio cuadrado es común pensar así, pero no es más que otro posible error histórico de la academia de Hollywood; parte de los deslices a los que muchos ya se han acostumbrado… y resignado.

 ”We’re not bad people. We just come from a bad place”.

CINE: Ted Trailer y Estreno

sep-29-2012 By cinefilo

 

Para los amantes del cine llega esta divertida historia no tan común entre un oso de peluche y un niño que en el tiempo sufren varios cambios de actitud de acuerdo a su edad, aquí les dejo el trailer en español si que se ve buena y muy divertida.

Esta película se estrenará desde el 4 de Octubre en todos los cines.

De todas las cosas que, con seguridad, ocupan un lugar importante en nuestros pensamientos, la que destaca por encima de ellas y es común a casi todos los individuos es el final de nuestros días. Del mismo modo, la muerte encarna uno de los tabúes más infranqueables socialmente. Esto, unido a que el protagonista de El tiempo que queda (2005) es una persona joven da juego a Fránçois Ozon a reflexionar sobre una sociedad que no está preparada para los retos del presente y, cuanto menos, del futuro. El tiempo que queda retrata el ocaso en la vida con una belleza deslumbrante sin perder fuerza para ser un argumento que se viene repitiendo con cierta frecuencia.

El largometraje, de producción francesa, nos acerca a la vida de un joven fotógrafo homosexual que lleva una vida exitosa y libre rota en añicos con la detección de un cáncer. El protagonista busca el arraigo dentro de su propio ser  y  se distancia de sus seres más próximos para romper esa telaraña de silencios, apariencias y compasión con la que no quiere combatir. La única a la que da privilegios para romper su pompa protectora es su abuela. El espectador, pues, se sienta ante una historia aparentemente lacrimógena para acabar encontrando una oda a la vida y a la belleza en sí.

El tratamiento general de la película es notable, tanto técnico como en el plano de la argumentación. En este último, los tópicos se han eliminado con inteligencia y el resultado termina siendo una hora y media de reflexión, audacia y belleza. La cinta mira de frente al tabú de la muerte al igual que muestra sin censura las relaciones sexuales en el plano de la homosexualidad. El tiempo que queda nos brinda una oportunidad ineludible para no ignorar toda la problemática que rodea el universo homosexual así como a la muerte prematura y lo hace a golpe de escenas cortantes y duras, escasas pero suficientes.

Pero no todo es negro o blanco. Podríamos decir que hay un halo de esperanza indirecta que sosiega todo lo que le adolece al protagonista. Un recurso que resuelve sin problemas y nos hace elevar nuestros pensamientos a la huella que dejamos en el mundo una vez hemos desaparecido.

María José Gata

.
Por José Luis Restán, director editorial de la Cadena Cope, en Páginas Digital del 02/02/2012

.

La libertad de Popieluszko se explica por su cotidiana referencia al Misterio de Cristo

.

Soy uno de tantos que han revivido, conmovidos, las imágenes de la gran revolución polaca a través de la película Popieluszko. No pretendo entrar en sus méritos artísticos sino en la memoria que aviva en las gentes de mi generación y, sobre todo, en las lecciones que nacen de aquella experiencia y que siguen siendo de gran utilidad para nosotros.

Frente al totalitarismo de cualquier signo hay dos diques esenciales que Polonia supo levantar, quizás como ninguna otra nación en la historia. La religiosidad auténtica y la pertenencia a un pueblo. Toda experiencia religiosa verdadera dota a quien la vive de una conciencia de su propia dignidad que se remite a la relación con el Infinito, y que por tanto no puede aceptar la esclavitud respecto de ninguna clase de poder. No es extraño que todos los proyectos de dominación ideológica hayan tratado de erradicar o al menos de controlar y domesticar la religiosidad.

Jerzy Popieluszko era un sacerdote del común, físicamente débil y enfermizo, un hombre que sentía miedo y angustia (esto es algo que la película comunica con tremenda eficacia), pero era consciente de que ni las circunstancias ni el poder definían su identidad. Me vienen a la memoria estas palabras de Don Luigi Giussani que explican a la perfección el sorprendente fenómeno del capellán de los obreros de Solidarnosc: “solo en un caso este punto que es el hombre individual y concreto, sería libre… hasta el punto de que ni el mundo entero ni todo el universo podría constreñirlo; sólo en un caso esta imagen de hombre libre es explicable: si se supone que ese punto no está constituido sólo por la biología de su madre y de su padre, que posee algo que no deriva de la tradición biológica de sus antecedentes inmediatos, sino que está en relación directa con el infinito, en relación directa con el origen de todo el flujo del mundo, es decir, con Dios”.

La libertad de Popieluszko y de millones de polacos se explica por su cotidiana referencia al Misterio de Cristo, conocido y amado en la hermosa tradición católica de su país. No se trata de un discurso que oponer a la ideología del Estado, sino de una auténtica experiencia de libertad que permite a las personas, a pesar de su miedo y de sus límites, estar en pie. Todo esto tiene una gran relevancia para quienes vivimos en sociedades marcadas por el anonimato y la dispersión, en las que la opinión común es modelada desde una comunicación sin rostro, en las que la pregunta por el significado de la vida y del mundo es sistemáticamente sofocada y ridiculizada. A menor religiosidad menor libertad en la vida concreta de cada uno y en la ciudad común. Es algo que el genial maestro de la democracia, Alexis de Tocqueville, supo ver con gran agudeza en los tiempos de la fundación de los Estados Unidos.

Beato Jerzy Popieluszko

El otro gran dique frente al poder totalitario es la pertenencia de la gente a un pueblo. No es algo que pueda darse por supuesto; naturalmente no me refiero a una mera agregación física. Recurro una vez más a Don Giussani: “la vida de un pueblo está determinada por un ideal común, por un valor por el que vale la pena existir, esforzarse, sufrir, y si es necesario, incluso morir”.

Como decía San Agustín en De Civitate Dei, “el pueblo es un conjunto de seres razonables asociado en la comunión concorde de las cosas que ama”, y añadía que para conocer la naturaleza de cada pueblo hace falta mirar a las cosas que ama. De ese ideal reconocido y amado surge un ímpetu de acción, una generación de obras.

Es algo que la película transmite también con gran viveza. Hoy vivimos en sociedades en las que frecuentemente falta este ideal compartido, por eso la persona se reduce frecuentemente a individuo aislado, a merced de la opinión dominante, de los resortes del poder político o cultural.

La llamada revolución polaca nos sigue ofreciendo lecciones válidas para el presente. Hoy estamos inmersos muchas veces en la “sociedad líquida” evocada por Benedicto XVI en su visita a Venecia, marcada por lo efímero y lo voluble, donde los vínculos son cada vez más superficiales e insignificantes, donde el individualismo hace a las personas enormemente vulnerables y donde la pregunta religiosa está condenada a los márgenes de lo estrictamente privado, cuando no a las tinieblas de lo patológico. Esto significa que la libertad real (no un mero eslogan vacío) es un bien cada vez más arduo. Tocqueville ya nos lo advirtió.

Recuperar la centralidad de la dimensión religiosa en la vida común y generar un tejido de pueblo, son dos tareas en las que se cruzan (y se encuentran) la misión de la Iglesia y el empeño sanamente laico de una sociedad que no quiera ser una mera jaula de grillos. Empecemos por abrir espacio a las grandes preguntas del hombre en la plaza pública, a mostrar el plus de humanidad, de razón y de libertad, que genera la fe cristiana. Y curémonos del espantoso individualismo que ha contaminado también las filas de los católicos. Hay algo que salta a la vista en esta película que deberíamos ver todos (jóvenes y adultos): ni los tanques, ni los interrogatorios clandestinos, ni la violencia del poder pueden ocultar que la vida es un bien, un bien compartido y transmitido, un bien que se proyecta en un ángulo abierto al Infinito.

.

Película HISTORIAS CRUZADAS

feb-11-2012 By cinefilo

Basado en una vieja situación de racismo estadounidense, es una película muy humana que nos muestra el nivel de crueldad que se puede alcanzar por seguir al montón, la moda, lo común (lo normal porque todo el mundo lo hace).

Nadie tiene porqué ser sometido a racismo ni discriminación en ninguna forma, ni en privado ni en público, ni por grupos mayoritarios ni grupos minoritarios.  Ninguno tiene la potestad para discriminar en forma alguna por raza, condición socioeconómica ni apariencia… lamentablemente, el humano así lo hace, juzgando a través de la apariencia y de las posesiones, alzando la nariz y mirando de arriba hacia abajo o burlándose como orangutanes cuando están en grupo.

Esta película nos hace reflexionar sobre el que todas las situaciones que vivimos suceden por alguna razón (sin justificarlas ni juzgarlas) para fortalecernos, y este fortalecimiento sucederá sólo si aceptamos la experiencia vivida con actitud totalmente positiva tal que se convierta en una experiencia que nos guíe por un camino en común, hacia la verdadera humanidad que tenemos dentro.