Cinemascope

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The Kid (1921)

dic-3-2012 By cinefilo

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The Kid (El Chico, El Muchacho, El Chicuelo, El Chamo o El Pibe según el país) es una película muda de Charlie Chaplin estrenada en 1921. Se destacó un pequeño Jackie Coogan como co-protagonista y estrella infantil. Es una de las pocas películas del cine mudo que han mantenido su popularidad hasta nuestros días.

Argumento

Una joven señorita, Edna (interpretada por Edna Purviance), acaba de dar a luz a un hijo no deseado. Con el dolor de su alma, decide dejar a su bebé dentro del elegante automóvil de cierta familia adinerada, junto a una nota en que brevemente pedía que se hicieran cargo de su hijo. Pero unos delincuentes que se roban el auto, dejan al bebé abandonado en la esquina de un barrio marginal. Es allí donde lo encuentra un alegre, despreocupado e inocente vagabundo (interpretado por Charlie Chaplin), quien si bien en varias ocasiones intenta deshacerse de semejante responsabilidad, se compadece de él y decide adoptarlo y asumir su crianza. El bebé crece y se convierte en “John”, un muchacho de cinco años interpretado por Jackie Coogan. Junto a su padre adoptivo sobreviven en base a divertidas pillerías, viviendo pobremente en un suburbio pero a la vez tranquilos y felices.

Edna, quien se ha convertido en una famosa y adinerada actriz, intenta mitigar en parte el constante dolor de haber perdido a un hijo, y suele descender a los suburbios a repartir juguetes entre los niños pobres; entre ellos está el Chico. Cuando Edna ve la nota que Chaplin había guardado por tanto tiempo como único antecedente de los orígenes del John, se da cuenta que se trataba del mismo hijo que había perdido. Finalmente Edna y el Chico se reencuentran como madre e hijo, y Chaplin es invitado a vivir con ellos en su lujosa casa; curiosamente, la misma casa en que años antes había dejado a su hijo dentro del automóvil.

Datos interesantes

Chaplin se inspiró en la crudeza de su infancia y en la reciente muerte de su bebé, quien había nacido prematuro, para el rodaje de El Chico. Fue una película excepcional, en la que plasmó mucho de sí mismo. Se incluyeron muchos efectos especiales novedosos para la época. Otro dato interesante, pero a la vez desilusionante, es el alcoholismo de Edna Purviance. Solía llegar tan ebria a las grabaciones, que en muchas oportunidades, Chaplin pensó en reemplazarla por otra actriz. Lita Grey, quien en la escena del sueño del vagabundo interpreta al “Angel de la tentación”, que fue posteriormente esposa de Chaplin (había quedado embarazada de éste con sólo 16 años de edad) pero se divorciaron al poco tiempo por problemas personales dejando con si un hijo.

 

¡Habrá Actual 2013!

nov-24-2012 By cinefilo

Pues sí, algo se había especulado pero al parecer ya es oficial que en 2013 habrá una edición de Actual. La celebración en 2013  este encuentro es una buena noticia ya que siempre es y será un referente en una ciudad cuya oferta cultural no es que sea muy amplia (esto es una opinión personal). Algunos ya habíamos oído hablar de esta posibilidad pero por el bien de la iniciativa y de los que se encuentran detrás de este esfuerzo habíamos preferido guardar silencio, pero ahora ya es oficial, con lo que lo podemos decir bien alto.

Quizás las peticiones surgidas especialmente a través de las redes sociales y por supuesto las ganas de seguir manteniendo y dinamizando la oferta cultural por parte de unos pocos son las culpables de este evento. Y por tanto no podemos hacer otra cosa que felicitar a los entes y personas que van a realizar este esfuerzo, sobre todo en estos tiempos de tanta carestía de todo. Si bién hay que decir que será diferente en muchas características, como el tema de la participación de empresas privadas, estamos seguros de que es un esfuerzo que se verá recompensado por todos los que durante años hemos asistido a otras ediciones.

Según se vaya sabiendo la programación y las actividades cinematográficas, musicales y de todo tipo intentaremos informaros.

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Os adjunto el enlace de la prensa en el que se aporta más información.

http://www.larioja.com/v/20121124/sociedad/actual-reinventa-2013-20121124.html

La mulata.

nov-24-2012 By cinefilo

Querida mía:

Te hablaré de “la mulata”. Como tú sabes, marzo fue un mes de cine. Me encontré asistiendo a varias jornadas y seminarios cinematográficos. Conocí mucha gente del medio. Y fue el mes en el cual cinco mujeres pasaron por mi cama… Cuatro llegaron y se fueron pero conservo sus números y direcciones en un chip de móvil muy especial. Una se quedó mucho más tiempo. Sí, lo sabes. Sé que lo sabes.

¿Qué pasa cuando un escritor pornógrafo se encuentra con directores de cine, con guionistas, con actrices? En principio algo anuncia un encuentro, un choque tal vez, una posible cooperación que desembocará en ebriedad, droga y sexo y, si marcha la cosa, algún proyecto de cine. La idea suena bien pero no es tan fácil de concretar.

Bien. Marzo resultó para algunos. Sobre todo para mí. Uno a uno lo aparté. Uno a uno lo hice a un lado. Entonces llegó ella. La mulata…

Y así fue:

Había hecho amistad con un cineasta sudamericano con el cual compartí borracheras, paseos, proyectos… En la Ciudad de México una chica mexicana y una chica catalana nos visitaron en la habitación del hotel y se conjuraron las distancias: hachís, cerveza, los dulce-amargos labios de la rubia, los muslos carnosos de la morena. Cerveza, humo y fluidos en la cama, la bañera y el diván. Sexo apresurado como para no recordar. Al día siguiente a Cuernavaca, ciudad violenta que nos recibió ebrios de sexo, oliendo a hembras adolescentes y a cigarro -ellas conducían-, hasta lo que fuera el Casino de la Selva y un poco más. Por la noche México City y un vals. Un buen trago de Cava Catalá. Mi chica catalana y yo con familia en Barcelona. Y sus labios dulce-amargos que de recordar me provocan nostalgia y una erección. La despedida y una fiesta en Coyoacán con productores y directores. Me encontré sentado con dos maquillistas a quienes leí cada tatuaje que tenían. Noche de piscina, vino y sexo tras una puerta roja. Sexo neblinoso para olvidar. Y el domingo el viaje a Veracruz. 

Nos hospedamos los dos en una sola habitación. Debieron creer que éramos gays. Equívoco que pronto salvaríamos. 

Y fue en un antro a medianoche. Cerveza, música y un par de chicas fáciles. Pronto estuvieron con nosotros. Recorrimos la ciudad buscando alcohol. Un poco más. Siempre más. Dejamos a una de ellas en una cantina de mala muerte. La mulata dijo un nombre que no supimos retener. ¿Para qué saber el nombre cuando te interesa un par de tetas, las bellas nalgas y el sexo hambriento de una puta a medianoche? Creo que se hacía llamar Chris. Para mí es “la mulata”. Hermosas caderas para sostener dos pares de manos rijosas, un par de penes horadantes y el cabello ensortijado sobre la base de una piel morena clara y los ojos profundos como la mentira. La mulata lloró toda la noche, ebria y drogada recordando los hijos que su pareja le había arrebatado. Por un momento cedí. Por un momento cedimos mi amigo y yo. Él sacó la cámara y comenzó a filmar, a fotografiar. La chica sabía modelar. Dijo que había sido modelo, edecán, que había sido puta de alcurnia. Le creímos. Luego no lloró más. Entre besos se desnuda la piel, se desnuda el alma a tal grado que la carne recuerda mientras el espíritu se abandona. La mulata nos amó y amamos a la mulata, largamente, tiernamente hasta que la mañana llegó cansada y recibí una llamada al móvil. Era un amigo que la noche anterior me había visto en la ciudad. Nos invitaba a su finca. Habría más cerveza y diversión, Quedó de pasar por nosotros en una hora escasa. Llevamos a la mulata con nosotros. Al principio él y sus acompañantes le creyeron una actriz. La chica, pronta en cinismo atinó a decir: “yo soy pura cabrona” y todos rieron.

Llegamos a la finca. El río, risas, manoseos a la única chica que estaba con nosotros y en ropa interior. Un poco más de alcohol, hierba y todos los hombres terminamos con toallas envolviéndonos las caderas. La mulata había pedido pasar al baño de una de las cabañas que componen la finca mientras nosotros conversábamos a orilla del río. Entonces regresó, riendo de tal forma que volteamos a verla, envuelta en una toalla, por el sendero, comenzó a bajar los escalones hacia el río. En un momento llevaba la toalla, en un momento parecían alas y en un segundo se la echó al hombro.

Floté en ese mismo instante en mi propia atmósfera. Era ese mi lugar. Tomó asiento junto a mí y toda la conversación hurgué con mis dedos en su sexo y entre las nalgas. Por segundos se erguía, abriendo la boca, volteando a verme y diciendo alguna estupidez para disimular:

-¿Qué bonito lugar, verdad?

-Muy hermoso… desde aquí el paisaje es… húmedo y profundo…

En otro instante fui al baño. A mi regreso la mulata me encontró en el sendero. Desnuda, con unas sandalias prestadas, con una pastilla de jabón en la mano, se me plantó enfrente:

-¿Me acompañas a la cabaña? -pidió.

-Sí, claro.

Abrí la puerta.

-No cierres -me dijo, explicando su plan-. Le pedí a tu amigo, el dueño de la finca que hiciéramos una orgía. Le dije que nunca he estado en una orgía. Deja la puerta abierta para que entren.

En la cabaña miré el largo mobiliario serpenteante adosado a la curva pared, hecho de concreto, sobre el cual reposaban cojines y tapices. Subimos la escalera de caracol hecha de madera. Había una cama suspendida del techo, por medio de cables, sobre la cual ella se echó en seguida. La cama se movía demasiado. Le pedí que la dejara y bajamos a la sala. Sobre el mobiliario de concreto recostó su cuerpo, abriéndose. Lamí, chupé, el par de pezones que la noche anterior había compartido y ahora dividiría entre cuatro. Con los dedos primero, con el puño después, abrí su sexo baboso. Me quité la toalla y ahí le penetré. Mientras gemía ellos entraron. Al principio continué, enfocado en su coño, pero las cámaras desde distintos ángulos me obligaron a actuar. La mulata se echó a la cara un almohadón. Eso nos desconcentró a ambos. Enojado, fingí que me reía y me aparté. Por algún motivo ellos no quisieron participar. No recuerdo qué pasó después pero cuando la noche entró en la finca estábamos ella, el sudamericano y yo bajo una cama con dosel a orilla del río. El cineasta nadaba en el río y mi mulata y yo jugábamos en la cama, toqueteándonos y nada más. Amaneció. Salimos de la finca a visitar una casa en cuyo jardín se exhibe una estela prehispánica. Durante toda la conversación la mulata y yo cabeceamos. 

-Estoy durmiéndome -dijo.

-Yo también. Tú y yo vamos a irnos a un hotel.

-Muy bien.

Salimos al centro de la ciudad. Los demás querían hacer unos trámites vía telefónica para que mi amigo cineasta cambiara la fecha de su vuelo y quedarse un mes. Mientras lo hacían le pedí a ella que bajáramos en la esquina. El dueño de la finca nos dejó poco más adelante de dónde los demás. 

En el hotel gocé lentamente de la mulata. Su cuerpo esbelto, esas nalgas que me comí como a melocotones maduros, los pezones duros y ese coño generoso abriéndose cada tanto tiempo como se desvelan los misterios dionisíacos. La penetré lenta y duramente. Le monté y me montó. Ya arriba su cuerpo latigueaba enfervecido, golpeando su cadera en mi cadera, salvaje, tocándose las tetas, desmayándose sobre mi cuerpo. Luego seguía yo penetrándola hasta cansarme. La noche llegó y nos dormimos un poco. Me levanté a conseguir algo de cenar. Al regreso temí que no estuviera, pero estaba. La penetré por detrás aunque no quisiera, antes y después de comer. Mi mulata se caía de sueño. Y yo también. Al amanecer la desperté entrando en ella desde atrás. Gimió un “¡oh, dios!” y me dejó hacer.

-Tengo que irme- le dije-, pero si quieres quédate en el cuarto. Está pagado.

-Voy por mis cosas y me quedaré unas horas para pensar qué hacer con el asunto de mis hijos.

-Adelante -dije-, suerte.

Nos despedimos con un beso en la mejilla.

Cuando filmamos el cortometraje ella aparecía de vez en cuando en los antros de moda dónde íbamos por las noches. Se sentaba en las piernas de mi amigo y me decía:

-Mi amor…

Por la ciudad corrió un rumor entre algunas personas conocidas. Yo había hecho un filme pornográfico con una negra, a lo cual respondía:

-No era negra, sólo tenía negra el alma.

Los conocidos reían y no se ocupaban más del rumor.

La mulata debe estar en la costa, en algún antro de la ciudad, bailando al filo de la navaja, siempre al filo… Hoy la recuerdo como la más caliente de cinco mujeres que ese marzo caliente se abrieron a mi. Hoy la recuerdo, suicida, doliente, hembra siempre, triste pero con unas ansias inmensas de vivir con ritmo despiadado y morir luego, sin nombre preciso… tanto que, para mí, es y será siempre “la mulata”.

 

   

Confesó en televisión que había tomado vodka. Se le notaba

Robert Pattinson no tiene la mejor onda para hacer notas. Es serio, callado. Un entrevistado complicado. Pero ahora sorprendió en el programa de Jimmy Kimmel, donde se lo vio súper suelto y divertido.

¿La clave? Antes de salir a escena había tomado un vaso de vodka. Así se lo confesó al conductor, entre risas.

Se lo notó demasiado conversador desde el principio. Hasta se animó a reírse de su vestuario. Se sentó al estilo indio sobre un sillón y criticó sus medias. Dijo que eran ridículas.

“Me siento como un payaso, me sentí como si me fuera a caer. Y eso que solo tomé un poco de vodka entre bastidores”, dijo.

¿Será éste el nuevo Robert Pattinson o será sólo un efecto del alcohol?

Marilyn Monroe a medio camino

nov-5-2012 By cinefilo
Homero Alsina Thevenet

 El 7 de agosto de 1962, días después de la muerte de Marilyn Monroe, el periodista uruguayo publicó este texto en el diario El País de Montevideo. En vísperas del quincuagésimo aniversario del fallecimiento de la actriz, recuperamos este escrito que, aún hoy, conserva intactas su penetración y frescura.

Marilyn Monroe

Es muy probable que haya sido un suicidio. Veinte años antes ya había intentado suicidarse, después de contratiempos muy personales, y ya se sabe que los suicidas son reincidentes, aunque procuran no serlo. Lea el resto de la entrada »