Cinemascope

Cine , Cartelera de Cine, Estrenos, Actores y Actrices

Interesante de nuestros patrocinadores

Se muestra el contenido en este suplemento cultural de Reforma:

(LC) = “Luces de la ciudad” por Guadalupe Loaeza

 

ENCABEZADO: “Genealogía de Nietzche; para el biógrafo Manuel Penella, el filósofo alemán fue hijo del horizonte intelectual de su tiempo y cada generación lo descubre de nuevo” por Carlos Rubio.

- “La ciudad de Cocciari” por Sergio González Rodríguez.

- “A Serbian film, víctima de su denuncia” por Mauricio Matamoros.

- (LC) “Casablanca”.

- “Llega la viuda de Martin Amis” por J.M. Martí Font.

Se muestra el contenido en este suplemento cultural de Reforma:

(AD) = “Las Alas del deseo” por Antonio Saborit

(LC) = “Luces de la ciudad” por Guadalupe Loaeza

 

 

ENCABEZADO: “Francesc Torres: los restos de la tragedia, en el hangar de la memoria; el artista documentó una especie de museo espontáneo, temporal y cerrado al público: restos de vehículos, vigas, documentos y objetos personales recogidos de la zona cero y resguardados en el aeropuerto” por Carlos Rubio.

- “La era de Kenner” por Christopher Domínguez Michael.

- “Tzvetan Todorov, las vertientes del miedo” por Auxilio Alcantar.

- (LC) “Metropolis”.

- “Desmiente teorías saludables, ciencia contra mitos” por Ben Goldacre.

- (AD) “Fondo y cubierta”.

- “Recuerda personaje medieval, polvo serán” por Julio Trujillo.

  • “Roberto Mendoza, sin temor al Pop” por Jesús Pacheco.

Se muestra el contenido en este suplemento cultural de Reforma:

(AD) = “Las Alas del deseo” por Antonio Saborit

(LC) = “Luces de la ciudad” por Guadalupe Loaeza

 

ENCABEZADO: “Un tzompantli revisitado, Colorido y Descarnado; con una exposición colectiva sobre el Día de Muertos, rinden homenaje a la carga mítica y cultural de los muros mortuorios y a las raíces prehispánicas de esta tradición” por Jesús Pacheco.

- (AD) “Samuel Johnson en la memoria”.

- “La noche de María Moreno” por Christopher Domínguez Michael.

- (LC) “Algo para recordar”.

- “Suman música gráfica y poesía” por Jorge Flores-Oliver.

- (Ii) “El tablero de la Parca”.

- Entrevista con George A. Romero Perseguido por su fama… y los zombies. por Mauricio Matamoros.

  • “Servín, periodismo en primera persona: El gonzo es actitud” por Jesús Pacheco.

Hace poco reseñaba en este mismo blog las cualidades de esa maravillosa e inolvidable película de Charles Chaplin llamada ‘Luces de la ciudad’ (‘City Lights’, 1931). Su capacidad para arrancar del espectador una sonrisa a la vez que ofrecerle un relato tan vivo como enternecedor, la convertía en una obra que difícilmente no quedaría en la memoria de todo aquel que se acercara a ella. Ese mítico personaje que tantas veces encarnó Chaplin, nos hacía ser testigos de una fábula de intensas emociones cómicas y humanas. Y esta es sólo una muestra del gran legado que este gran director y actor dejó no sólo al cine, sino a la historia de todas las artes.

Pero aparte de su gran hacer en la industria cinematográfica, Chaplin era un hombre valiente, comprometido, íntegro. Y esas, creo, son las personas realmente valiosas, las que alzan la voz, los que no quedan callados viendo cómo todo se echa a perder a su alrededor, los que no claudican ante las injusticias, los que huyen del profuso aborregamiento, los que usan los medios a su alcance –y el de Chaplin era el cine- para expresar su disconformidad, para lanzar su mensaje siempre desde el respeto y la mesura. No le importaba que lo tacharan de lo que fuera, ¿a qué persona con un mínimo de inteligencia le puede preocupar lo más mínimo lo que otros idiotas piensen de él, cuando cree en lo que dice y en lo que piensa? En estos tiempos de cobardía y temor al “qué dirán” –afortunadamente cada vez hay más voces que gritan, que se revelan-, de miedo a lo que la estupidez recrimine nuestras ideas y posturas, de mansedumbre ante la injusticia, la obra de Chaplin se erige como un testamento de apabullante incondicionalidad a la igualdad de clases y razas, de pueblos y países, despreciando la sinrazón de la opresión a los más débiles y desfavorecidos, los totalitarismos, la codicia, la superficialidad que todo lo inunda. En definitiva, Charles Chaplin era un ser humano, de esos que cuando se conocen o descubren uno no sabe a qué ni a quién agradecer tal milagro. Y encima sabía hacer cine, para vehicular un mensaje humanizador y a la vez crítico con lo que él creía estaba pudriendo el mundo (la pobreza casi siempre presente junto a ese inolvidable personaje); sus magníficas ‘Luces de la ciudad’ que ya he comentado, ‘La quimera del oro’ (‘The Gold Rush’, 1925), ‘Tiempos modernos’ (‘Modern Times’, 1936),  o ‘El chico’ (‘The Kid’, 1921) son ejemplo de ello, sin contar el gran número de cortos que rodó previamente.

Y en plena II Guerra Mundial, irrumpía su enorme e inmortal película –otra más-, ‘El gran dictador’ (‘The Great Dictator’, 1940). Una sátira demoledora del régimen que arrasaba y desangraba Europa. Parece un milagro que una obra de estas características viera la luz en aquellos años, cuando ni siquiera la Historia sabía cómo iba a transcurrir la guerra y cuál sería el resultado final. Pero Chaplin, que conocía la demencial y fanática filosofía de aquel fascismo, consigue plasmar y a la vez parodiar toda la esencia del nazismo. Y fue “acusado”, cómo no, de comunista, por aquellos retrasados que cuando ven una crítica a determinada postura ideológica, rápidamente colocan la etiqueta de la contraria (exactamente igual que ahora; que no se nos ocurra despotricar contra ninguna ruín medida de algún político, que de inmediato se nos tacha como simpatizantes del rival, en un alarde de “inteligencia” supina).
Memorables son los discursos hitlerianos de la película, casi creemos que estamos viendo al pequeño dictador alemán si no fuera por los interludios cómicos que inteligentemente salpican la perorata. Ese Charlot convertido en Hitler (Hynkel), es un hombre inseguro, torpe, incluso idiota, como probablemente fuera el Führer en su intimidad, y no duda Chaplin en convertirlo en un ser que pasa de lo vil y despreciable a lo estúpido e incapaz. ‘El gran dictador’ consigue construir una comedia fabulosa a la vez que destroza y reduce a una mera risión toda la ideología e imaginería fascista.

Como ya he dicho, me gustan las personas que escapan a la mansedumbre impuesta o autoimpuesta, y, por ende, las creaciones de aquellos que utilizan su talento para crear obras de profunda crítica a la incoherencia y la mendacidad; me parecen las más valiosas e imperecederas. Imperecederas, sí, porque hoy, más de 70 años después de la irrupción de esta película, su crítica, su mensaje está más vivo que nunca -casi parece hecho para la situación que estamos viviendo-, y se levanta como un reclamo, como un poderoso toque de atención a las conciencias populares que tan ateridas están o parecen estarlo, o quizás que no se atreven a manifestarse. Porque hoy, que aparentemente el mundo occidental está libre de los regímenes opresores de aquellas décadas (el alemán, el ruso, el italiano, el español, etcétera), no vivimos una situación muy distinta a entonces. ¿Qué ha cambiado? Los criminales solamente, ahora tienen otro nombre, otra entidad, pero las personas continúan subyugadas por ese poder actual que tanto ha aprendido de aquél. Otra vez un país se cree -acaso lo es ya- el amo de Europa y está exterminando -de otro modo- a los más desfavorecidos, y ya no nos extraña que haya suicidios ante la desesperación, millones de personas sin trabajo y sin salida, familias estranguladas por la pobreza, represión de los gobiernos hacia los que manifiestan disconformidad o se oponen a sus demenciales políticas. Lo que ocurre es que a diferencia de aquellos años, hoy toda Europa ha claudicado ante los deseos de poder de un país.

Por eso, esta fabulosa película debería ser vista y estudiada por todo el mundo, hoy sobre todo, empezando por aquellos que se creen con derecho a pisotear la voluntad de los pueblos, a erradicar los derechos humanos, a imponer su ley por encima de todo y de todos. Pero, desgraciadamente, para darse cuenta de esto, hay que tener responsabilidad y, por qué no decirlo, corazón; para sentir primero hay que tener conciencia, y esto, seguro estoy de ello, es algo de lo que carecen aquellos que pueden dormir tranquilamente por la noche mientras los pueblos que manejan se hunden -los hunden- en la miseria más cruel.

Si por algo es recordada esta película es por su legendario discurso final, un manifiesto basado en la razón, el pensamiento lógico, la coherencia, la solidaridad, y despojada de tendencias, ideologías o posturas políticas. Es un mensaje global, para todos y a favor de todos aquellos que todavía creemos que el ser humano puede ser extraordinario si huye de aquello que lo ha encadenado a la avaricia, al poder y al dominio global, cosa que parece imposible. El mundo entero debería tomar ejemplo de cada una de las palabras que lo componen, llenas de libertad, igualdad y solidaridad. Es, sencillamente, lo que todos esos que están acabando -o acabaron- con la dignidad humana deberían aprender, ni más ni menos; y no sólo ellos, sino todos nosotros.
Aquí dejo el discurso doblado al castellano, porque los subtítulos en su versión original que he visto no me han convencido. Igualmente voy a transcribir el texto completo, sólo por darme el placer de escribir ese alegato a la libertad y a la igualdad (y para el que quiera vaya escuchando y leyendo al mismo tiempo), ese grito que hoy más que nunca debe oírse en todos los rincones de un mundo que parece anclado en la ignorancia y en la sed de poder, y que está siendo condenado por aquellos que no quieren ver ni desean escuchar.

“Lo siento, pero yo no quiero ser emperador, ese no es mi oficio, no quiero gobernar ni conquistar a nadie, sino ayudar a todos si fuera posible, judíos y gentiles, blancos o negros. Tenemos que ayudarnos unos a los otros, los seres humanos somos así. Queremos hacer felices a los demás, no hacerlos desgraciados. No queremos odiar ni despreciar a nadie. En este mundo hay sitio para todos, la buena Tierra es rica, y puede alimentar a todos los seres. El camino de la vida puede ser libre y hermoso, pero lo hemos perdido. La codicia ha envenenado las almas, ha levantado barreras de odio, nos ha empujado hacia la miseria y las matanzas. Hemos progresado muy deprisa pero nos hemos encarcelado nosotros. El maquinismo que crea abundancia nos deja en la necesidad, nuestro conocimiento nos ha hecho cínicos, nuestra inteligencia, duros y secos. Pensamos demasiado y sentimos muy poco. Más que máquinas, necesitamos humanidad, más que inteligencia, tener bondad y dulzura; sin estas cualidades la vida será violenta, se perderá todo. Los aviones y la radio nos hace sentirnos más cercanos, la verdadera naturaleza de estos inventos exige bondad humana, exige la hermandad universal que nos una a todos nosotros. Ahora mismo mi voz llega a millones de seres en todo el mundo, a millones de hombres desesperados, mujeres y niños, víctimas de un sistema que hace torturar a los hombres y encarcelar a gentes inocentes.
A los que puedan oírme les digo, no desesperéis, la desdicha que padecemos no es más que la pasajera codicia y la amargura de hombres que temen seguir el camino del progreso humano. El odio de los hombres pasará, y caerán los dictadores, y el poder que le quitaron al pueblo, se le reintegrará al pueblo, y así mientras el hombre exista, la libertad no perecerá. Soldados, no os rindáis a esos hombres, que en realidad os desprecian, os esclavizan, reglamentan vuestras vidas y os dicen lo que tenéis que hacer, que pensar y que sentir. Os barren el cerebro, os ceban, os tratan como a ganado y como a carne de cañón. No os entreguéis a estos individuos inhumanos, hombres-máquinas con cerebro y corazones de máquinas, vosotros no sois máquinas, no sois ganado, sois hombres. Lleváis el amor de la humanidad en vuestros corazones, no el odio, sólo los que no aman odian, los que no aman y los inhumanos. Soldados no luchéis por la esclavitud sino por la libertad. En el Capítulo 17 de San Lucas se lee: “el reino de Dios está dentro del hombre, no de un hombre ni de un grupo de hombres, sino de todos los hombres, en vosotros”; vosotros el pueblo tenéis el poder, el poder de crear máquinas, el poder de crear felicidad, vosotros el pueblo tenéis el poder de hacer esta vida libre y hermosa, de convertirla en una maravillosa aventura. En nombre de la Democracia utilicemos ese poder actuando todos unidos, luchemos por un mundo nuevo, digno y noble que garantice a los hombres trabajo y dé a la juventud un futuro y a la vejez seguridad. Con la promesa de esas cosas las fieras alcanzaron el poder, pero mintieron, no han cumplido sus promesas ni nunca las cumplirán. Los dictadores son libres solo ellos, pero esclavizan al pueblo. Luchemos ahora para hacer nosotros realidad lo prometido, todos a luchar para libertar al mundo, para liberar barreras nacionales, para eliminar la ambición, el odio y la intolerancia. Luchemos por el mundo de la razón. Un mundo donde la ciencia, donde el progreso, nos conduzca a todos a la felicidad.
¡Soldados, en nombre de la Democracia, debemos unirnos todos!

Hannah, ¿puedes oírme? Donde quiera que estés, mira a lo alto Hannah, las nubes se alejan, el sol está apareciendo, vamos saliendo de las tinieblas hacia la luz, caminamos hacia un mundo nuevo, un  mundo de bondad, en el que los hombres se elevarán por encima del odio, de la ambición, de la brutalidad. Mira a lo alto Hannah, al alma del hombre le han sido dadas alas y al fin está empezando a volar, está volando hacia el arco iris, hacia la luz de la esperanza, hacia el futuro, un glorioso futuro, que te pertenece a ti, a mí, a todos. Mira a lo alto Hannah, mira a lo alto.”